Poesia, pensamientos y reflexiones.

El desván del poeta.

---Corría el año de nuestro señor 1347, hacia ya años desde que deje mi casa de Medina del Campo y me tire a los caminos, mis padres querían que me quedase con las tierras pero yo quería ver mundo, hice un trato con mi hermano pequeño con la condición de que si algún día volviese tendría mi casa, a él le dejaba la explotación de las tierras de cultivo a lo que accedió cuidando a la vez de la casa que me asigne en el centro de Medina, compre un carro y dos mulas me hice de artículos de cocina, labranza y telas y comencé a recorrer Castilla, me hice buhonero.
Los caminos eran largos y muchas veces hacia noche en ellos buscando siempre que podía la orilla de algún rio, desde Aragón, Cataluña y Castilla iba y venía cambiando artículos y vendiendo y en su carro nunca faltaba buen vino del Duero quesos castellanos que hacían las delicias de los entendidos.
Venia de Barcelona y en cada pueblo ponía su carro en medio de la plaza y con una vieja bandurria cantaba la calidad de sus productos.
---Véanse vuestras mercedes Nazario el buhonero acaba de llegar
en mi carro tengo todas las cosas que pudieran necesitar
cazos y cacerolas de latón o de barro
utensilios de labranza y semillas de temporada
bellas telas para resurgir la belleza de las damas
vestidos y enaguas para regalar a la amada
Y para los borrachos vinos exquisitos y quesos para acompañar
y por unas monedas los podéis comprar.
La gente se arrimaba al carro y siempre necesitaban algo, daba los quesos a probar facilitando así la venta y siempre tenía preparada una barrica de buen vino para invitar a los indecisos, al cabo del día las ventas eran buenas llenando la bolsa de monedas, pero antes de partir había que mojar el gaznate y hacia una parada en la taberna del pueblo donde comía bien y bebía mejor.
----Tu buhonero, ¿de dónde eres?
---Castellano, de Medina del Campo.
----Contadnos cosas, que dicen de la guerra.
---Que las batallas son más frecuentes, las tropas de PedroI no pueden contra las de EnriqueII, pero os diré que Pedro I no tiene nada que hacer, solo echar a sus tropas hacia una muerte segura.
--- ¿Habéis visto alguna batalla?
---Son historias largas y mi vino se acaba.
Pusieron le otra jarra de vino para que siguiese con la historia pues todos estaban ávidos de noticias y jarra tras jarra contaba las batallas y otros sucesos ocurridos en otros pueblos, cuando ya no había nada que contar amenizaba la noche con canciones picarescas cantadas con su vieja bandurria hasta que el vino le hacía retirarse a su carro a dormir la borrachera y esperar el alba.

Al día siguiente ataba las mulas al carro y partía hacia otro pueblo, salía de tierras catalanas y entraba en tierras aragonesas, donde las noticias de batallas ya sea por el poder o por las tierras eran frecuentes, no hacía falta que Pedro I y Enrique II estuviese en ellas, sus partidarios y nobles afines a ellos se encargaban de que los odios no parasen y las rencillas y ataques esporádicos se sucedían, mala época para un pobre buhonero, no solo tenía que lidiar con los maleantes que atestaban los caminos si no tenia que huir de los movimientos de tropas que se encontraba por el camino.
Llego a Calatayud donde como siempre puso su carro en la plaza y con su canción seguía llamando la atención de los aldeanos, las ventas iban bien cuando se acerco Fulgencio, alcalde de Calatayud.
----A ver buhonero, déjame ver el vino que llevas pues tengo una boda y quiero agasajar a mis invitados.
Nazario le dio a probar el vino del Duero, el cual con total satisfacción accedió a comprarle todas las barricas que llevase, quedo con el alcalde en ir a su casa para descargar las barricas y comer con él, una vez descargadas el alcalde probo todas las barricas.
----No sería la primera vez que me han querido engañar.
---No se preocupe, mis vinos son de calidad y de origen, son de mi tierra.
---Y son buenos de verdad y veo que no me engañas, compartamos mesa y te daré a probar el vino de Aragón que poco tiene que envidiar a los tuyos.
La comida fue abundante y Nazario la amenizo con los sucesos ocurridos a su paso y con varias canciones haciendo de la sobremesa amena y divertida.
Gracias al vino gano buenas monedas que iban a parar a su bolsa de piel pensando gastarse parte en comprar vino aragonés y venderlo por el camino.
