Poesia, pensamientos y reflexiones.

El desván del poeta.

Llego con su impactante  y descapotable Káiser. Era la hora de la siesta cuando los pibes lo vimos doblar en la esquina- el  brillo de los paragolpes reflectaba el sol sobre las paredes.  De su inter…

Llego con su impactante  y descapotable Káiser. Era la hora de la siesta cuando los pibes lo vimos doblar en la esquina- el  brillo de los paragolpes reflectaba el sol sobre las paredes.  De su interior descendió un hombrecillo de finos bigotes, parecido  a esos personajes de las historietas de Rico Tipo. Llamo a uno de nosotros y me acerque,  en una causal coincidencia preguntó por mi padre, me ofrecí llevarlo hasta él, extendió la mano abierta con finos movimientos e invitándome a subir, mire a mi alrededor maliciosamente busque una pisca de envidia en la cara de mi amigos, me recosté en el mullido asiento del acompañante y di las precisas indicaciones conduciéndolo a casa.

Aquel  extraño señor venia de Buenos Aires para hacerse cargo de la contaduría de la empresa estatal donde mi padre era una especie de encargado full time, requerido para todo aquello que otros ignorasen del funcionamiento de la planta.

A la hora de la cena mi padre comentaba sobre la impresión dejada por el hombrecillo llegado de la capital. En su rápido juicio no dejaba bien parado al recién llegado. Mi madre preguntaba por detalles, a los que mi padre agrego en tono despectivo—no se, pero no me a caído bien, hay algo en él que no me despierta confianza- y seguía ofuscado agregando improperios despedazando al ausente anfitrión de la conversación.

Aquel señorial personaje  no dejaba de sorprender a los vecinos, salía a la hora ardiente de la siesta vestido de atuendos deportivos , blancas zapatillas suela de goma -toda una  novedad- blancos pantalones e impecable chomba del mismo color , imposible dejar, de pasar inadvertido, las chusmas del barrio entreabrían ventanas y cortinas para después juntarse y comentar , desprovista de racionalidad dirían de él -no me diga doña, que no es buen mozo y atractivo, que joven es, pobrecito  se lamentaban, y aquí lejos de todo y solito, no me diga que no da pena ,doña-

Una tarde para mi sorpresa después de hablar con mi padre el hombrecillo al que llamábamos  a solicitud personal –señor Perco- me invitó a dar una vuelta en su lustroso Káiser, dimos varias vueltas a la plaza pasando repetidas veces por la casa del farmacéutico. Cando de imprevisto abrió la puerta de calle asomándose sigilosamente con la puerta entreabierta la rubia y bella señora del boticario. Corrió unos metros pegada bien a la pare tratando de no se vista y a la vuelta de la esquina el señor Perco me pediría  que lo esperara  que en un corto tiempo reiniciaríamos el paseo, volcó su cuerpo al asiento trasero, retiro un portafolio negro de cuero encomendándome guardarlo en casa. La señora rubia subió y se alegaron, aquella tarde no lo volvería a ver al señor Perco ni a la señora rubia.

 Cuando regrese a casa, dos señores preguntaban por mi padre, mi madre les abrió y los hisos pasar. Fueron hasta pequeña pieza  que mi padre dispusiera de oficina y se sentaron a esperarlo. En instantes estuvo mi padre con ellos, me vio parado en el pacillo y con un giño de complicidad cerro la puerta, después volví a hurtadillas para escuchar lo que en su interior se hablaría, seguramente en total secreto y promesas de confidencias entre hombres. Uno de ellos preguntaría con insistencia por el señor Perco, de su relación con la familia y si algo en su conducta llamaba la atención, luego oí la vos de mi padre, responder en vos muy baja  asegurando desconocer la conducta del involucrado, la conversación se tornaba áspera cando la pregunta recayó sobre la filiación política, entre abriendo una repuesta conducida, no cree Ud. decía uno de los interrogadores- que el señor Perco pueda pertenecer al partido socialista, mas precisamente al partido comunista, mi padre alzó la vos exigiéndole retratarse por la falta de respeto a  su persona  -no creerá Ud. que yo a un sabiendo me prestaría a denunciar como un simple buchón a un hombre que desconozco, y si  es comunista que hay de malo en ello - después mi padre callo cuando fue intimado a ser sancionado y perder privilegios en la empresa por su falta de voluntad y por la negación de colaborar. Mi padre golpeo la mesa y  con firmeza  invitó  a los señores a retirarse.

Aquella visita jamás fue  comentada en presencia del señor Perco, que para ese entonces hacia migas con mi padre transformándose en fiel  aliado en el odio manifiesto al General y a todo su sequito. Tiempo después el señor Perco fue sorprendido por el farmacéutico escopeta en manos en su casa teniendo relaciones con la señora rubia. El brillante káiser fue retirado por un familiar del señor Perco,

  Mi padre guardo en secreto una foto del Che con raleada barba, vestido de verde. Que el señor Perco le regalara después de andar en su negro portafolio escondida  de la intolerancia. Un día me la mostro con la promesa de no develar su  tesoro, a un recuerdo sus ojos mirando futuros léganos por venir….     

   

 

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