Poesia, pensamientos y reflexiones.

El desván del poeta.

Nostalgia de aquel ayer que quedó prendido en el más profundo recoveco de mi corazón y mi memoria. Aquel ayer que me tuvo prisionero el alma desde que me fui del pueblo con muchas esperanzas, lo justo en el bolsillo y la responsabilidad de no defraudar a mi familia que había puesto en mí sus ilusiones y sus ahorros. Con dieciocho años recién cumplidos me despedí de todo y de todos con una mezcla de sentimientos difícil de describir.

Sano y salvo llegué a mi destino “allende los mares”. Trabajé duro, ahorré cuanto me fue posible para poder enviar dinero a casa. La casa que me vió nacer y en la que había dejado familia, amigos e incluso los olores característicos de mi tierra que no existen en ninguna parte del mundo. Durante años viví sumergido en recuerdos y añoranzas. Mis comienzos me obligaron a hacer cosas de las que prefiero no acordarme, no es algo de lo que un hombre pueda sentirse orgulloso pero cuando uno se siente prisionero de su destino y en la obligación de mantener a todos aquéllos que se quedaron atrás, se despierta la iniciativa más indigna y cerrando los ojos a la par que se aprietan los puños se vende uno al mejor postor.

Después de cinco años conseguí montar una casa de comidas junto con un compañero de penas y alegrías. Éramos dos nostálgicos sin remedio, nos pasábamos el día rememorando nuestra tierra porque aunque habíamos nacido en distintas provincias pertenecíamos al mismo país y aquello sumado a las vicisitudes que compartíamos nos unió más que si hubiéramos nacido de la misma madre. Aquel negocio fue prosperando poco a poco y yo continué enviando giros a casa cada dos o tres meses, lo que buenamente podía y no era poco. Aún así seguí lamentando mi suerte por no poder estar junto a los míos, la nostalgia era el pan nuestro de mi día a día y las noches las pasaba mirando al techo con los ojos como platos recordando y venerando los momentos de mi infancia. Hasta el olor de la coliflor se me hacía entrañable cuando de todos es sabido que no resulta agradable al olfato pero sólo recordar a mi madre en la cocina preparando el condumio se me hacía un placer en el recuerdo.

A través de las cartas de mi madre me fui poniendo al día de los estudios que seguían mis hermanos y sus posteriores logros en el mundo laboral, a partir de ahí decidí que era el momento de empezar a pensar en mí y en la familia que ya había formado porque cuatro hijos dan mucho quehacer y ocasionan mucho gasto. La noticia del recorte de dinero que iba a hacer en los envíos cayó como un jarro de agua fría a tenor de una carta que recibí de inmediato firmada por mis siete hermanos en la que, poco más o menos me llamaban egoísta y chapucero, recriminaban mi comportamiento a todas luces -según ellos- carente de caridad y de empatía … bla, bla, bla … un cúmulo de reproches difícil de digerir para alguien como yo que llevaba más de quince años manteniéndolos a todos y nunca había recibido una palabra de agradecimiento; al término de la misma, como si de una amenaza se tratara, me ponían de manifiesto que iban a enviar a nuestra madre al asilo porque no podían ocuparse de ella ¿entre siete no podían?

En ese preciso momento decidí regresar a mi añorada tierra, en mi fuero interno la idea del reencuentro me daba miedo; tantos años alimentando recuerdos y esperanzas para sentirme desnudo, hipotéticamente hablando, igual que el día en que tuve que partir.

El viaje de vuelta aunque sólo fuera por la comodidad del transporte tendría que haber sido más placentero que el de ida y, sin embargo, me resultó interminable quizá por el hecho de que estaba deseando llegar a mi destino y en la ocasión anterior era la necesidad y no el deseo quien motivó mi partida. Mi corazón latía como un caballo desbocado a medida que me aproximaba al pueblo … confiaba en que al menos alguno de mis hermanos saldría a recibirme pero en la estación no había nadie, haciendo de tripas corazón me dirigí andando hasta la casa familiar y no reconocí el lugar que me había visto nacer, la arboleda era un campo eólico, una gasolinera a la entrada del pueblo había hecho que asfaltaran los alrededores, mi pueblo no olía a nada que yo recordara, todo me resultaba artificial y artificioso. Cuando llegué a casa mi madre lloró y me abrazó como sólo una madre sabe hacerlo, de manera que el amor que transmite recorre cada uno de los poros de tu piel y sólo en ese momento me sentí en casa, ese instante fue el único que me hizo volver a la infancia de mi nostalgia.

