Poesia, pensamientos y reflexiones.

El desván del poeta.

Todos los caminos conducen a tu Dios     

 

No se mata la sabiduría ni el fluido viento

que se cuela por las rendijas distraídas.

El fuego sí, te lo acepto, porque marca

más allá del dolor de tu vientre y el jugo licoroso

que corre hacia el volcán entre tus piernas.

 

Lubricador de los astros en el zodíaco y su eclíptica,

los signos se consuelan unos a otros

con sus virgos, con sus tauros, con sus libras y sagitarios.

Se agita tanto fuego en las penumbras de tu piel

que ni la sal ni las aguas podrían apagarlos.

 

Temblor de  soles, como las mieles de las colmenas malditas

que ofrecen el dulzor y el veneno mezclados en un solo grito.

¡Oh cascada!, dirás:  ¡Qué caliente es la llama de la simiente

rodando por mi lengua! Ya habrás descubierto ese instante

cuando dios está en tu boca. Y lo muerdas.

Y el universo  trepide, tiemble, trote, salte y muera.

 

Cuando abres y cierras las compuertas de la locura,

 (ya te estremeces) solitaria, como la luna de otra luz

que  te conmueve, resucitas entre fálicos taurinos.

Y  ves que crece y crece. Fatalmente crece,

hasta que amputas con tu mordida la sombra que codicias.

 

Sombra escondida y fría. Este barco fantasmal 

que pudo lucir su látigo, ya lo estragó en su carrera.

Y este otro, este barco ballenero que viene tras la presa

se alumbra con tanto fuego que se le incendian las velas.

Preciso destino: el portentoso y lejano agujero negro

dejó de cruzarse  como premio en el camino.

 

Pero cantar se puede, soñar también entre ídolos

y credos, entre llenos y vacíos, y con la palabra enhebrada

en la aguja del destino unir los cielos, las tierras,

los barros, las lluvias y los vinos.

Y sin alucinaciones,  como Quijote enmohecido, descubrirás

los senderos que van hasta tus gallos de riña.

 

Y gozarás lo que encuentres: todo el cielo, algún planeta,

y si no el sol y la luna será  mitad de una estrella,

aunque se encuentre escondida.

 

30-09-08

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Respuestas a esta discusión

Amigo Abel Otto Torre

DE LAS FRONTERAS

 

El fuego helado se derrite hasta convertirse en piedra.

El hielo arde hasta consumarse en polvo, en ceniza, en viento.

¿Qué puede el eterno roer del conejo al pie de la secuoya?

El cosquilleo le hace mover las hojas cuando viene la tormenta.

 

Conozco el ámbito del temor de no saber qué nos envuelve,

para que  nuestro dolor nos lance, sin vueltas, sin retornos

a la cúspide de nuestra propia tempestad; hacia la altura

de la montaña sagrada que mira sin querer la Meca.

 

¿Por qué menos?, ¿por qué no más?, ¿por qué tan poco?

Damos el grito comprimido, tzunamizado, revuelto, trajinado,

que arde en copos, rodando en los inviernos, muriendo al sol.

 

En el ámbito de la verdad que intacta está sin ser de nadie,

oculta en los maderos, aflora entre sus poros el humo de su risa.

Y la verdad se achica. Es carne, sí, sexo inevitable

y parte de la vida, aún cuando el centenario roble

reniegue de su extirpe de humanidad precisa,

está en su savia ardiendo la propia despedida.

 

Pero no es paso cobarde doblar en las esquinas;

asumir que el tiempo ha dorado la semilla y ahora,

con su fuego, se sienta a su rescoldo y se hace pan,

alimento de otras vidas.

 

Siempre se vuelve a los principios.

La rueda atroz que lleva nuestro carro

no cesa de gastar la llanta de la vida.

Pero no es cruel su tiempo perimido.

Sería cruel si no se aprendió de los rayos, de la llanta

y en el eje del tiempo, su vacío.

 

Eterno retorno de palabras que decimos:

inútiles son y repetidas.

Pero son nuestras. Las nuestras. Las únicas.

La memoria debe ser para siempre renovada.

La memoria de la carne reverbera y es eco del eco

de otras carnes: eslabones nacidos inocentes

que fueron, son y serán contaminados.

 

Hay alguien que declara que el sexo es el último misterio

de la vida, el gran motor que nos anima.

No hay en él oculto nada que no hayamos sabido,

aún si fuera corta nuestra vida.

 

Mamar la leche, gritar de hambre, llorar de miedo,

aprender el abecedario, decir palabras, pensar en versos,

construir naves, acunar dioses, roer las tablas mosaicas

y castigar su credo: es sexo. No hay otra clave.

 

Y más allá, solo más allá,  si hay otro misterio

que baja o sube desde adentro, viniere o no de alguna parte

y lo llamemos  del modo que querramos,

será pan que se cocine en los fuegos del espíritu del tiempo,

crocante y sano, pan de uno mismo, para sí mismo

y para el mundo entero… donde, en la gloria del encuentro

copulan: sol, tierra, agua semilla, Universo…

y ya no quedan misterios

 

28-09-08

 

 

"Y ya no quedan misterios"

Así, es: El conocedor, es conocido por sí mismo.

Con, por, para el que ama, no existen fronteras.

Abrazos y besos, Josefa

 

PLACERES INFINITOS

 

Dijo: "El cadáver del amor es inseguro como un recién nacido.

Con cuánta ternura velamos al muerto.

Qué gozoso placer hallamos en hacer eterno el instante previo al ramalazo del adiós..."

