Poesia, pensamientos y reflexiones.

El desván del poeta.

 

JUGUETÓN

 

Por: Ariel Charry Morales

 

 

El vecino de la cuarta casa

de la cera de enfrente

-a pesar de las súplicas

de su hijo menor- echó

a la calle a su perro

porque un día ya no lo quiso.

 

El pobre animal anduvo

acongojado algún tiempo, pero

luego, como si los recuerdos amargos

se hubieran borrado

corría y saltaba alegremente

por aquella que habría de ser su cuadra,

también su morada.

 

A las niñas y niños del colegio

les buscaba siempre juego,

por eso le llamaron Juguetón.

Los vecinos pronto lo quisieron

y se turnaban para darle de comer.

 

Ahora la cuadra

se llenaba de contento,

gracias a las carreras y piruetas

del noble Juguetón.

El celador en las noches

ya no estaba sólo,

juntos vigilaban el sueño

de los vecinos de la cuadra.

Después de cada baño, Juguetón,

estaba más radiante y animado,

tomaba el sol, saltaba tras

la pelota y, ya cansado de jugar

se  estiraba a sus anchas.

 

Siempre en secreto, su antiguo

niño dueño le hacía cariños y

una salchicha le daba. Juguetón

por su parte, día a día los útiles

en su jeta le llevaba.

Así, niño y animal

felices al colegio marchaban

mientras todo el vecindario

contento les saludaba:

¡Buen día Andresito!

¡Hola, buen día Juguetón!

 

El sábado era el día que

más disfrutaba Juguetón

pues niños y grandes al parque

iban a jugar.

Allí Juguetón era

el “personaje” central:

Juguetón tón, tón

Juguetón tón, tón

corre, salta, brinca

alcanza el balón.

Juguetón tón, tón

Juguetón tón, tón

brinca, brinca; salta, salta

atrapa al del balón!

¡Corre otra vez!

¡Bravo Juguetón!

 

Pasó el tiempo y, con el mismo

Juguetón se volvió parte de

la gran familia del barrio.

En una ocasión Juguetón salvó

a una niña del Jardín de ser

raptada por un malhechor.

Los vecinos apalearon al bandido

y luego la policía se lo llevó.

En premio, a Juguetón, le dieron

un jugoso bistec, pero no contentos,

organizaron una ceremonia especial,

allí le pusieron un bonito collar

con una medalla que decía:

“Juguetón, amigo y salvador de

los niños” y, fuera de eso,

un gallardete de color rojo y

amarillo a la amistad y al valor.

Luego de esta ceremonia

Juguetón fue el héroe de todo el barrio.

 

Pero..., un día cualquiera

Juguetón ya no amaneció.

Durante los tres primeros días

todos pensaron que por ahí

andaría, tal vez con alguna “novia”.

A los diez días extrañaron,

a los quince días pusieron avisos

por radio, televisión y prensa

ofreciendo una alta gratificación.

Al mes supieron que ya no volvería

y todo el vecindario, sin querer

lloraron su perdida.

 

Los niños, a la cabeza de Andresito,

realizaron un acto de despedida

“al cielo”, en el que lloraron

hasta más no poder.

Algunos vecinos llegaron

a sentirse culpables de aquel desgarrador

suceso y, desde entonces,

en aquella cuadra se respiró tristeza.

 

El niño que fuera

dueño de Juguetón

en un rincón de su habitación

con amargura recordaba, día a día

a quien fuera su mejor y fiel amigo

y, cada día que transcurría

amaba más a su perro...

Al mismo tiempo, pensaba en su padre

a quien sin rencor

con  amor lo perdonaba...

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