Siguió camino saliendo de tierras aragonesas y entrando en tierras castellanas, el aroma de las tierras y las pinadas le decían que estaba en casa, en su tierra, a lo lejos vio un campamento militar, huía de ellos como de la peste pero tenía que descansar y dar descanso a las mulas, busca refugio entre unas enormes rocas y tapo el carro con ramas, comió una cena fría consistente en un trozo de tocino salado y una hogaza de pan y con preocupación se dispuso a pasar la noche, sabía que si algún soldado lo encontraba le robaría todo lo del carro y lo más seguro que lo matarían o lo enrolarían a la fuerza, por eso procuro tomárselo con tranquilidad y descansar esa noche sin hacerse notar.
Se despertó al amanecer oyendo ruidos de armaduras y relinchar de caballos, con sigilo se asomo entre dos riscos viendo como en el valle que tenia debajo dos ejércitos se preparaban para la batalla, las armaduras y las armas brillaban bajo el madrugador Sol, los caballos relinchaban y pataleaban nerviosos esperando la orden del jinete para galopar hacia la batalla, estandartes multicolores anunciaban los escudos de ambos ejércitos, mientras que entre los soldados el silencio era absoluto, solo roto por los relinchos de los caballos y alguna ave que sobrevolaba el campo de batalla, ambos ejércitos se miraban con odio y solo esperaban la orden de atacar, de matar al enemigo. Los sacerdotes paseaban por delante de las filas bendiciendo a los soldados viendo con sorpresa como al acabar unos iban a retaguardia pero otros desenvainaban sus espadas y en nombre de Dios se preparaban para causar también la muerte.
Ambos ejércitos estaban quietos, esperando la orden mientras el Sol seguía subiendo en el cielo, de pronto un noble a caballo se adelanto a primera fila miro al enemigo y grito.
----POR ENRIQUE
En el bando contrario se escucho.
---POR PEDRO
Al unisonó ambos ejércitos salieron a la vez, blandían sus armas en el aire con un ensordecedor grito, a medida que se acercaban a una orden los arqueros disparaban sus mortales flechas en tal cantidad que durante unos segundos oscurecieron el cielo, muchos de aquellos valientes no llegaron a pelear, caían muertos bajo la lluvia de flechas mientras que los demás seguían corriendo en busca de una victoria o la muerte, en cuestión de minutos el enfrentamiento fue cuerpo a cuerpo y en esa ocasión hablaban las espadas y las lanzas, los gritos de dolor y muerte eran ensordecedores mientras que los aceros mataban o mutilaban a aquellos soldados, durante horas siguió la cruenta batalla en la que la muerte hizo acopio de muchas de las almas de aquellos bravos soldados que morían en nombre de un rey y de un ideal, la batalla fue cruel y sangrienta los muertos se contaban por cientos y los miembros mutilados y la sangre de los muertos y heridos tiñeron de rojo aquel pasto verde de aquel valle.
Las tropas de Pedro huyeron en retirada mientras que las de Enrique cantaban al cielo su victoria, victoria que era ofrecida a Dios, lentamente los heridos eran retirados dejando a los del bando enemigo a su suerte, los sacerdotes daban la extremaunción a los moribundos y bendecían a los muertos, poco a poco se irían retirando dejando a los muertos en el campo de batalla en espera de que al día siguiente familiares y compañeros de armas los retirasen para darles cristiana sepultura, pero sería mañana, ahora había que festeja la victoria y atender a los heridos menos graves.
Nazario intento comer algo pero después de lo que había visto se le fue el apetito, pero como buen comerciante vio que podría sacar algo de esta situación, espero a la noche cuando los soldados estaban demasiado borrachos y se acerco sin hacer mucho ruido al campo de batalla, la sangre se había oscurecido sobre la yerba que cubría el valle y se compadeció al ver la cara de los muertos, caras llenas de dolor, Nazario rebusco entre los muerto haciendo acopio de todo lo que le serviría para vender, arcos, flechas, espadas, dagas y la mayor sorpresa, la espada de un noble que aun tenia la mano amputada aferrada a la empuñadura, lentamente fue llevando el botín al carro, necesito hacer seis viajes y aunque no era de su agrado prosiguió camino de noche, dio gracias a Dios a que las mulas no se pusieran torpes y agilizasen el camino saliendo pronto de la zona de contienda.
Al amanecer encontró un rio donde acampo a su orilla, limpio las armas obtenidas y las guardo en el carro, preparo un buen desayuno y descanso quedando rápidamente dormido.
