Poesia, pensamientos y reflexiones.

El desván del poeta.

De niño presencié, cuando promediaba septiembre, la llegada de las mariposas. Lo hacían de manera selectiva. Primero, las blancas que elegían las flores insipientes de la alfalfa; después, arribaban las amarillas, habitué visitantes de los durazneros con sus dulces flores rosadas y, por último, invadían el jardín las mariposas negras de rojos lunares que resaltaban entre los verdes y amarillos de los malvones y geranios en flor, las hacían majestuosas en sus anchas y enormes alas, se quedaban imperturbables aspirando el polen, abanicando sus cuerpos sosteniéndose en la gravedad.


Mi padre, clasificándolas en un ideario antojadizo y muy personal, cuando las blancas arribaban sobre los pastizales poniendo estrellas volátiles sobre la cresta de los pastos, pronosticaba:
—Va ser un verano lluvioso, espero que no sea mucho.
Según él, el agua en demasía corría las uvas y aguaba las frutas. Cuando las amarillas se hacían presentes sobrevolando los frutales, su ocurrencia le hacía predecir:
—Creo que una sequía nos tiene prometido este verano, veremos, veremos qué dice Dios de ello.

El pesimismo se acentuaba es su rostro cuando desde el patio contemplaba el alocado vuelo de las mariposas imperiales, nombre que mi viejo les diera (nunca supe si era correcta su apreciación). Seriamente preocupado intentaba persignarse sin terminar de hacerlo y mirando el cielo, le oíamos decir:
— ¡Qué nos valga Dios y la desgracia no nos llegue!
Según sus creencias, las mariposas negras arrastraban una fama bien ganada. Interrogaba a mi madre para dar fe a sus palabras:
— ¿Recuerdas, vieja, el verano del 50 cuando nos invadieron las mariposas? Ése fue el año que las tormentas arrasaron con todo dejándonos casi en la calle, ah, ¿no fue ése el año en que nos dejara la abuela?
Mi madre asentía sin ganas de contradecirlo.


Las mariposas dejaron un dulce encanto en mí. Aún las recuerdo inofensivas y frágiles, expuestas como un colorido muestrario de diversos e inimaginables colores. En ellas, el calendario del tiempo fijaba sus hojas. Allá por septiembre, las flores reventaban capullos; a mediado de diciembre, las primeras frutas comenzaban a pintar; ya entrado enero, las primeras uvas maduraban negras y rosadas, los duraznos con su pelusa nos dejaban el mensaje: todavía no, y las manzanas enrojecían lentamente la cara que se exponía al sol.


Las mariposas cautivaron mi admiración llenándome de preguntas que aún están sin repuestas. En ellas la belleza se posesionaba sobre todos los valores del mundo, diminutas gemas volando sin patrones ni estados, nómadas y pasajeras, libres y dueñas de su libertad. Por ellas me llené de preguntas: ¿de dónde vienen, adónde regresan y adónde irán cuando partan? ¿Serán otras las que el año siguiente lleguen invadiendo las tardes? ¿Cómo y quién les señala el camino?


Una tarde de ocio, tirado sobre la alfalfa, inmóvil y ansioso por saber contemplé una, la observé de cerca, vi sus ojitos sin pupilas, su carita diminuta semejante a un niño, sus alas como pliego de barriletes desramaban colores y luz, dos antenitas con una bolita en su extremo superior le hizo saber que yo estaba allí invadiendo su espacio, y voló dejándome con menos dudas que antes de tocar por primera vez sus aterciopeladas alas.



Luego, me arrepentiría para siempre, al saber, según dicen, que a las mariposas que las manos del hombre toca, mueren al día siguiente. Todavía me duele esa culpa cada vez que las veo cautivas entre la seda tejida por las arañas, sobre el lecho de las acequias navegando sin timón o con las alas rotas en la vorágine de los hormigueros, muriéndose de a poco, sin poner resistencia, sabiéndose vencida habiéndose cumplido el siglo. ¿Adónde van las mariposas cuando mueren?

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Comentario por Laura López el julio 31, 2013 a las 3:09am

Bellísimas letras, recordando a estas hermosas criaturas en ese pasado,  cautivadoras y fuente de ensoñación. ¡Ay amigo! En el aire revolotean las respuestas a esas preguntas que haces y otras muchas preguntas que no llegaremos a conocer su respuesta, y al igual que a las mariposas, si las tocas a esas respuestas mueren, dejan de ser respuestas porque se esfumaron las preguntas y vienen nuevas.  :)  Muchísimo me gusto leer. Te felicito estimado Rolando, fue maravilloso leerte, conocer tu diestra y mágica pluma.

Un abrazo

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