Poesia, pensamientos y reflexiones.

El desván del poeta.

AÑORANZAS, TORMENTA Y RELÁMPAGOS

 

Desde niño suelo ponerme nervioso cuando escucho el estridente sonido de los truenos que dibujan los relámpagos durante la profunda oscuridad de la noche. No importa que  previamente hubiera cerrado las cortinas de mi habitación, mis más primarios miedos emergen al observar la intromisión de los destellos que se filtran a través de los múltiples recovecos.

Siendo todavía un chiquillo el impulso de brincar de mi cama y salir corriendo hacia la habitación de mis padres se convirtió progresivamente en una meta infértil. El rostro rígido de mi padre al abrir la puerta y verme con los ojos inyectados de angustia nunca fue motivo suficiente para permitirme acceder ni a  su cama y mucho menos a su corazón. Mi madre, constructora de falsas buenas intenciones, generalmente no poseía la entereza ni la credibilidad en consonancia entre sus palabras y  sus hechos para que llegaran a arroparme bajo el manto de la tan añorada protección.

El tiempo siguió su marcha, los truenos y los relámpagos continuaron ejerciendo en mí su  obra invasiva sin yo poder contar con un plan de acción que me remitiera hacia la tierra prometida de la tranquilidad tan pocas veces visitada en el pasado. El procurar recibir el cobijo  de cualquiera de los diez habitantes dentro de nuestra vivienda, sencillamente lucía como una operación estéril. Fue así que desde muy joven comprendí que el edificar un resguardo con los pedazos caídos del día anterior se transformó en  una actividad autómata que al menos me concedía el pequeño aliciente motivacional necesario para permanecer en pie.

En la actualidad, no me resulta congruente el  solo colocar un pie delante del otro para acceder a un sitio al cual no deseo arribar.  Mis ojos y mis rodillas, extenuados de observar los mismos escenarios y recorrer los mismos sinuosos senderos se revelan ante mí, exigiéndome como nunca antes a tomar las decisiones que desde hace tanto tiempo conozco debo ejecutar y que por falta de valor o confianza en mí mismo me orillaron a refugiarme dentro de un abismo que no parecía tener final.

 

 

Deseo emerger a la superficie como el barco que por décadas permaneció en  las profundidades del océano. Añoro la calidez de otra piel que ayude a sanar mis heridas gracias a la trascendencia de su contacto. Busco una reconciliación entre mi presente con  el pasado y su llanto. Pretendo de hoy en adelante abrir cortinas y ventanas, escuchar y observar sin temor como las gruesas gotas de lluvia y  las poderosas luces de la noche se acercan a mí, fundiéndonos en un gran abrazo.

Iván Alatorre Orozco

2-Septiembre-2018

 

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Comentario por TRINA MERCEDES LEÉ DE HIDALGO el septiembre 21, 2018 a las 2:39am

El pasado persiste en nuestra mente si a el nos apegamos. A veces, suele ser triste, pero hay que tomar en cuenta que todo pasa y que suele ser fugaz, para entremezclarse con una gama de sentimientos que hacen agradable la existencia.

Un placer leerte

Un fraternal abrazo.

Comentario por Siby Castro el septiembre 4, 2018 a las 4:57am

Mi amigo tu poema esta cargado de

emociones y momentos pasados, un gusto

disfrutarla.

besitos dulces

Siby

Comentario por Peter Uno el septiembre 4, 2018 a las 4:57am

IVAN

Gusto en acompañar tu obra, resalto tu especial y personal forma de presentarla, amena, interesante, y digna de ser leIda.

Mi abrazo para ti.

PÉTER

Comentario por NELSON LENIN el septiembre 4, 2018 a las 2:29am

Emociones encontradas arraigada a ese pasado donde el miedo enarbolado en una fuerza capaz de trastrabillar tus emociones convertidas en un trauma tatuado en lo más recóndito de tu ser, aconsejando busques la ayuda de un profesional pero hasta eso yo te felicito por tu sentir y por esa imaginación digna de aplaudir      

Comentario por celeste hernandez el septiembre 3, 2018 a las 6:59am

El miedo nos paraliza y no nos deja ser, sin embargo parte de ese miedo  se va diluyendo con el paso del tiempo, y mucho ayuda la escritura, tu lo haces muy bien .Gracias por hacernos participes de la angustia de un pequeño que a veces los adultos ignoramos. Gracias de corazón. Celeste.

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