Nazario dormía plácidamente cuando un ruido le despertó, vio a alguien en cuclillas, llevaba un mantón oscuro con capucha como el que llevaban los frailes y estaba rebañando los restos del desayuno, Nazario grito y aquel personaje salió corriendo, Nazario fue en su búsqueda corriendo detrás de él viendo que de verdad era veloz, casi había perdido la esperanza de atraparlo cuando una raíz traicionera hizo caer a aquel personaje momento que aprovecho Nazario para darle alcance y echársele encima, aquel personaje se defendía como un gato salvaje, ataques que Nazario pudo esquivar arrancándole la capucha dio se cuenta de que no era un pillo si no una joven muchacha.
----Suélteme, no quería robarle solo comer.
---Vale muchacha pero estate quieta.
Poco a poco la joven muchacha se calmo y ceso en su pelea, momento que aprovecho Nazario para ayudarla a levantarse.
----Venga muchacha, no te voy a hacer mal ninguno, si quieres comer yo te daré.
La joven muchacha lo miro y aunque seguía teniendo miedo prefería poder comer, su aspecto era lastimoso, sus vestiduras estaban sucias y rasgadas y su suave piel estaba oculta bajo una capa de mugre dándole aspecto de un animal salvaje, estaba asustada pero accedió a ir hacia el carro y fiarse de aquella persona que después de mucho tiempo le hablo con palabras amables, llegaron al carro y Nazario empezó a buscar en su carro sacando una pastilla de jabón de vainilla.
---Tu desconocida, quítate la ropa y lávate en el rio con esto.
----No querrá usted que me desnude delante de usted.
---No, lo que quiero es que te laves, no sea que al tocar la comida con esas manos pilles una enfermedad.
La joven miro avergonzada y cogiendo la pastilla de jabón se quito sus harapos y se metió desnuda en el rio, Nazario mientras preparaba la comida dejo cerca de la orilla unas enaguas y una falda y una camisola, paso un buen rato cuando la joven salió del rio y se seco con un trozo de tela vistiéndose a continuación, cuando se acerco Nazario vio a una hermosa joven delante de él, era tan bella que no podía apartar la mirada haciendo que ella bajase la mirada con vergüenza, después de unos minutos la comida estaba lista, Nazario cogió un cuenco y se lo paso a la joven que al cogerlo se puso a comer con desespero, como si tuviese miedo a que alguien le quitase el plato, Nazario disgustado se lo quito reprimiéndola.
---Tranquila que nadie te lo va a quitar, y si quieres mas la perola está llena, así que coge la cuchara y come despacio.
Ella se volvió a avergonzar y cogiendo la cuchara de madera que le ofrecía se puso a comer más pausadamente, Nazario lleno dos pequeñas jarras de buen vino para que pasase mejor la comida y en silencio y con tranquilidad terminaron de comer.
----Me llamo Nazario, dime que hacia una bella muchacha sola y hambrienta por el bosque.
Ella lo volvió a mirar avergonzada, tenía un secreto que no quería contar a nadie, pero esa persona se había preocupado por ella le dio de comer y la trato con respeto, no podía perder nada contándole la verdad.
---Me llaman Elisenda y fui repudiada por mi familia y por mi pueblo.
---¿Quién ha sido capaz de repudiar a tan hermosa joven?
---Vera usted, yo tenía una vida hermosa en mi pueblo, el hijo del herrero y yo nos hicimos novios y nuestros padres aceptaban el compromiso, yo aun era virgen y estaba orgullosa de ello, pero mi prometido insistía en tomarme y yo cada vez me negaba, una tarde venia borracho y tomo a la fuerza lo que yo guardaba para mi boda, el resultado fue que quede en cinta pero lo que más me dolió fue que él me desprecio, fue el primero en repudiarme y tratarme como una ramera, mis padres pensaron que la culpa fue mía y que lo engañe a él con lo cual me llevaron a un convento de monjas donde me ocultaron hasta que di a luz, me quitaron a la niña y me devolvieron a mis padres que nada mas verme me repudiaron y me dejaron en la calle, nadie en el pueblo me ayudo y poco a poco me echaron del pueblo, no tuve más remedio que vagar por el bosque y sentirme sola.
Elisenda se puso a llorar, Nazario la llevo hasta su hombro y la tranquilizo.
----Vamos niña, se acabaron tus problemas, ahora me tienes a mí, yo te cuidare.
Ella la miro con sus hermosos ojos y se acurruco en su hombro, lentamente dejo de llorar y se sumió en un tranquilizante sueño, Nazario la cogió en brazos y la metió en el carro arropándola después.
