Poesia, pensamientos y reflexiones.

El desván del poeta.

REENCARNACIONES


 

Como bruma nebulosa, onírica, fantasmal, aparecen las visiones atribuladas  de un pasado remoto, misterioso en su todo. De recuerdos dispersos y rostros sorprendente e inquietantemente familiares, pero a la vez, desconocidos.

Cuantas aventuras y desventuras se despejan en mi razón, puedo progresivamente  clarificar un  mundo de imágenes perdidas, emociones y arrebatos desenfrenados, contención de sentimientos y explosión total de algarabías entrañables. Vidas pasadas llenas de glamur y a la vez de catástrofes transformadas en pesadillas tangibles.

No siempre es agradable, no siempre resulta una excitante aventura, ese temor constante  de enfrentarme cara a cara con los reflejos del ayer; nuevamente sufrir la pérdida de ese ser entrañable, nuevamente ser parte de la brutalidad en una época amorfa de  justicia, nuevamente enfrentar las desgarradoras carencias, nuevamente engaños, mentiras, deshonor, rencor, traición, deslealtades, infidelidades, todo con otros rostros, diferentes protagonistas y diferentes escenarios, pero al fin y al cabo, de la misma naturaleza.

Debo entonces  comenzar a hurgar y sacar a la superficie todas aquellas muestras de vida, con sus pasiones desbordadas, con las palabras y expresiones que marcaron el cauce vital de toda una existencia, con sus paisajes y momentos llenos de nostalgia, aquellos que lograron convertirme en la persona que fui,  elevándome a un candor espiritual abrumador, de ternura y pérdida, tomadas una de la otra, fuertemente de la mano.

Es difícil mostrar una postal, en la cual pueda plasmar, a través de una sola palabra, la esencia de lo que soy, mi personalidad, mi razón y mi sinrazón, mi motivación y mi amargura, la necesidad de ser y mi terror estúpido e inentendible por trascender, no puedo engañarme, se perfectamente esa palabra que clarifica, esa palabra que define, esa unión de letras que trastocan el fulgor hasta de mis más pequeños pasos: soy un ser humano “soñador”.

El recostar mi cabeza a la almohada, como última actividad consiente del día, es  la llave para entrar a una dimensión espectacular, una ventana de verdades axiomáticas, una realidad fusionada a través del tacto, el gusto, la vista y  el olfato. Es decir, la idealización ambiciosa y monumental de un sueño.

Todo inicia al escuchar las notas serenas e impávidas de un  espectral violín, para saber que el viaje ha iniciado. El vehículo por supuesto, mi fiel y amigable sueño, ese que en ocasiones me hace dudar, si lo que llamo conciencia, realidad o presente, no será sino también, parte del mismo sueño.

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Respuestas a esta discusión

QUE BONITO, GRACIAS POR COMPARTIR.FELIZ FIN DE SEMANA...

IGUALMENTE,  MUCHAS GRACIAS POR LEERLO.

 

GRACIAS, TE DIGO QUE ESTOY TODAVIA UN POCO PERDIDA.. ES EL DIA QUE PUEDO ENTRAR UN MOMENTITO PERO ME AGRADAN.. FELIZ FIB DE SEMANA......

IGUALMENTE, MUY FELIZ FIN DE SEMANA!!!!!

 

GRACIAS.. TE LEO LUEGUITO.. BESITOS...
A CONTINUACIÓN LES NARRO  UNA DE MIS REENCARNACIONES

(Producto de mi imaginación pero considero que es una historia hermosa al fin).

 

La primer historia de vida de la cual tengo conocimiento, comenzó y se desarrolló en la ciudad de Útica, segunda ciudad en importancia del imperio de Cartago, situada al norte de la capital  con el mismo nombre. En la actualidad ese territorio se encuentra al norte de África, específicamente en la República Tunecina.

Corría el año de 147 a.c, el olor a sal en el ambiente penetraba a cada bocanada de aire oceánico,  mi piel, quemada por el astro rey, se obscurecía cada vez más producto de una vida de trabajo en la intemperie, mis cabellos, de un color negro profundo, casi siempre alborotado y desaliñado, mi complexión delgada pero atlética, ojos cafés, estatura media, cejas pobladas, frente amplia, barba tupida, manos y dedos gruesos.