Todo lo demás fue un continuo despropósito, me encontré una pandilla de gandules que vivían de la pensión de mis padres y de lo que yo les enviaba más lo que les producían las tierras que, al morir mi padre, habían heredado, tierras de las que tenían que haberme proporcionado lo que me correspondía pero su avaricia fue mayor que mi recuerdo. Hice cuentas de lo que se habían apropiado de la pensión de nuestra madre y les exigí su parte a cada uno de ellos con el fin de abrir una cuenta a nombre de ella en la tierra que me acogió porque no iba a consentir de ningún modo que la ingresaran en el asilo, a cambio no reclamaba las tierras ni la herencia de nuestro padre y no quería volver a saber nada de ninguno porque, a fin de cuentas después de tanto tiempo eran unos desconocidos para mí. Hace diez años que mamá se vino conmigo, mis hermanos escriben de cuando en cuando para lloriquear y pedir ayudas monetarias pero yo no soy una ONG y gracias a ellos descubrí lo que es la felicidad cuando la nostalgia muere.

¡No se puede vivir de recuerdos!

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Comentario por Enrique Nieto Rubio el mayo 17, 2018 a las 10:04pm

valla es triste tener unos hermanos así,  trincónes y desagradecidos, 

es vergonzoso y amenazar con que la mama la tengan al atendida, 

son malos y lo siento

bueno amiga parece que lo escribes en nombre de algún hermano supongo,

saludos , 

Comentario por Consuelo Labrado el mayo 17, 2018 a las 5:49pm

Mi querido amigo BETO:
Siempre es un placer verte pasear por mis letras. ¡Todo un lujo para mí!

Comentario por Consuelo Labrado el mayo 17, 2018 a las 5:47pm

Hola CELESTE:
La nostalgia, a veces, se apodera de nosotros pero como bien dices ¿para qué? Como decía mi madre:
¡Parientes y trastos viejos, pocos y lejos!

Un abrazo querida amiga.

Comentario por Consuelo Labrado el mayo 17, 2018 a las 5:44pm

Hola LIGIA:
Agradezco tu paseo por mis letras y ese bonito comentario hacia mi escrito.

Comentario por Consuelo Labrado el mayo 17, 2018 a las 5:43pm

Hola Josefa:
Es un placer para mí, saber que te han gustado mis letras y ese bonito enmarcado que dedicas a las mismas es todo un lujo y te lo agradezco de corazón.

Comentario por Beto Brom el mayo 17, 2018 a las 1:23pm

GUSTÉ LEERTE, poetisa

Abrazotes, amigaza

Comentario por celeste hernandez el mayo 17, 2018 a las 5:43am

Una bella narrativa que viven muchos que se van a trabajar en busca de un mejor futuro, y ciertamente aquellos mandan dinero, pero ¿para que?si los mas vivos se lo apropian sin ningún miramiento...Gracias por  transcribir esas vivencias y Felicidades por la decisión de llevar a tu madre contigo eso fue lo mejor. Gracias sinceras. Celeste.

Comentario por Ligia Rafaela el mayo 17, 2018 a las 1:57am

Consuelo…Que excelente poema, es un placer
pasar silenciosa por tus magníficas letras
donde la nostalgia y el romanticismo están presentes.

Mi  cariño para ti.

Comentario por Josefa Alcaraz Martínez el mayo 16, 2018 a las 6:47pm

Comentario por Consuelo Labrado el mayo 16, 2018 a las 5:15pm

Hola LUIS GONZALO:
Muchas gracias a tí por pasearte por mis letras y dejar tu tarjeta de visita.
Un abrazo compañero de letras.
Consuelo

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