Ese día lo pasaron acampados allí mismo, después de cenar ella le pregunto qué hacía y él se lo explico, después saco su vieja bandurria y canto bellas canciones de amor, ella le acompaño en las canciones que conocía dándose cuenta que aparte de la belleza tenía una hermosa voz, la noche se hizo cerrada y se fueron a dormir, al día siguiente el camino seria largo y tenían que descansar.
Al alba prepararon los enganches pero antes de partir desayunaron bien, Nazario se fijo en ella y antes de subir al carro le hizo otro regalo.
----Elisenda espera, no querrás ir como una gitana.
Nazario rebusco en su carro y salió con unas preciosas zapatillas de lona y esparto.
---Ahora sí que eres una princesa.
Ella avergonzada bajo la mirada y le regalo una bella sonrisa que lleno de felicidad el solitario corazón de Nazario.
Siguieron camino por tierras castellanas pero esta vez era distinto, Nazario tenia alguien con quien hablar, alguien que le hacía compañía y ella tenía alguien que la protegía, cuidaba y respetaba, también iba bien para los negocios porque gracias a la dulce voz de Elisenda los aldeanos y habitantes de los pueblos que visitaban se agolpaban frente al carro para escuchar tan bellas canciones, también las ventas aumentaron y las noches en las tabernas eran más animadas y el vino corría a jarras llenas sin costarles ni una moneda, parada tras parada llegaron a Medina del Campo, llegaron a casa.
Metió el carro y desengancho las mulas, tenían merecido un buen descanso y se propuso enseñar la casa a Elisenda.
----Mira Elisenda, esta será tu casa mientras tú quieras, tú serás la señora de esta casa.
De pronto se abrió la puerta y entro Anastasio, el hermano menor, iba pletórico de alegría por la presencia de su hermano cuando quedose prendado de la compañía que traía su hermano la bella Elisenda.
----Que pasa hermano, ¿ahora vas recogiendo los ángeles que caen a los caminos?
----Te presento a Elisenda.
----No será mi cuñada.
---No, no hay nada entre nosotros, solo me la encontré y necesitaba ayuda.
---Si hombre, no me digas que con tal hembra no has tenido…
----No, te he dicho que no hay nada, solo la protejo, además me va muy bien para las ventas.
---Bueno, como tu digas, que traes de nuevo.
---Tengo un vino aragonés y embutido catalán maravillosos, son placeres para el estomago.
---Sácalos pues.
Dieron buena cuenta del manjar mientras contaban las historias acaecidas por tantos meses de ausencia y de camino, comiendo y hablando se hizo la noche, Anastasio volvió a su casa no sin antes hacerle prometer a su hermano que por la mañana visitarían las tierras y se tomarían unos vinos en la taberna.
Aquella noche estaba Nazario en su alcoba, agradecía a Dios poder gozar de una buena cama después de haber dormido por los caminos, estaba a punto de dormirse cuando se abrió la puerta y entro Elisenda, iba con un casto camisón que cubría su cuerpo y sin decir nada deshaciendo el lazo que adornaba el cuello del camisón se lo quito quedándose completamente desnuda, Nazario la miraba sin decir nada, la veía tan hermosa que como dijo su hermano era un ángel caído del cielo.
----Nazario, sé que me has respetado y dado cariño en estos días y te lo agradezco, no tengo nada que ofrecerte solo mi cuerpo, es tuyo tómalo.
----Mi niña, sabes bien que te he cogido cariño, lo que no sabes es que me estaba enamorando de ti y verte así delante mía es un sueño para mí.
----Pues entonces tómame y bésame.
Elisenda se metió en la cama de Nazario, este la beso, la amo y la tomo, la hizo suya, gozo de aquel maravilloso cuerpo notando que a cada minuto su amor por ella crecía en su corazón mientras ella se sentía amada, se sentía mujer y le agradaba sentir las caricias y abrazos de un hombre que la amaba, hicieron el amor hasta altas horas de la noche quedándose ambos dormidos y abrazados.
Al día siguiente Anastasio se presento con dos caballos.
---Venga Nazario, me prometiste que iríamos a nuestras tierras.
---Voy, voy, no tengas prisa.
Montaron en sus caballos y partieron hacia las tierras, no se había olvidado de la belleza del paraje ni de los árboles frutales que indicaban el comienzo de sus tierras, al llegar a las tierras de cultivo vio a la mujer y a los cinco hijos de Anastasio sacando agua del rio y regando los cultivos.
---Que hacen.
---Regar, menos mal que padre compro las tierras cercanas al rio, este año será malo, lleva meses sin llover y las tierras piden agua.
---Tan mal están las cosas que tenéis que regar a mano.
