Poesia, pensamientos y reflexiones.

El desván del poeta.

EN BUSCA DE LA ESENCIA MILAGROSA (relato a dos manos / tercer capítulo de cinco)

 

Capítulo III

 

Mateo observó el panorama con unos prismáticos que le facilitó Francesca (habían hecho buenas migas en el último tramo) y buscó la ubicación del ferrocarril que los llevaría a su destino final.

   - Debemos recorrer unos trescientos metros hasta llegar a la estación del tren que nos conducirá a Hsipaw - le dijo a los demás

Lionel suspiró profundamente al escucharlo, pero evitó hacer comentarios... recordó la penetrante mirada que le dedicara Bernardo minutos antes. Álex había dado muestras de su valentía con los perros, no sería oportuno de su parte demostrar miedo a abordar ese tren.

Una vez que hubieron arribado a la estación Mandalay, Bernardo se dirigió a la ventanilla de expedición de pasajes. Luego se ubicó junto a los otros en uno de los asientos de madera dispuestos allí para esperar la llegada del convoy.

Varda tomó un paquete de galletas de adentro de su mochila y les convidó a todos.

Transcurrieron veinte minutos hasta que el tren estacionó junto al andén y los siete expedicionarios lo abordaron, algunos con entusiasmo, otros con curiosidad... Lionel con temor.

    - Ahhh... esto es emocionante, sentarme nuevamente aquí me trae recuerdos de mi juventud - dijo el profesor Germán

    - ¿Fueron gratos momentos, profesor? - preguntó Varda

    - Sí, absolutamente - respondió éste

El tren se puso en marcha y todos aplaudían, menos Lionel.

Transcurrió más de una hora de recorrido y -a medida  que se aproximaba el tramo del viaducto- las pulsaciones del fotógrafo aumentaban el ritmo.

Francesca, que no perdía detalle de nada, advirtió la palidez de Lionel y le hizo una seña a Bernardo, que se hallaba sentado junto a éste, para que observara su semblante.

    - ¿Te sientes bien, Lionel?... te noto algo pálido - le preguntó el guía

    - No pasa nada, es la falta de costumbre de subirme a un tren... llevo mucho tiempo sin hacerlo - salió del paso el muchacho

    - Entre nosotros... (dijo en voz baja) ¿Le temes a las alturas, verdad? - preguntó Bernardo

    - Algo así... - respondió escuetamente el otro

    - Bueno, si es necesario cierra los ojos, estamos por arribar al viaducto Goteik y no quisiera sembrar el pánico en los demás con tus gritos... jejeeee - le dijo con ironía

Ya en ese tramo, todos exteriorizaron un prolongado Ohhhh de admiración ante el imponente paisaje visto desde las ventanillas.

 

    - Me pregunto si este tren es seguro... - dijo Varda al comprobar la impresionante altura por donde se hallaba circulando el convoy

Las vías eran estrechas, lo cual generaba cierto temor en los pasajeros que no estaban habituados a subirse a este tren.

Alex -sentado junto a Varda- miró hacia abajo con naturalidad y luego le dijo:

    - Ya superamos lo de los perros... esto no es nada comparado con eso

    - Te sientes ganador ¿verdad?... en cierto modo me da seguridad estar a tu lado en este tren - le dijo Varda mientras se le arrimaba

El ferrocarril había disminuido su velocidad al atravesar ese tramo, lo cual generó un molesto chirrido, como si le faltara lubricación a los engranajes... y Francesca se tapó los oídos.

    - Tranquila, ya falta poco - le dijo Mateo, quien se hallaba sentado junto a ella

El profesor, a quien la había tocado en suerte sentarse con un desconocido, observaba con curiosidad -y, a la vez, preocupación- el modo en que éste saltaba sobre el asiento. Se preguntaba si las galletas consumidas en la estación ya habrían culminado su correspondiente proceso de digestión.

    - Discúlpeme... ¿sería tan amable de dejar de saltar? temo vomitar lo que acabo de ingerir - le dijo Germán, pero el otro no le entendió

Volvió a intentarlo en un dialecto que suponía era el que manejaban allí (el profesor dominaba muchos idiomas) y entonces sí obtuvo el resultado esperado. El joven a su lado temió ser ensuciado de vómito y entonces se levantó para sentarse en otro sitio. Tal vez sus brincos fueran una manera de sobrellevar el miedo a las alturas.

Las incomodidades del tren, que había visto días mejores, no evitaron que nuestros entusiasmados expedicionarios disfrutaran de las maravillosas vistas, que como una película de la naturaleza, podían apreciarse desde las ventanillas, no obstante las peligrosas curvas que debían salvar los deteriorados vagones.

Y por fin llegaron sanos y salvos a destino. 

Bajaron todos sus bártulos en el precario andén; Bernardo tomó la iniciativa y detrás de él se encaminaron hacia el centro de Hsipaw, típico pueblo de montaña.