Mi nombre era Asdrúbal, que significa “el que está protegido por dios”, y en términos generales, así me sentía. Si bien mi infancia y juventud transcurrieron bajo el cobijo áspero y   desgastante de las guerras púnicas, en contra del naciente imperio romano, debo reconocer el poder que el amor infranqueable e indomable a mi gente y mi cultura, siempre me motivaron a seguir adelante, sin miedos, con un objetivo transparente y claro. Me caractericé por ser un hombre con valores Cartaginenses férreos, impregnado hasta los huesos.

El trabajo conjunto, solidario y disciplinado nos identificó desde muchos siglos atrás. La trascendencia de nuestras  expresiones artísticas y culturales – música, danza, arquitectura, cerámica, teatro o poesía-, y la madurez de nuestro sistema económico y social, nos enorgullecía hasta lo más hondo, por supuesto que mi familia y yo no éramos la excepción.

La imperiosa necesidad por defender la grandeza y conservación de mi pueblo, representaba el compromiso aglutinador de las prioridades de cada hombre y mujer en Cartago. Pero la familia era el núcleo de nuestra fortaleza.

Las luces que iluminaban mi camino eran 3 mujeres: Jezabel, mí amada esposa,  las otras dos, la razón de mis pasos, mis soles hermosos, mis hijas Tanit y Dido.

Debo exponer la posición social a la que se enfrentaba la mujer en Cartago, a diferencia de los romanos, quienes doblegaban su espíritu, desarticulándolas de las estructuras más importantes, nuestra mujer encajaba sobremanera en comparación de la mujer Griega, es decir, participaba libremente tanto en las actividades culturales como recreativas y de esparcimiento. Asistía a baños públicos (especiales para mujeres, no éramos tan modernos), danzas, conciertos; y lo más significativo, su voz tenía ímpetu y vigor, e incluso, poder de decisión en muchos de los asuntos y actos del país.

 


 

Jezabel era una mujer de fuertes principios morales, añoraba como todos, el esplendor que nuestros antepasados habían construido después de tantos siglos, sus  relatos nos transportaban a un mundo mágico lleno de satisfacción. Sabía también de lo fundamental que resultaba  el compartir tan hermoso legado de nobleza y sacrificio a nuestras hijas.

Mi esposa era por lo general la primera en despertar cada mañana, su actividad inicial consistía en caminar 300 metros para acarrear agua en dos tanires (contenedores de barro), así como tener listo el desayuno que podía consistir en un trozo de pan, aceitunas, aceite de oliva y alguna fruta seca originaria de nuestra localidad mediterránea.

Las oportunidades que teníamos para compartir alguna comida juntos en familia, las aprovechábamos para conversar y jugar con Tanit y Dido. Ellas eran sencillamente esplendorosas, heredaron el pundonor y coraje de su madre, su ternura escondida, y su visión por construir un mundo mejor para todos, de mi, la disciplina para alcanzar todo aquello que se propusieran, el respeto hacia ellas mismas y sus semejantes y un candor patriótico que  las llevara a enorgullecerse de la identidad de su pueblo.

Tengo la necesidad de exponer con mayor claridad la influencia que Jezabel representó en mi antigua vida. Ella era delgada, ojos expresivos como la profundidad del océano, su cabellera corta, tez un poco más clara que la mía, sus manos eran especiales, callosas, poco hidratadas y ásperas, pero estas se transformaban en cálidas, sencillas, amorosas, ternas, suaves y sensibles  al momento de entregarse y fundirse al significado de una caricia.

 Esos momentos maravillosos, de gran calidad emotiva, al lado de mis 3 primorosas mujeres, simbolizaron la unión que complementaba un todo en nuestras vidas, a pesar de la época tan cruenta  en que nos colocó el destino, nunca olvidare el cúmulo inagotable de detalles y muestras de cariño de Jazabel, Tanit y Dido; sus juegos, su apoyo incondicional, su entrega, sus sonrisas,  sus caricias, su interminable y desbordado amor.

Un sentimiento de pérdida, nostalgia y dolor, aún recorre y estremece mi cuerpo.

Las extraño, las necesito, aún hoy, más de 2000 años después, mi alma eterna las reclama.

 

 

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