Poesia, pensamientos y reflexiones.

El desván del poeta.

Dejaban, sobre la arena caliente, los dedos dibujados en el suelo, como un cruel retrato de encarnada pobreza y ciego desamparo. Corrían con pasos apresurados mientras se les quemaban los pies. Con los dedos achicharrados buscaban las sombras de los cardos para que el dolor les doliera menos. Chamberguito de lana, a pesar del calor, cubriéndoles las cabezas. Pelo moreno como chascas y sus bocas de labios gruesos daban orígenes a su raza, indio, aborigen de la tierra. Para algunos, “negritos de mierda”; para otros, con mas piedad, “indios mugrosos y borrachos”.

Con la panza vacía iban, y con ruido de tripas volvían, pero nada les importaba. No faltaban a la escuela, querían aprender, saber cómo piensa el hombre, conocer un poco más de Dios.
- Mire usted, con estos indios ateos, no creen en Dios- decía lamentándose el cura.
Con ostias los conformaban; ellos, creyendo que eran panes, a las bocas las llevaban.

Nueve hijos trajeron al mundo la Lucrecia y el Jesús, y otro desgraciado que andaba por llegar. Nueve miradas tristes contemplando la miseria. Los tres más grandes se fueron de changa para la soja. De allá volverán muriendo por el veneno y otras cosas. Tres nenas para seguir su suerte: parir para ser amadas, sufrir para sentirse vivas. Las otras cuatro almitas no entienden, no saben y no ven. Serán un poco felices hasta que se les arrugue el corazón, y se les partan las manitas de sostener nada. Nueve gritos enmudecidos que la tierra ya no escucha. Polvo, tristeza, hambre, espinas, garrote y látigo, herencia que les dejó su pueblo. Humillación y obediencia, todo en nombre de una cruz. 

Un palo y un tarro garroteado de muchas broncas, juguetes que la infancia inventa para derrotar el dolor. Cuatro culitos desnudos, paspados de sequedad. El agua apenas alcanza para el mate cocido y la sed. Cuando oscurece el día, apenas se les ven los ojos destellando soledades en tanta inmensidad. Territorios expropiados por avaricia y poder. Ranchos mitad adobe, mitad cortezas robadas de lo que en el suelo quedó; arrebatados a las hachas, en donde moran los pinos, para engrandecer la riqueza del que nada le faltó.

Aquí, había pájaros; más allá, donde alguna vez fuera monte, crías de jabalí. Gansos salvajes dejaban los huevos en el totoral. Algunas anguilas escurridizas solían sacar las narices, pero el agua turbia las asfixió. La vaca murió de vieja, ni la carne les dejó, se la comieron los pumas, ¡la puta que lo parió! Caballo nunca tuvieron. Eran cosas del patrón para mirarlos desde arriba y así humillarlos mejor.

Alambres de púas cercando todo cuanto poseen: dos perros escuálidos con más hambre que años. Un gallo que ya no canta. Dos gallinas, que tampoco ponen, desplumadas y resecas pasean dando dolor. Una ganchera colgada y un remolino de moscas, descansando sobre ella, esperan la carne de una liebre que huyó de las topadoras cuando mataron las crías. ¡Cómo depredan de a pedazos la vida para llevarse el verde, el polen y las abejas! La miel se volvió amarga como la hiel en la sangre, pero a nadie le importó; y así, hasta que el último árbol caiga. Después llegará el desierto tiñendo todo de olvido.

Las nubes blancas del cielo que parecían de algodón, se fueron volviendo violetas en contraste con el sol. Los niños corren bajo la sombra del avión de fumigar. Abren sus ojos sorprendidos, parece que quieren volar. En sus bocas, caramelitos de cáncer les ponen fecha a sus días y al tiempo que han de durar.

El hombre en un rincón, sedentario en la escasa sombra, saca punta a una rama. Se imagina que es una lanza para terminar con el dolor, pesar de tierra perdida, de ríos sin caudal, de surcos sin semillas, sin lugar para una cruz. Sin presente ni mañana, nada tiene para sumar, sólo restarle a la vida un poquito nada más. Qué las penas lastimen menos, y la miseria no los encuentre vacíos sin tener a quien amar, y sin lágrimas para llorar. La mujer deambula por el patio sin tener adónde ir, con los pechos resecos no se atreve ya a parir. Le sobra amor para ser madre y dolor para morir

. Rolando Pere Berbel

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Comentario por Josefa Alcaraz Martínez el noviembre 11, 2016 a las 3:29am

Amigo Poeta y amigo Rolando...

Muy doloroso...

Alma de Poeta y corazón de creador...

Abrazos...

Comentario por Enrique Nieto Rubio el noviembre 10, 2016 a las 9:17pm

muy buen escrito amigo 

saludos . 

Comentario por celeste hernandez el noviembre 10, 2016 a las 5:33pm

Comentario por celeste hernandez el noviembre 10, 2016 a las 5:13pm

Le sobra amor para ser madre y dolor para morir...QUE SITUACIÓN MAS TRISTE, QUE DOLOR TAN LACERANTE PARA EL ALMA...Gracias Rolando por compartir, felicidades por tu forma maravillosa de describir una tragedia. celeste.

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