Germán anticipó que -según lo leído- en esta época las copiosas lluvias podrían llegar a ser algo problemáticas, pues convertían todos los caminos en una masa espesa de barro, que dificultaría la caminata.

Varda y Alex, que se habían adelantado, volvieron en pocos minutos con una sonrisa en sus rostros.

    - A escasos metros hay un pintoresco mercado, los olores y los colores son atrayentes, vengan, sígannos - exclamó la jovencita.

Y, sin dudarlo, todo el grupo se encaminó hacia allí.
Por cierto, la variedad y la cantidad de productos allí exhibidos era un regalo para los ojos.

Bernardo y Francesca -encargada de la comida- se ocuparon de adquirir lo necesario para el trayecto, mientras que los demás disfrutaron de la amabilidad de los pobladores que trataban de atraerlos ofreciendo su mercancía. 

Mateo consiguió entenderse con un anciano sentado en un rincón del mercado, quien fumaba una especie de cigarro, éste le informó que a unos pocos kilómetros, siguiendo el curso del río cercano al pueblo, encontrarían una choza de gran tamaño, allí podrían obtener más detalles del lugar que buscaban, de boca del ermitaño que la habitaba.

Lionel, ya recuperado del mal momento que le tocó atravesar arriba del tren, se puso a tomar fotografías de todo cuanto halló a su paso… y había bastante en el valle de Hsipaw para despertar su curiosidad.

El Mercado Central era uno de los mejores de todo Myanmar, al que asistían miembros de diferentes grupos étnicos, interesados especialmente en las velas.

 

Allí el profesor Germán tuvo oportunidad de demostrar nuevamente sus amplios conocimientos lingüísticos, cuando uno de los integrantes de la tribu Shan se le acercó para ofrecerle sus productos artesanales.

Si bien no compró nada, aprovechó la buena predisposición del  hombre para preguntarle sobre algún lugar que pudiera resultar interesante visitar. Y vaya uno a saber qué entendió el Shan… quizás el profesor había errado la fonética, el caso es que lo condujo hacia un pasillo largo y estrecho, en cuyo final había un retrete. Una vez allí, Germán se sonrió y alzó la mano en señal de agradecimiento. Y ya que estaba, vació su vejiga.

El aroma que desprendían los alimentos recién adquiridos por Francesca en el mercado incentivó el apetito de algunos.

    - Mmm… eso huele muy bien, se me abrió el apetito – dijo Varda

    - Si, a mí también me está picando el bagre – se sumó Alex

    - Busquemos un lugar en donde sentarnos para llenar el tanque y así continuar bien energizados – dijo Bernardo

    - ‘Picar el bagre… llenar el tanque’… qué terminología más académica – dijo irónicamente Varda

Cuando Francesca desenvolvió los paquetes había diversos platillos para elegir:

* lephet thoke: hojas de té en conserva mezcladas con col rallada, jitomates rebanados, frijoles fritos y crujientes, nueces y chícharos, un chorrito de aceite de ajo y unas rebanadas de chile y ajo.

* nga htamin; arroz cocido con cúrcuma, machacado y moldeado como tortilla, al que se le agregan hojuelas de pescado de agua dulce y aceite de ajo.

* buthi kyaw: trozos de calabaza rebozados y fritos.

* nangy thoke: consiste en fideos gruesos de arroz con pollo, rebanadas delgadas de pan de pescado, brotes de frijol precocidos y rebanadas de huevo cocido.

Y todos dejaron de lado sus prejuicios gastronómicos ante la inevitable manifestación del hambre, entregándose de lleno a la degustación de esos menús.

CONTINUARÁ

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Autores:

Laura Camus (Argentina)

Beto Brom (Israel)

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*Registrado/Safecreative N°1606058078337

*Imágenes de la Web

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Comentario por Beto Brom el julio 27, 2018 a las 11:10pm

Queridos ENRIQUE, JOSEFA, NELSON, CELESTE...

los estamos esperando en la continuación, ¿vienen?

Comentario por Enrique Nieto Rubio el julio 27, 2018 a las 7:56pm

muy buena esta historia en este tren 

os felicito a los dos .  es muy buena .  

Comentario por Josefa Alcaraz Martínez el julio 27, 2018 a las 5:06pm

Aquí seguimos disfrutando de vuestra magmífica narrativa
Graciasss...

Comentario por NELSON LENIN el julio 27, 2018 a las 4:49pm

Un ensueño enmarcado en la pintura plasmada con tu pluma y en esa imaginación portentosa, hacen de este viaje un suspiro para el lector, saludos y felicitaciones es grato tener un amigo de tus kilates 

 

Comentario por celeste hernandez el julio 27, 2018 a las 3:34pm

vaya viajecito que nos dejas sentir con tus maravillosas letras, la vista, el pánico a las alturas, el mercado...todo me hizo sentir que yo estaba alli...gracias BETITO  por compartir.felicidades.Celeste.

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