Poesia, pensamientos y reflexiones.

El desván del poeta.

 Carmela… cuánto amor…

Cuando se fue, nadie lo supo hasta el día siguiente, cuando partió se tejieron varias hipótesis, hasta que se supo de las razones. Aquel domingo, que esperábamos como un día de fiestas, día de parientes y de mesas tendidas en el gran patio bajo la sombra del parral, fue un día triste.

Aquel domingo dejaría en mí, preguntas sin respuestas, no sería un  día más. Su partida alteraría los ánimos de muchos, algunos callaron, a otros no les importó.

Cuando se notó su ausencia, mi padre preguntó por ella, alguien fue hasta la pieza para ver si aún seguía dormida. Otros fueron a buscarla por el patio, los corrales y los gallineros con la esperanza de hallarla alimentando los animales o en otras tareas.

Al regreso de la búsqueda, nos enteraríamos que había partido. Su ropa ya no estaba en el roperito que mi madre destinara para las muchachas. Ansioso y nervioso, mi padre caminaba por el patio buscando explicaciones, después salió a buscarla, primero, a la casa del tío. Después, a la de otros parientes donde la repuesta fue la misma.

- Hace días que no vemos a la Carmela- Después anduvo por casa de amigos. Mientras esperamos su regreso junto a mi madre que lloraba sin parar, por allí alguien se atrevió a suponer - quizás se halla ido con el José- mi madre abrió grandes los ojos y no descartó la posibilidad, calló y pidió que a mi padre no se le mencionara esto. Todos asentimos y seguimos suponiendo en miles de posibilidades que no cerraban con la realidad.

+Mi padre desmontó con parsimonia, fue hasta mi madre y la abrazó mirándonos, para después, casi con resignación y dolor se le alcanzó oír: - La Carmela no está por ningún lado-

Los dejamos solos. Cominos en un silencio que dolía ver a mis padres preguntándose - Que fue lo malo que hicimos, vieja, para merecernos esto- decía con ternura mi padre mientras rodaban lagrimas por su viejo rostro- Aquel día creo que odié a mi hermana, por el dolor, porque se acababa de romper la armonía y el amor en que fuimos criados, creo que la odié. Ya no, tengo mucho porque amarla.

Nadie durmió la siesta, una silla de totora sostenía la esperanza de mi padre viéndola aparecer por el ensombrecido pasillo. Fue en vano la espera e inútil tanto dolor. Cuando el día parecía terminar sin novedad, alguien golpeó las manos. Desobedecimos y todos salimos corriendo al patio, mi padre se adelantó y fue al encuentro de quien llamaba – pase- dijo mi padre y caminó hasta nosotros, nos hizo una seña y todos adentro, sin dejar de escuchar lo que el recién llegado le decía a mi viejo:

- Mire don Pedro, su hija está en mi casa, es mi deber venir para hacérselo saber. Mi padre dio unos pasos, se detuvo y pidió detalles. El vecino, conociendo el genio de mi padre, agregó con prudencia

- Su muchacha y el mío han sido novios desde hace mucho, por miedo a Ud. lo callaron y decidieron hacer las cosas mal- Esperábamos la reacción de mi padre, conocíamos su manera de pensar y su temperamento gallego, no vislumbramos lo mejor, así fue.

-Dígale a su muchacho que, si quiere a mi hija, nunca más los quiero ver- Mi madre intentaba revertir las palabras

 

de mi viejo haciéndole entender al padre del José, que eran sólo palabras, sólo producto del momento y, con esperanza agregaba – ya se le va pasar es sólo cuestión de tiempo.

Cuando el hombre se marchaba mi madre lo alcanzó, ya con más calma, quizás quiso decir millones de palabras, solo la oímos murmurar – Dígale que la amamos- nos miramos y lloramos a escondidas, mi padre no lo hubiera permitido y de seguro diría -¿dónde está el honor y el respeto?

Fue cuestión de tiempo, mi madre tendría razón. Ella la conocía, era parte de su vientre y su sangre. La espera no había sido en vano. En abril sucedió el milagro, después de casi un año se revertiría la historia, En cuchicheos repartíamos la noticia. Era el cumpleaños del viejo y teníamos todo preparado para la sorpresa. No sin miedo nos atrevíamos a ello. La mesa nos recibió a todos, tíos y primos. La abuela, sabiamente aconsejaba a mi madre y no escatimaba oportunidad de hablar con mi padre. No sabíamos de qué pero intuíamos que nada bueno pasaba entre ellos.

Se brindó y después de muchos besos y de buen vino, mi padre ya estaba listo. Flaqueaba su seriedad y se divertía oyendo ocurrencias e historias. Lo vi feliz y me sentí feliz por él, mi madre pidió la palabra. Primero, exaltó las virtudes del viejo haciendo hincapié en los años que andaban juntos, después habló de los hijos y de cuando partiríamos buscando nuestro destino. Después, ya más atrevida, brindó por los presentes y, con dolor murmuró- por las ausencias -mi padre advirtió en las palabras su pena y la abrazó.

Ese era el momento, mi abuela alentó a mi madre a que se atreviera. Tomó la mano de mi viejo, él se dejó llevar, mi madre le tapó los ojos. La luz de la pieza estaba apagada, todos detrás esperamos el milagro, Prendieron la luz y entraron juntos, le pidió con cariño mi madre:

–Abrí los ojos, viejo- Sobre la cama desperezaba sueños un hermoso bebé...

- Tu nieto- señaló con firmeza y amor la voz de mi abuela. EL viejo intentó un berrinche, la nona lo miró y se calmó. Mi madre tomó en brazos al bebé y abrió la frazadita con esa ternura que en ella andaba siempre rondando su alma buena. Lo miró a mi padre y, agregó.

- Mirálo, viejo, tiene el color de tus ojos- Expectantes esperamos el desenlace. Mi abuela empujó a mi padre, este extendió sus brazos y lo acercó a su pecho, miró a todos, le hizo unos mimos y ansioso preguntó: ¿dónde está mi Carmela?

 

 

 

 

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Comentario por celeste hernandez el agosto 28, 2017 a las 6:43am

gracias rolando beber

Comentario por Josefa Alcaraz Martínez el agosto 26, 2017 a las 7:26pm

Comentario por LUIS GONZALO MACHADO SÀNCHEZ el agosto 25, 2017 a las 8:46pm

Bella historia de la vida real, la actitud de los padres frebte a las circunstancias, al fin nos rendimos frente a una criaturita hermosa que es la prolongaciòn de nuestras vidas, los nietos y se perdona todo ,felicidades un fraterno abrazo amigo.

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