---Si, están muy mal, yo puedo dar gracias a que podre salvar las cosechas pero a fuerza de nuestro sudor.
Nazario bajo del caballo y saludo efusivamente a su cuñada y a sus sobrinos, que tan buen trabajo estaban haciendo, les dijo que pasaran por casa pues tenía regalos para todos, después ambos hermanos se fueron a la taberna donde bebieron hasta la hora de comer.
Paso el tiempo y las primeras nieves se adelantaron helando las cosechas que aun no habían sido recogidas, aparte de la sequia que había castigado al campo estas nieves fueron otro mazazo para los cultivos hundiendo más en la miseria a los agricultores previniendo un terrible año lleno de malas cosechas y hambre.
Nazario estaba nervioso, deseaba que pasase la época de nieves para salir de nuevo a los caminos, en aquella magnifica casa estaba como atrapado, lo único que le consolaba era el amor de Elisenda que cada día que pasaba era más fuerte, las visitas a la taberna le auguraban un año terrible, no solamente era el estado del campo y el hambre que se avecinaba, si no que se oía hablar de una enfermedad que estaba arrasando Europa y estaba entrando a España, pueblos costeros como Barcelona, Valencia y Mallorca estaban siendo arrasadas por la peste negra, Nazario no le dio mucha importancia, pensaba que sería un mal de marineros y que no se adentraría hacia las comarcas del interior.
Llegaron las navidades y el comienzo del año de nuestro señor 1348, faltaba poco para acabar la época de nieves y Nazario ya preparaba el carro con vino quesos y otros enseres con los que pudiera negociar, pasaba el tiempo y los caminos volvían a estar libres de nieves, era el momento ideal para ponerse de nuevo en marcha, Elisenda y Nazario subieron de nuevo al carro y despidiéndose de la familia partieron por los caminos de Castilla.
Tomo de nuevo los caminos pero esta vez era diferente, Elisenda le acompañaba, pararon en un bosque cogió una de las ballestas y se adentro en el, al par de horas apareció llevando dos ciervos que cargo en el carro, siguieron camino hasta llegar a un monasterio donde era conocido y sabia que le darían cobijo, cogió varias de las armas que en su día guardo en el carro hizo un paquete y montando una de las mulas salió, se dirigió a casa del conde a la que unía una gran amistad, llegose a las puertas de su residencia solicitando permiso para verlo, permiso que no solo fue concedido si no que el mismo conde salió a su encuentro.
---Hombre Nazario, ¿que buenas te traen por aquí?
----Varios asuntos, el primero que he matado dos ciervos.
----Mal hecho, sabes que está penado con la horca.
---Pero tengo permiso de un amigo.
---Pero, ¿para qué quieres dos ciervos?
---Para un banquete de boda a la que quiero que asistas.
---Normal, los ciervos son míos, y quien es la afortunada.
Nazario conto la historia de Elisenda y sabia que siendo repudiada mal podía conseguir el permiso de la iglesia, le solicito a su amigo que le diese el permiso y que abogase porque un sacerdote los casase a lo que el conde accedió, Nazario le entrego los presentes que llevaba en la mula.
----Aquí te traigo dos estupendas ballestas con treinta flechas y un presente especial que te causara dolor.
---Que presente me puede afectar a mí.
Nazario le entrego la noble espada que hayo en el campo de batalla, espada que llevaba en su empuñadura un escudo de familia, al verla el conde pregunto por ella contándole Nazario toda la historia y contando el posible trágico final pues la encontró con una mano aferrada a ella.
----Si Nazario, era de mi sobrino fallecido, gracias a ti se la podre mandar a mi hermana, se que le gustara tenerla, pero fuera penas, donde quieres casarte.
---Como tengo amistad con los frailes quisiera que fuera en la capilla del monasterio.
---Pues ves para el monasterio, en breve apareceré con el sacerdote.
---También un último favor, como ya te he contado a Elisenda le fue retirada a su hija, se que está en un convento, me gustaría recogerla.
----Eso está hecho, parte hacia el monasterio, yo me encargo de todo.
Nazario llego al monasterio donde a escondidas de Elisenda se estaban haciendo los preparativos, se acerco a ella con un paquete y se lo ofreció, era un hermoso vestido y unos zapatos nuevos lo cual sorprendió a ella.
---Nazario, a que viene esto.
---Porque quiero que resaltes en tu boda.
---¿En mi boda?
---Si, hoy nos casamos tú y yo.
Elisenda se echo en sus brazos loca de alegría, deseaba esa boda y temía que no la dejasen casar, cogió el vestido y se fue rápidamente a ponérselo, pues según Nazario en un par de horas estarían casados.
