Poesia, pensamientos y reflexiones.

El desván del poeta.

AUTORRETRATO

El lienzo que refleja la decadencia de lo que alguna vez tuvo vida, resistirá mi figura deforme y grotesca. Los ojos sin luz ni horizontes dirán que, aunque río, hay una mueca triste de dolor en unos quietos labios de una boca muda.

 

Todo está enmarcado, cuidando los detalles y las formas. Suspendido en la pared principal donde por decisión ajena, se me dejó olvidado en el tiempo, expuesto a los ojos de extraños y propios. Elevándome sobre la decadencia, sobresaliendo del plano chato y vacío de corroídos muros, exhibiéndome en la oquedad del penumbroso espacio y en la terquedad de quien perpetúa el tiempo tras los trazos de envejecidas acuarelas. Allí en ese lugar, olvidados de almas ausentes, permanezco inmóvil e intrascendente ante quienes danzan por el gran salón, coqueteando entre las sombras de pesadas cortinas y descoloridos sillones.

 

No estoy solo en el autorretrato que muestra lo que fui. Duendes anónimos, pequeños y estrafalarios están a mis pies como una prolongación del verde en un tapis campestre. Fantasmas viejos, ataviados de polvorientas y rotas sedas, emergen detrás de los sinuosos trazos y parecen tomar vida. Dejan la perpetuidad a los que los he sometido. Me apiado de su eterna agonía y los libero en la compleja libertad de quien ya no existe. Felices y sin odios escapan y giran por las escaleras y galerías, se posan sobre los mármoles de trisadas estatuas y en los tallados floreros de polvorientos cristales. Trepan a los barandales y se muestran insolentes y provocadores, desafiando a los presentes. Éstos presienten que no están solos, pero soy el único en ver a esos seres.

 

Cada mañana, pesados portones se abren y entra la luz. Los colores, por instantes, destellan. Después llegan las sombras con despiadados grises. La gente no se detiene. Nadie se interesa ni sabe de mí. Permanezco inmóvil a la espera de ser señalado desde el asombro o la curiosidad. Paso dolorosamente inadvertido a los ojos del mundo que recorre el coqueto museo. Afligido, los observo detenerse y contemplar simples retratos de pájaros, de largas calles, de pueblos soñolientos, de valles y montañas. Nadie se detiene ante mí. No existo. Ha pasado ya tanto tiempo, que nada me asombra.

 

No obstante, no estoy solo. Cuando todos parten y se cierran las puertas, los fantasmas que liberé, vuelven a mí. El cansancio los vence y se aquietan a mi lado realzando el presuntuoso autorretrato. Ya no estoy triste. Un duende manso y regordete rasca mis pies. Una golondrina loca trepa hasta los techos y se deja caer hasta descender en la inerte paz de mis manos. Una luciérnaga fluorescente de variados colores peina y prolija mis cabellos. Dos fantasmas transparentes bailan en mi honor y hacen estrafalarias piruetas, arrancando risas. Un angelito triste se acurruca en un rincón, y un hada madre va por él; lo trae a mis brazos y, por un momento, le devuelvo la vida. No estoy solo. Ellos se quedaron aquí desde hace mucho, después de que la vida me dejara solo.

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Comentario por Ahikza Adriana Teresa Acosta P. el junio 24, 2017 a las 6:11am

Una excelente prosa... gracias por escribir y compartir:Ahikza

Comentario por TRINA MERCEDES LEÉ DE HIDALGO el junio 24, 2017 a las 3:58am

Comentario por María de Poniente el junio 23, 2017 a las 9:52pm
Merecido destacado, me ha encantado, gracias por compartir
Comentario por Enrique Nieto Rubio el junio 23, 2017 a las 8:35pm

buen escrito con rasgos de tristeza 

saludos . 

Comentario por MARTHA PINTOS el junio 23, 2017 a las 3:34pm

Un enorme placer a leerte Rolando..felicitaciones por compartir tu gran talento poeta

Comentario por Maria Beatriz Vicentelo Cayo el junio 23, 2017 a las 1:46am

Cuando todos parten y se cierran las puertas, los fantasmas que liberé, vuelven a mí. El cansancio los vence y se aquietan a mi lado realzando el presuntuoso autorretrato. Ya no estoy triste. Un duende manso y regordete rasca mis pies. Una golondrina loca trepa hasta los techos y se deja caer hasta descender en la inerte paz de mis manos. Una luciérnaga fluorescente de variados colores peina y prolija mis cabellos. Dos fantasmas transparentes bailan en mi honor y hacen estrafalarias piruetas, arrancando risas. Un angelito triste se acurruca en un rincón, y un hada madre va por él; lo trae a mis brazos y, por un momento, le devuelvo la vida. No estoy solo. Ellos se quedaron aquí desde hace mucho, después de que la vida me dejara solo.

¡Precioooso, merecido Destacado!

Brillantes letras, esto es ser POETA... 

Mil gracias,  Felicitaciones!!

Comentario por celeste hernandez el junio 22, 2017 a las 5:20am

que bello escribes y que magnifica forma de enmarcar los detalles de una vida...gracias  Rolando un placer leerte. bendiciones. Celeste.

Comentario por Josefa Alcaraz Martínez el junio 22, 2017 a las 1:29am

Comentario por LUIS GONZALO MACHADO SÀNCHEZ el junio 21, 2017 a las 9:32pm

Un gusto disfrutar de tus bellas letras,felicidades un cordial abrazo.

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