……

 

Pero ese instante existe

y la ternura transfigurada

se exalta en la distancia, porque:

el placer que no sabíamos dónde estaba,

se oculta en el fondo de la carne,

en la encrucijada de los sueños,

en la ambición del cuajo del placer,

en la noche del abrazo de la serpiente,

en la raíz de la tierra amamantando,

en el relámpago que engendra el movimiento,

en la chuza alzada que penetra,

en la leche alimentaria prometida,

en la cópula engañosa que semilla,

en el último suspiro sudoroso,

y en el premio que entristece la fatiga

 

Por eso me place la distancia

donde el cuchillo no hiere al dinosaurio

y  las soledades se juntan

para contagia el aire con el dulzor

del azufre y la ceniza.

 

TAO

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Abel Otto Torre (TAO) dijo:

DE LAS FRONTERAS

 

El fuego helado se derrite hasta convertirse en piedra.

El hielo arde hasta consumarse en polvo, en ceniza, en viento.

¿Qué puede el eterno roer del conejo al pie de la secuoya?

El cosquilleo le hace mover las hojas cuando viene la tormenta.

 

Conozco el ámbito del temor de no saber qué nos envuelve,

para que  nuestro dolor nos lance, sin vueltas, sin retornos

a la cúspide de nuestra propia tempestad; hacia la altura

de la montaña sagrada que mira sin querer la Meca.

 

¿Por qué menos?, ¿por qué no más?, ¿por qué tan poco?

Damos el grito comprimido, tzunamizado, revuelto, trajinado,

que arde en copos, rodando en los inviernos, muriendo al sol.

 

En el ámbito de la verdad que intacta está sin ser de nadie,

oculta en los maderos, aflora entre sus poros el humo de su risa.

Y la verdad se achica. Es carne, sí, sexo inevitable

y parte de la vida, aún cuando el centenario roble

reniegue de su extirpe de humanidad precisa,

está en su savia ardiendo la propia despedida.

 

Pero no es paso cobarde doblar en las esquinas;

asumir que el tiempo ha dorado la semilla y ahora,

con su fuego, se sienta a su rescoldo y se hace pan,

alimento de otras vidas.

 

Siempre se vuelve a los principios.

La rueda atroz que lleva nuestro carro

no cesa de gastar la llanta de la vida.

Pero no es cruel su tiempo perimido.

Sería cruel si no se aprendió de los rayos, de la llanta

y en el eje del tiempo, su vacío.

 

Eterno retorno de palabras que decimos:

inútiles son y repetidas.

Pero son nuestras. Las nuestras. Las únicas.

La memoria debe ser para siempre renovada.

La memoria de la carne reverbera y es eco del eco

de otras carnes: eslabones nacidos inocentes

que fueron, son y serán contaminados.

 

Hay alguien que declara que el sexo es el último misterio

de la vida, el gran motor que nos anima.

No hay en él oculto nada que no hayamos sabido,

aún si fuera corta nuestra vida.

 

Mamar la leche, gritar de hambre, llorar de miedo,

aprender el abecedario, decir palabras, pensar en versos,

construir naves, acunar dioses, roer las tablas mosaicas

y castigar su credo: es sexo. No hay otra clave.

 

Y más allá, solo más allá,  si hay otro misterio

que baja o sube desde adentro, viniere o no de alguna parte

y lo llamemos  del modo que querramos,

será pan que se cocine en los fuegos del espíritu del tiempo,

crocante y sano, pan de uno mismo, para sí mismo

y para el mundo entero… donde, en la gloria del encuentro

copulan: sol, tierra, agua semilla, Universo…

y ya no quedan misterios

 

28-09-08

 

 

Por lo que puedo apreciar eres un hombre de versos y como tal mi corazón aplaude y felicita tu noble pensar, mis felicitaciones y saludos amigo poeta 

Gracias hermano NELSON.

Y NADIE MÁS

 

 

Yo y nadie más.

No tengo recuerdos de otros que no sean

mis propias luchas para llegar a la montaña.

 

No es Adam quién se acuerde de mí

ni ponga su mano sobre mi pluma.

La belleza que respiro es tan alta como baja.

 

Está arriba como abajo, tiene alegrías y gritos dolorosos,

tiene venganzas y alaridos y en cada pluma del ala

que más  duele hay una gotera de luz que se derrama.

 

Como animal me descubro lobo hambriento

que libre en el verdor de los campos

en silencio busca la presa humana. 

 

Afuera, en el territorio de los sueños arde el músculo;

Incansable  palanqueo el mundo de las sombras

para taladrar el oscuro límite del vacío.

 

Quiero estar entre los hombres que se parten en ardores

y con cada chispa ladrillar el templo de los encuentros

para clavar a martillo la cruz de los destinos  .

 

Los pozos que  oscurecen y la luz que  encandila

son los engaños del deseo y la avaricia

que nos enredan en su trama al trasluz  de la mentira.

 

Pero somos dos, somos uno, somos nada y somos todo.

A cada instante el otro se hace yo, Universo y transparencia.

Somos el soy, el todo confluyendo en el instante.

 

La cruz es la hembra donde el hombre se acuesta para ser;

para que el óxido de los clavos exhalen el sudor de los siglos

y  engrosen con su agria saliva  los huecos del dolor.

 

Y hasta aquí se llega, porque toda partida es la meta,

porque toda llegada es el fin de la huida

y una forma de decir adiós sin ir a ninguna parte

 

ABEL OTTO TORRE(TAO)

27-01-09.

 

 



celeste hernandez dijo:

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