A la hora llego el carruaje del conde que venía con el sacerdote, entraron en el monasterio y fueron hacia la capilla donde esperaba Nazario.
---Hombre, donde está tu prometida.
---Es que quisiera que usted tenga el honor de ofrecérmela.
El conde salió de la estancia y cuando todo estaba preparado entro con la bella Elisenda, un coro de frailes cantaron en aquella boda mientras que los demás ocupaban los bancos como invitados pareciéndoles divertido salir de la seriedad y la monotonía del monasterio, el banquete fue opíparo, estofado de ciervo y asado de ciervo todo regado con buen vino, hasta el conde bromeo.
----Por un día los frailes comerán bien.
Y era cierto, porque la comida diaria de los frailes consistía en una insípida sopa de verduras y hogazas de pan duro, después de la opípara comida el conde se despidió no sin antes regalarle una daga con empuñadura de plata y los frailes un magnifico rosario de marfil, pasaron la noche en el monasterio y al día siguiente prosiguieron el camino.
Salieron de Simancas en dirección al pueblo más cercano, por el camino Nazario se dio cuenta de que Elisenda aunque era feliz tenía una pena en el alma.
---Que te pasa Elisenda, te veo triste.
---Nada, si soy feliz, pero he pensado en la niña que dejaron en el convento, al fin y al cabo es mi niña, me gustaría que mis dos hijos estén juntos.
---¿Como tus dos hijos?, yo pensaba que solo tenias una niña.
---Si pero estoy esperando un hijo tuyo.
Nazario se alegro tanto que paro el carro y se puso a bailar en medio del camino, Elisenda reía feliz porque sabía que su marido lo deseaba y no lo abandonaría, Nazario para contentar a Elisenda le enseño el papel redactado y firmado por el conde y el sacerdote para que le hiciesen entrega de la niña, Elisenda sonreía feliz, gracias a Dios tendría a su niña y serian una familia feliz.
---Cuando vamos a ir a buscarla.
---Cuando volvamos a Medina, ahora sería muy duro el viaje para una niña tan pequeña, dentro de ocho meses seremos una familia completa.
Después de las buenas nuevas prosiguieron camino, lo que no sabían es que sería un viaje que no olvidarían.
Fueron pueblo por pueblo y la verdad es que apenas vendieron nada, las malas cosechas traían pobreza y hambre, la gente apenas se arrimaban al carro y las noches en las tabernas quedaron en nada, muchas veces se cruzaban con gente que viajaban de pueblo en pueblo con la esperanza de encontrar un trabajo para poder comer, eran viajes inútiles pues el sabia que en todos los pueblos estaban igual.
El embarazo de Elisenda seguía su progreso estando su barriga más grande cada día, Nazario ocultaba a Elisenda la mala situación que había y aunque en un pueblo solo sacasen unas pocas monedas siempre le decía que en el próximo seria mejor, cosa que nunca se cumplía.
Llegaron a la zona de Aragón, donde la situación era la misma, parecía como si la pobreza y el hambre se hubiese instalado en toda España, pero como dice el refrán de que a perro flaco todo son pulgas comenzarían a ver una cosa que les lleno de autentico miedo, faltaba media jornada para llegar a un pueblo cuando vieron a un hombre tumbado a un lado del camino, Nazario bajo del carro dando orden a Elisenda de que no se bajase ella, se acerco a ese hombre dándose cuenta de que estaba moribundo, estaba medio desnudo y su cuerpo estaba cubierto por unas costras de color rojizo, estaba delirando de fiebre y cuando vio a Nazario en su delirio hablo.
---No sigáis buen hombre, la muerte esta allí, dad media vuelta no vayas.
Aquel pobre desgraciado dejo de hablar para vomitar sangre, una sangre negruzca y maloliente, no sabía lo que estaba pasando, había oído de la enfermedad de los marineros, no podía pensar que la enfermedad había llegado tan lejos, enterró a ese pobre desgraciado y siguió camino.
Por el camino se encontraron a mas victimas de aquella enfermedad, unos estaban moribundos, otros a duras penas podían caminar, todos tenían las marcas de aquella enfermedad, a medida que se acercaban al pueblo notaron un olor a carne quemada, olor que les obligo a taparse parte de la cara con un pañuelo, vieron a la entrada una pira de cadáveres ardiendo y como vecinos del pueblo traían mas cadáveres y los echaban al fuego, uno de los que los transportaba se puso a vomitar aquella sangre oscura y sin pensárselo se tiro a la pira ardiente, sus gritos de dolor se mezclaba con los llantos de los habitantes del pueblo, a medida que entraban veían a un pueblo agonizante, una madre tenía a su hijo muerte en brazos y ni sus lloros ni sus lagrimas le devolvían la vida, los muertos desnudos estaban en las calles tirados los demás lloraban a sus muertos sabiendo que ellos también estaban enfermos, llegaron a la plaza donde el sacerdote se les acerco.
