Poesia, pensamientos y reflexiones.

El desván del poeta.

                                            

                                                  CUMPLEAÑOS ¿FELIZ?

            Aquella tarde una vez terminada mi jornada laboral encaminé mis pasos hacia casa ya que me gustaba hacer el recorrido a pie, la distancia no era exagerada y, disfrutaba parándome a medio camino en el puente Malatos para ver discurrir el agua que, entre las piedras hacía pequeños círculos y una continua serie de globitos que la porosidad de las mismas hace creer que el agua hierve.

           Me entretuve en aquella ocasión más de lo habitual, mis pensamientos se centraban inopinadamente en mi próximo cumpleaños, no sabía cómo celebrarlo, estaba cansada de hacer siempre lo mismo, disfraces tétricos y fantasmagóricos con la excusa de que había que rendir honores a la noche de difuntos.

          ¡Ojalá hubiera nacido en otra fecha! Mis amigos disfrutaban celebrando mi onomástica en los sitios más insospechados ¡Hasta en un cementerio habíamos llegado a soplar las velas de mi tarta! El Don Juan Tenorio con aquello de: ¡Los muertos se filtran por las paredes! les tenía comido el seso. De pronto sonó mi móvil. Mada eufórica, me anunciaba los planes que, sin contar conmigo, tenía para mi cumpleaños. Sus padres tenían una casita a veinte kilómetros  de la ciudad y nos la cedían para que pudiéramos festejar el puente de la fiesta de “Todos los Santos”. 

        Lo mejor de todo -siguió diciendo- es que es un pueblo de apenas doce habitantes, la iglesia está en ruinas y podemos hacer invocaciones espirituales antes de la tarta.

         Lo que menos me gustaba de todo el asunto era que se lo tomaban como un divertimento, son temas muy serios y jugar con ellos puede traer funestas consecuencias pero ellos no comprendían mis argumentaciones o no querían ver lo peligroso que puede resultar cruzar la línea  invisible entre muertos y vivos.

        El mismo día 31 partimos hacia el pueblo, riendo y cantando durante todo el trayecto. Aparcamos frente a la casa y nos dispusimos a sacar del maletero todos los trastos que habíamos llevado para la ocasión. No íbamos a estar más que tres días, pero cualquiera que nos hubiera visto sacando tanto equipaje habría pensado que nos íbamos a quedar tres meses. La casa era espaciosa y bien amueblada, Mada y yo nos dirigímos al piso superior y escogimos el dormitorio más grande y luminoso,  tenía un ventanal de lado a lado de la pared que quedaba frente a la puerta y dos camas que decidimos juntar quitando la mesilla que había entre ambas para cotillear por la noche sin tener que alzar la voz.

           Los chicos se instalaron al otro lado del pasillo y después de colocar nuestras cosas bajamos a la cocina y nos dispusimos a cenar unas pizzas pre-cocinadas que en diez minutos estaban listas para hincarles el diente. Eran más de las doce cuando Mada empezó a lanzar grititos emocionados y salió corriendo a por los abrigos apremiándonos a ir a la iglesia a conjurar espíritus y allí nos dirigimos los cuatro con las linternas, las grabadoras, la cámara de fotos y ¡Cómo no, mi tarta de cumpleaños que había que tomar a las dos de la madrugada! Hacía un frío, en aquel lugar que cortaba la respiración.       

     No creo que fuera por la falta de techo, porque en la calle la temperatura no era tan extrema y paredes había. Mada se encaramó como pudo a lo que, en otra época, fué un altar y se puso a danzar como una posesa. A mí aquello no me estaba gustando ni poco ni mucho. De lo que ocurrió después no recuerdo nada, no soy consciente de haber comido la tarta ni del tiempo que estuvimos allí, de lo que no puedo olvidarme es de lo que experimenté:                                                 

      “Estaba durmiendo cuando comencé a sentir un frío indescriptible, mis dientes castañeteaban, abrí los ojos intentando coger la manta que tenía a los pies de la cama pero la oscuridad era tal que hubiera podido cortarla con un cuchillo;  no alcanzaba a ver nada. De haber tenido la mesilla en medio de las camas podía haber encendido el quinqué, de pronto, ante mis ojos apareció una sombra que me estremeció ¿Cómo se puede producir una sombra dónde no hay luz? Sin embargo era lo único que vislumbraba, negro sobre negro, aquello recorrió la pared frontal como si de una piel se tratara y se dirigió hacia donde dormía Mada, quise gritar y al abrir la boca lo único que salió de mi interior fue un halo de vaho producido por el frío intenso de la habitación, mi voz no existía; aterrada, aterida e impertérrita como estaba no sé cómo pude volver a dormirme.”

          Me desperté hacia las diez y, de inmediato, me dí la vuelta en la cama para mirar a Mada que, de espaldas a mí, dormía plácidamente ¡Qué pesadilla! –pensé-.

         Bajé a desayunar, los chicos no daban señales de vida y deduje que habrían ido a dar una vuelta por el pueblo, me duché y regresé al dormitorio; serían las once de la mañana, entré dando voces:

        -¡Venga Mada, arriba gandula! No respondió. Insistí y … ¡Nada! Entonces me acerqué a ella, con un nudo en el estómago, presintiendo que algo no iba bien, tenía la cara oculta bajo la almohada y de un tirón le dí la vuelta ¡No era ella! Una anciana a la que no había visto jamás yacía en su lugar; salí despavorida en busca de los chicos pero ni dentro ni fuera de la casa, encontré a nadie. Regresé a la habitación,  donde me había dejado el móvil, con la intención de llamar a alguien y me encontré con las camas hechas y ni rastro de la mujer, pensé que me había vuelto loca o que me estaban gastando una broma de mal gusto.

        Cuando apareció la policía, a la que yo no había llegado a llamar, me acusaron de triple asesinato, mis amigos habían fallecido en el interior de la iglesia envenenados con la tarta de mi cumpleaños

    De pronto oí un sonido estridente que iba en aumento, me dí cuenta de que era mi móvil y lo cogí como una autómata, era Mada diciéndome que sus padres nos dejaban la casita del pueblo donde había una iglesia abandonada y que su abuela nos haría la cena. Colgué el teléfono asustada porque comprendí que nada de aquello había sucedido … aún.

      Aquel 31 de Octubre fueron sin mí, murieron en la vieja iglesia, la abuela de Mada que había preparado la tarta pereció mientras dormía.

           Todos los años recibo la misma llamada cuando, desde el puente Malatos, me quedo mirando el agua discurrir entre las piedras…

                                               De mi libro "Relatos al viento"

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Comentario por celeste hernandez el octubre 31, 2016 a las 8:41am

GRACIAS POR COMPARTIR LA BELLEZA DE TU SER EN TAN HERMOSAS LETRAS GRACIAS DE CORAZÓN, CELESTE.

Comentario por Consuelo Labrado el octubre 28, 2016 a las 4:54pm

Muchas gracias JOSEFA. He estado un tiempo alejada de la página por motivos personales que ya le comenté a Celeste y me está costando volver a la vida cotidiana pero tengo que intentarlo aunque sea poco a poco.

Comentario por Josefa Alcaraz Martínez el octubre 28, 2016 a las 4:50pm

Excelente aporte amada Poetisa y amiga Consuelo...

Gracias por ser y exixtir, por estar aquí

Y tus hermosas letras compartir.

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