Poesia, pensamientos y reflexiones.

El desván del poeta.

PAREDES

Un hombre de mediana edad se ganaba la vida vendiendo fruta picada en las calles de la ciudad, arrastraba un pesado carro desde las seis de la mañana y se instalaba a las afueras de escuelas y centros de trabajo ofreciendo las piñas, jícamas, pepinos, sandias y mangos como lo venía haciendo desde hacía 25 años.

Solía tener  días buenos en los que vendía con prontitud todas sus frutas, pero la mayoría de las veces se veía forzado a esperar bajo un incandescente sol de verano o un extremo frío de invierno hasta vender  lo más posible antes de que el sol se ocultara. Entonces el hombre empujaba su carro de metal y emprendía cabizbajo el retorno a casa.

Llegó a la puerta de entrada de su domicilio, metió su mano derecha en uno de los bolsillos del pantalón para sacar las llaves, la introdujo en la cerradura y observó sus agrietadas manos dañadas por su constante exposición al agua con la que lavaba las frutas y las múltiples cortadas infringidas por él mismo debido al manejo del cuchillo. Respiró profundamente, accedió a la cocina, abrió el refrigerador, se sirvió un vaso con agua fría que bebió de un solo trago. Derramó un poco de agua sobre su mugrienta camisa de manga larga a cuadros rojiblanca y buscó algo que comer que no fuera en absoluto nada relacionado con la fruta. Tomó dos tortillas de maíz, las colocó en un plato, sacó un trozo de queso y los metió dentro del horno de microondas durante un minuto, se sentó en el segundo escalón de la escalera y comió su no muy apetitosa cena.

Las persianas de su habitación se movían debido a una corriente de aire que entraba por una ventana abierta, zigzagueaban de un lado a otro emitiendo un sonido metálico al chocar unas con otras. Era ya de noche y los rayos de luz de la luna se filtraban reflejándose en cada recoveco de las cuatro paredes.

Era esa la única habitación amueblada de la casa, unas sábanas, almohadas y cobertor sucios cubrían el viejo colchón con un par de puntiagudos resortes salidos a los cuales envolvió con trozos de tela de una playera. Una silla de madera y un televisor completaban el escenario en donde él pernoctaba cada noche.

 

Esa noche no lograba conciliar el sueño, se movía de un lado al otro de la cama, eran las tres de la mañana y escuchó un sonido que venía de la cocina, bajó descalzo con todo sigilo los trece escalones armado con un bate de béisbol para descubrir que dos enormes ratas roían ruidosamente la basura dentro del bote tirado en el suelo. De un golpe certero en la cabeza logró el hombre matar a una de las ratas, desparramando sangre y entrañas  sobre el piso mientras que la otra aprovechó la puerta abierta del patio para apenas lograr escapar de la muerte.

El hombre persiguió a la segunda rata lográndola acorralar en una esquina, la rata se paró amenazante en sus dos patas traseras, comenzó a chillar y en un arranque de supervivencia brinco hacia el hombre, se sujetó de la camisa y subió hasta su cuello logrando clavar sus dos afilados dientes en él. El hombre gritó despavorido pero con un rápido movimiento de su mano derecha la sujetó con fuerza, la desprendió de su cuello, la arrojó con rencor y con el bate la remató salpicando de sangre la pared.

El hombre limpió el desorden, se dirigió al baño, limpió su herida y se metió a la regadera, al salir se vistió con ropa limpia, se encaminó hacia su habitación y en el pasillo observó plasmadas en la pared un par de manos de niño, en la recamara contigua miró varias rayas que marcaban la estatura del mismo niño tomadas en diferentes momentos junto a un dibujo en el que aparecían rústicas  figuras de un papá y una mamá con su pequeño hijo.

El hombre no pudo contener el llanto, los recuerdos de una vida que ya no estaba a su alcance llenaron de dolor su presente. No soportó la idea de despertar una mañana más para arrastrar su pesado carro de frutas y tomó su afilado cuchillo para terminar con su vida.

 

 

Iván Alatorre Orozco

31-Agosto-2017

 

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Comentario por Enrique Nieto Rubio el septiembre 2, 2017 a las 5:41pm

muy bueno tu relato amigo te felicito . 

Comentario por Yoli el septiembre 2, 2017 a las 12:50am

Te lo hizo Josefa que está en todo y me cuida como a una niña pequeña, jejeje.... es un amor y la Jefa de este lugar y bueno si ve que me falta algo le sobra tiempo para correr, joooo, el mundo debería estar lleno de Josefas, jeje........ 

Comentario por LUIS GONZALO MACHADO SÀNCHEZ el septiembre 2, 2017 a las 12:46am

Excelente relato, sentimientos profundos para la reflexiòn,felicidades,un fraterno abrazo.

Comentario por Yoli el septiembre 2, 2017 a las 12:43am

El privilegio es siempre mio por tener la oportunidad de llegar a tus letras.....

Comentario por Ivan Alatorre Orozco el septiembre 2, 2017 a las 12:27am

Te agradezco Yoli por detenerte a analizar mis palabras, resulta para mi un privilegio el haber llegado a tu sensibilidad.

Te mando un gran abrazo

Comentario por Ivan Alatorre Orozco el septiembre 2, 2017 a las 12:24am

Mil gracias amigos por sus comentarios, los valoro en verdad enormemente.

Comentario por Josefa Alcaraz Martínez el septiembre 1, 2017 a las 11:58pm

Comentario por Yoli el septiembre 1, 2017 a las 10:52pm

Mira que llego a ser torpe, jejeje

Comentario por Yoli el septiembre 1, 2017 a las 10:47pm

Eso pude hacer para ti, ojala te guste...... un abrazo amigo y gracias por estar y compartir... Esa flor es muy importante para mi, jejje...... tiene magia... alquimia pura, jeje...... un abrazo Iván.

Comentario por Yoli el septiembre 1, 2017 a las 10:25pm

NI tengo, NI creo puedo hacer imágenes, pero que sepas que tu relato está destacado , muy descatado en la página principal...... besos......otra vez, je......SE FELIZ AMIGO... EL UNIVERSO QUIERE QUE LO SEAS........ NO LE LLEVES LA CONTRARIA... PLISSSSS

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