----Que hacéis buenas almas huid de aquí o la peste negra os matara, huid mientras podáis.
Todo lo que veían les sobrecogía el alma, la iglesia estaba llena de gente rezando mientras que alguno caía al suelo de la iglesia agonizando, esperando la muerte, el olor a muerte y a podrido inundaba todo el pueblo, solo deseaban salir de allí.
Pueblo tras pueblo la escena era la misma, gente muerta en los caminos, piras de cadáveres ardiendo, dolor y llanto, cadáveres en la calle esperando a que los recogiesen y gente muriendo, unos en la intimidad, otros tirados por la calle y la olor, esa olor a podrido y a muerte.
La peste negra dominaba todos los pueblos de la comarca, afectando a todos, ricos y pobres, niños y ancianos, mujeres y hombres todos muriendo en una larga agonía, enterrados en fosas comunes o quemados en piras funerarias, hubo pueblos que desaparecieron convirtiéndose en pueblos fantasmas donde los cuervos y las alimañas se alimentaban de los cadáveres que no pudieron ser enterrados o quemados, transportando así la enfermedad.
Nazario tuvo miedo de que pudiesen coger ellos la enfermedad proponiéndose a huir de ella, dar media vuelta y volver a casa, en su huida llegaron a una ciudad amurallada, allí el dolor aun no había llegado con lo cual se acerco para pedir cobijo, a medida que se acercaba al portalón dos soldados se acercaron corriendo esgrimiendo su lanza.
----Donde creéis que vais.
---Pedimos cobijo, soy buhonero, puedo pagar los servicios.
---Lo sentimos, aquí nadie puede entrar ni salir, así que váyanse.
---Por favor, mi mujer está a punto de dar a luz.
A una señal del soldado en los torreones aparecieron una docena de arqueros con sus arcos preparados.
----Os lo diré por última vez, o dais la vuelta o moriréis.
Nazario dio la vuelta al carro y salió de allí, lo que no sabía era que en menos de un año la población de esa ciudad menguaría a menos de la mitad, que la peste negra la arrasaría.
Iban evitando los pueblos, ya sabía de sobra que su negocio no iba a prosperar así que decidió ir directamente a casa.
Pueblo tras pueblo era lo mismo, la muerte negra se les había adelantado, los gritos de dolor y muerte les sobrecogía el alma, a Nazario y Elisenda solo les quedaba rezar por sus almas, siguieron camino, estaban tristes y abatidos, al caer la noche estaban temerosos y Nazario comenzó a dormir con un arma, temían a la gente que huyendo de la peste se echaban a los caminos robando todo lo que pudiesen, algunos morían en el camino y otros transportaban la enfermedad, solo unos pocos muy pocos parecían inmunes a la peste, pero tenían hambre y estaban demasiado débiles encontrando igualmente la muerte, se llegaba a la conclusión que si no te mataba la peste te mataba el hambre.
Como siempre acampaban en las orillas de algún rio, cosa que tampoco les daba seguridad pues de vez en cuando veían bajar a algún muerto por sus aguas y en algunos sitios el olor a putrefacción les avisaba de que había un muerto cerca varado en alguna orilla o enganchado en la maleza, lo poco que les quedaba de comida la racionaban siendo sus comidas escasas pero que le servían para seguir camino, ya no hablaban entre ellos, la tristeza era tan grande que lo único que pronunciaban eran rezos por las almas de aquellos muertos victimas de aquella horrible situación.
Una noche estaban dormidos dentro del carro, Nazario que tenía el sueño ligero oyó pasos, despertó a Elisenda y le puso un pañuelo en la boca para que no gritase, no sabía lo que iba a pasar solo que aquellos pasos se acercaban, vio una silueta de alguien que quería entrar en el carro cuando de pronto se le echo encima, Nazario tenia la daga preparada y cuando lo tenía encima se la clavo en el corazón, vio la cara de aquel infortunado que estaba muriendo en sus manos, Elisenda estaba aterrada pero no profirió ni un grito, Nazario se levanto y desenvaino una espada, sabía que habían más esperando afuera, así que tiro el cadáver afuera esperando asustarlos y de un salto salió del carro con tan buena fortuna que su espada se clavo en la cabeza de otro asaltante matándolo en el acto, quedaban tres que estaban demasiado débiles para plantarle cara, pero el hambre les incitaba a no rendirse, Nazario tuvo que luchar valientemente y uno tras otro los fue matando, solo uno quedo agónico en el suelo, Nazario se acerco a él.
