Poesia, pensamientos y reflexiones.

El desván del poeta.

Protección Celestial.

Terminada la misa, el viejo sacerdote salio de la capilla, cerrando con llave las puertas del templo.

Era él un viejo clérigo, de aquellos de cleiderman y sotana, que acostumbraba luego del celestial rito, visitar algunos fieles necesitados de consejo y santa paz.

Tomo a paso ligero las calles solitarias. Camino un corto tramo cuando sintió a sus espaldas unos pesados y veloces pasos. Se volvió para observar. Un hombre fortachón y mal encarado, le seguía con evidente intención de alcanzarle.

Apresuro el religioso su caminar, busco con la mirada alguna puerta o algún grupo de personas que le sirviesen de protector refugio, la soledad imperaba...

Al llegar a una esquina de una calle que no conocía, doblo por ella y camino hacia el fondo, esperando que el malandrín siguiese de largo...

El bribón entró tras el. El presbítero asustado llegó al final del callejón, una calle sin salida. Alzó sus ojos al cielo pidiendo celestial protección, mientras el granuja avanzaba hacia el con las manos en alto y gesto amenazador.

De forma inesperada, el granuja depuso su amenazante gesto, callo de rodillas ante el religioso y con voz gangosa le dirigió alguna palabra: Padre deme su bendición...

El padre trazó un gesto sagrado con sus manos, mientras el malvado le daba la espalda y salía del callejón con gesto desairado...

Aun asustado, el eclesiasta se volvió hacia la pared, estiro sus manos para apoyarse en ella y tomar aliento mientras pasaba su asustada agitación...

Alzó la vista para agradecer a Midiosito su celestial intervención y allí, coronando el muro de ladrillos, vio el mal escrito y celestial letrero que salvo su vida:

Proivido pEGar aNuncios...

Julián Fernando.

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