Poesia, pensamientos y reflexiones.

El desván del poeta.

Dos veces 30

Tener 60 años es tener dos veces 30 años; es entonces reconocer la densidad y riqueza del ayer y lo frágil y precario del mañana; es estar dispuestos a vivir intensamente la década que se abre con la lúcida convicción de que puede ser la última –o por lo menos la última en poder vivirse intensamente–; es ya no posponer los sueños y hacerlos realidad en la medida de lo posible. Es alegrarse cuando, al despertar, a uno le duele algo: una articulación, la garganta, la cabeza, porque significa que estámos vivos. Esto me le enseñó un amigo algo pesimista y a la vez de una gran lucidez en cuanto a los pequeños estragos de los años acumulados. Tener 60 años es tener respeto a los espejos porque no mienten y no volverán a mentir nunca más. Tener 60 años es por fin saber quiénes son tus verdaderos amigos y amigas y haberse ganado el enorme privilegio de no simular más frente a los otros; es saber decir “no” cuando es “no”; es conocerse a fondo y poder, por fin, dialogar con su cuerpo, conocer los caprichos de su digestión, los ritmos de su corazón, la capacidad de sus pulmones y la susceptibilidad de sus articulaciones en tiempos de lluvia.  Tener 60 años es burlarse de todas las dietas de las revistas porque ya uno sabe perfectamente cuál es su dieta de vida. Tener 60 años es conversar con la soledad y nunca sentirse solos con ella. Tener 60 años es ya no pedir permiso a nadie para cumplir un viejo sueño, para ir a cine a las tres de la tarde, tomar un café, un te o un vino o prender la luz a las tres de la mañana para leer nuevamente un capítulo de “En busca del tiempo perdido” de Marcel Proust porque no logró conciliar el sueño. Es saber que nadie nos espera en casa y alegrarse porque podras almorzar o comer con lo que más te gusta: una ensalada acompañada de pan y queso. Poder comer lo que le antoje a la hora que se antoje es un verdadero lujo hacerlo a los 60 años, porque al escribir esto, sé una vez más que soy una persona privilegiada. Tener 60 años es asombrarse de los logros con los hijos o hijas que ya están en la década de los 30. Es inaugurar por fin nuevas miradas, nuevos diálogos con ese sentimiento de desprendimiento frente a ellos o ellas. Lo hecho, hecho está y ya no existe sino el asombro frente a estos hombres o mujeres que un día, hace mucho, habitaron en las entrañas y, algo más tarde, se refugiaron en sus Brazos buscando Consuelo. Tener 60 años hoy es a veces ser unos abuelos enamorados, livianos y desculpabilizados. Tener 60 años es entender el misterio de la vida y empezar a confrontarse con la muerte, sin temor ni tristeza porque está ahí asomándose, tímidamente pero inexorablemente. Tener 60 años es empezar a despedirse demasiado temprano, siempre demasiado temprano, de buenos amigos o amigas. Tener 60 años es tener dos veces 30 años, o sea mucha juventud acumulada. Hoy, doy la bienvenida a mis recién inaugurados 60 años. De hecho escribí esta columna para convencer a mis amigos generacionales que, entrando en esta etapa, es necesario aprender a burlarse de los discursos de una cultura que nos quiere, o nos vuelve, invisibles, callados y deteriorados. Discursos de una sociedad basada cada vez más en una lógica de mercado que exige productividad y consumo, lógica que los medios se encargan de difundir con sus comerciales que no hacen sino mostrarnos el universo de una juventud asociada a la belleza, al éxito y al amor.

Juan Escalante

 https://www.youtube.com/watch?v=3MC-FLXkg3M

Visitas: 17

Responde a esto

© 2017   Creado por Yoli.   Tecnología de

Emblemas  |  Reportar un problema  |  Términos de servicio