Poesia, pensamientos y reflexiones.

El desván del poeta.

 Como al azar, sin quererlo,

fue comenzando este diálogo

que tiene la realidad

como simbólico espejo.

-Mely, ¿por qué habrá de ser

que al relatarme algún cuento

logras ser luz en mis noches

y claro hogar en invierno?-

-Eso es, mi dulce niña,

porque tu sangre y la mía

poseen el mismo acento,

que dieron lustre al castizo

pregonar de los ibéricos.-

-Entonces, ¿esa es la causa

que al acostarme a tu lado

comienzas muy suavemente

a hilvanar esos relatos

que hablan de duendes, de elfos,

de princesas y reinados?-

-Si hago esas narraciones

que te producen encanto,

es porque quiero evitarte

los sinsabores ingratos

que suelen poblar al mundo

con sus hálitos nefastos,

pues pretendo para ti

un universo más sano,

donde no tengan cabida

ni las penas ni los llantos.

Que en tus ojos está la noche

con sus luceros brillando

y tus arqueadas pestañas

muy dulce la van guardando.-

-¿Y por qué alisas mi pelo

extendiendo palmo a palmo

hasta hacer una cascada

de negra lumbre flameando?-

-Si paso el peine y mis manos

como antes haz descrito,

es porque me recuerdas

a aquella reina de Egipto

que luciera en su reinado

densa cabellera negra,

tan similar a la tuya

con la suavidad de seda.

Te contaré algo de ella

conforme me fue narrado:

Dicen que era tan perfecta

en su belleza y recato,

que no hubo ser alguno

que no quedara embrujado

ante ese ramalazo

de cabellos hechizados

que bien pudieran ser tuyos

por lo fino y delicados.-

-¿Y hubo tal vez, en Egipto,

reinas llamadas Daianas?

pues ese ha sido el nombre

con que he sido bautizada,

aunque tú me lo recortas

transformándolo en Daia.-

-Eso no lo sé muy bien.

Tal vez en Grecia, en la India,

en Bélgica o en Holanda,

pero en verdad, yo te digo

que en la verde primavera

de antiguas o nuevas patrias,

nació la risa del ángel

con la forma de tu cara,

siendo princesa del sol

con su sonrisa tan diáfana,

y aunque no tenía diadema 

ni cetro que la coronara,

supo sentirse princesa

en el hogar que formaran

aquellos dichosos padres,

que con su amor enmarcaran

a la que supo llamarse

al igual que tú: Daiana.-

-Mely, ya me viene el sueño

y aún quisiera otro relato.

Dime un pequeño cuento

así me duermo despacio.-

-Había una vez una abuela

con una niña en sus brazos,

más bonita que una reina

y que todos sus vasallos,

Una abuela que lucía

un orgullo entronizado

al ver su nieta dormida

acunada en su regazo.-

 

Mely Bethencourt

 

 

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Comentario por Mely Bethencourt el enero 25, 2014 a las 1:13am

Enrique, abuelo ogro, los nietos son para malcriarlos, aunque es verdad que a veces nos sacan de las casillas. Gracias por detenerte a leer mis versos.

Comentario por Mely Bethencourt el enero 25, 2014 a las 1:11am

Gracias Josefa por tus lindas palabras elogiando este humilde poema que hiciera para mi nieta.

Comentario por Enrique Nieto Rubio el enero 3, 2014 a las 7:14pm

PRECIOSO AMIGA ESTA NIETA SEGURO QUE DUERME COMO LOS  ANGELES,  

SIN EMBARGO LA MÍA QUE ES MUY TRAVIESA  Y SE PELEA MUCHICIMO CON SU HERMANO,  LE TUVE QUE CONTAR A LOS DOS,  EL ABUELO QUE SE COMIÓ A LOS NIETOS,  MAS DE UN AÑO HACE Y TODAVÍA LES DA PAVOR ,  MEDICINA DE SANTO PARA LAS PELEAS EN LA SIESTA JAJAJJA 

BESOS AMIGA.

 

Comentario por Josefa Alcaraz Martínez el enero 3, 2014 a las 6:32am

Que experiencias tan preciosas nos hacen disfrutar nuestros nietos de estas pequeñas cosas que nos colman de satisfaciones.
Ha sido todo un placer amiga Mely

Feliz año nuevo 2014 y un abrazo con todo mi cariño para ti y para tu bonita ¡Princesa!

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