---¿Porque habéis hecho esto?,¿porque me habéis atacado?
---Porque tenemos hambre, perdona….
Fueron las últimas palabras antes de morir, Nazario cogió los cuerpos y los escondió entre los matorrales, después se lavo las manos con fuerza, le daba la impresión de que la sangre no salía de sus manos y que siempre las tendría manchadas.
Llegaban a Castilla donde la peste negra no había llegado, solo la pobreza y el hambre habitaban en las comarcas, pero por desgracia comenzaban a verse casos aislados de la enfermedad, Nazario sabia que en pocos días la peste negra dominaría todas las comarcas pero no quiso contar nada, no quería que pensasen que fueron ellos los que la trajeron, así que decidió no hacer ninguna parada y no parar hasta Medina.
Una noche Elisenda comenzó a gritar, los dolores del parto se adelanto un mes y para males mayores estaban como mínimo a tres jornadas de cualquier pueblo, Nazario no sabía qué hacer, y aunque lo supiera no podría hacer nada, ella seguía gritando cuando de repente empezó a sangrar por sus partes, Nazario ponía trozos de tela y camisas para intentar parar el sangrado pero igual que las ponía se llenaban de sangre, pasaba el tiempo y el niño no salía mientras que los dolores aumentaban y la sangre no cesaba, Elisenda sabía que algo iba mal y que iba a morir, pero no sin antes sacarle una promesa.
----Nazario, me muero, prométeme que iras a por la niña.
Nazario con lágrimas en los ojos no tuvo más remedio que acceder.
---Te lo prometo, pero tú no vas a morir, tú vendrás conmigo y estaremos todos juntos.
Poco a poco la vida de Elisenda se fue apagando, ya no le quedaba sangre en su cuerpo y entrando en un sueño placentero murió con aquel niño que no llego a salir.
Nazario lloro, lloro durante horas pidiéndole a Dios el porqué se la había llevado, la vistió con el traje de boda y los zapatos nuevos y llorando cavo una fosa, con todo el dolor de su corazón la metió dentro y le puso el rosario en su pecho, la cubrió de tierra y puso una tosca cruz, horas estuvo de pie frente a la tumba de su amada, quería morir también pero se acordó de su promesa y tomo camino hacia el convento.
Varias jornadas tardo en llegar al convento, fue un camino triste sin su amada, bajo del carro y llamo al portalón de entrada, después de varios minutos le atendió una monja.
---Que desea buen hombre.
---Venia buscando una niña, su madre era Elisenda Rodríguez Zarate.
---Lo siento pero no estamos en posición de atenderle.
---Mire traigo una carta del conde de Simancas, pero solo se la daré a la madre superiora.
Tuvo que esperar quince minutos hasta que la superiora del convento salió, leyó los papeles que Nazario le entrego dudando de la historia que Nazario le conto.
---Mire, tengo que cumplir la promesa que le hice a mi moribunda esposa, si no me entrega a la niña mi próxima visita será con el conde en persona, y le advierto que no goza de simpatía y sus palabras serán peor que las mías.
La superiora del convento no dijo nada, se limito a entrar y salir a la media hora con una pequeña niña de dos años, Nazario la cogió en brazos y se la llevo con él, se fijo en que era hermosa y que se parecía a su madre, ilusionado aunque triste subió al carro con la niña y partió hacia Medina.
Miraba a la niña con amor de padre que no pudo tener a su hijo en brazos pero que tenía a la hija de su esposa amada.
---Sabes pequeña, te llamare como tu madre y te cuidare como la cuide a ella, y si con ello tengo que dejar los caminos los dejare, de todos modos ya no era un buen negocio.
Sentó a la niña en sus rodillas y jaleando a las mulas grito.
---Venga mulas, vamos para Medina, vamos a casa, que para vosotras y para mí se acabo esta vida errante, a partir de ahora seré un buen padre.

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Comentario por Evangelina Valdez el marzo 8, 2010 a las 11:14pm


Hermosa historia y trágica a la vez, me hizo poner triste.
Besos
Comentario por Gitana67 el marzo 5, 2010 a las 6:53pm

Aquí vengo en mi carro vendiendo mis Bisuterías artesanales y un poco misticismo gitano cual desea usted jijiji besos "G"

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