Poesia, pensamientos y reflexiones.

El desván del poeta.

Desde hace diez años he visto como entra y sale aquel anciano de la cantina, tendrá unos 75 años, y siempre camina aletargadamente, de hecho, cada paso parece ir al ritmo de un reloj de bolsillo, siempre va usando un traje ya gastado por los años, de un color gris, que lentamente se va convirtiendo en blanco, un sombrero que ha perdido su color que cubre una amplia calva, usa unos zapatos de charol lustrosos que ya perecen que se han quedado sin suela. Entra en la cantina, se sienta junto a la barra y pide un vaso con Whisky, saca una vieja libreta de su bolsillo, me parece que es una agenda forrada de cuerina y mientras la lee él siempre toma un sorbo de su trago. A causa de esa costumbre todos en el pueblo lo llaman el viejo escoses, aunque su nombre real es Julio, creo no lo sé con certeza, de hecho, lo único seguro es que cada tarde ira a la cantina a beber su whisky.

A veces he entrado en la cantina para observarlo con mayor detenimiento, pido una cerveza y me siento en la barra para ver si entablo una conversación con el escoses, lo saludo y él me devuelve una sonrisa cálida y llena de amistad, sin embargo, él solo regresa a su agenda encerrándose en su propio universo. En otra ocasión, llevado por mi curiosidad trate de mirar lo que estaba escrito en la agenda, pero el anciano muy receloso, como si le fuese a robar algo, estrujo lentamente el libro contra su pecho, giro lentamente su rostro hacia mi y me sonrió sin decirme nada, dejándome ver que  tiene su dentadura propia, me aleje por temor a mi imprudencia, el Escoses solo se carcajeaba al ver mi miedo, por lo que yo también solo me reí.

Ya con el pasar del tiempo, también se me estaba haciendo un habito acompañar al Escoses en la cantina, compre un libro para leer junto a él en el barra, y así que cada tarde al salir del trabajo, iba a la cantina, y me encontraba con el Escoses en la puerta, nos sentábamos en la barra, yo pedía una cerveza y el su whisky, el sacaba su vieja agenda y yo pues el libro que compre y juntos leíamos hasta que se acabara el trago. Así los días se volvieron meses y los meses años, me case tuve mi familia, pero nunca deje de ir a la cantina a leer junto al Escoses. Entablamos una amistad silenciosa, solo me sonreía y en cada sonrisa tácitamente teníamos nuestra platica…

Como se han de imaginar al pasar el tiempo el Escoses se debilitaba más, el traje perdió completamente su color, y los zapatos iban perdiendo su brillo, el sombrero, de tan desgastado que estaba, lo dejo de usar, la agenda que leía parecía que se iba quedando sin hojas y su cálida sonrisa brillaba con mayor dulzura. Un día salí temprano del trabajo, así que para sorprenderlo me adelante a la cantina, y compre ya mi cerveza y su whisky, estuve en la cantina por dos horas, cuando lo vi entrar por la puerta, su andar era mas lento y se acerco a la barra, y con una fuerza extrema apenas y pudo sentarse en el banquillo, lo ayude y le di el vaso para que se lo bebiera. Me contesto igual con una sonrisa, sin embargo, lucia triste, saco de su bolsillo su agenda y un viejo libro, su mano temblorosa la estiro hacia mí, parecía que el aire construyo un muro infranqueable para la fuerza del anciano, me sonrió y dijo: -Tómalo, es para ti…  Y continuó viendo su libreta roja, y yo leyendo el libro. Al día siguiente, nos enteramos de que el Escoses falleció y todos los clientes de la cantina fuimos a darle el último adiós a tan pintoresco personaje, que de alguna forma u otra era parte de nuestras vidas…

Hoy en día ya estoy jubilado, aun sigo yendo a esa cantina a beber una cerveza, mientras leo un libro, el asiento donde el Escoces solía sentarse está vacío, lo he extrañado todo este tiempo, a pesar de que jamás supe su nombre completo, creo que venir aquí solo hace que mi andar sea un poco mas triste. Un día llego un muchacho, no ha dejado de mirarme, se acercó a mí, se sentó en el mismo lugar que ocupaba el Escoses y pidió un whisky añejo, le sonreí con cortesía para saludarlo, una sonrisa que el amablemente devolvió.

Gaalo Fernando Altamirano

17/06/2018

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Comentario por rafael vicente padron ruiz el junio 21, 2018 a las 3:16am

muy buen relato , lo lei dos veces esta del uno. 

Comentario por Enrique Nieto Rubio el junio 20, 2018 a las 6:57pm

vaya es preciosa la historia de este pobre hombre el Escocer, 

PERO amigo tu has ocupado su lugar pes eres el mismo reflejo de el, 

muy bellas y muy triste. ha saber lo que su mente guardaba, 

quizas un desplante el día de su boda,  o que se yo .  

SALUDOS . 

Comentario por rafael Mérida Cruz-Lascano el junio 18, 2018 a las 7:43pm

Agradecemos y felicitamos tu obra

Comentario por magi balsells el junio 18, 2018 a las 4:21pm

Comentario por NELSON LENIN el junio 18, 2018 a las 3:27pm

Felicitaciones por tus letras, saludos desde la mitad del mundo

   

Comentario por Beto Brom el junio 18, 2018 a las 11:09am

MIS SINCERAS FELICITACIONES!!!!

Shalom amigazo

Comentario por celeste hernandez el junio 18, 2018 a las 6:06am

Misterioso escoses...que un legado te dejo...quizas un dia dejes el legado y misterio sobre tu vida a otro visitante...la rueda de la cida gira, gira, gira...Felicidades Galo siempre es grato leerte. Celeste.

Comentario por Josefa Alcaraz Martínez el junio 18, 2018 a las 1:59am

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