Poesia, pensamientos y reflexiones.

El desván del poeta.

Espejo de DiotimaYa pasó el invierno triste 1

Ya pasó el invieron triste 1

con su helada faz y fe,

la hora nueva ya se viste

de colores. Ya se ve

en la tierra gaya danza

de la vida en explosión.

Con impulso ya se lanza

Hacia el campo el corazón.

Cómo ahora cambia todo. 2

Cómo el mundo múdase hoy.

Cuánto acorde de otro modo.

Cuántas voces siento y doy.

Mi garganta irrumpe en canto.

Ven mis ojos cande albor.

Todo suena con encanto.

Todo brilla con primor.

Eres, tú, Diotima nueva, 3

pues tú sabes la verdad,

que en el alma afirma y prueba

la mayor felicidad.

Eres tú sacerdotisa

del misterio del amor;

es tu aliento dulce brisa,

que se enciende con fervor.

Eres tú de flor belleza, 4

eres tú diamante en luz:

con tu salmo entero reza

el más alto amor en cruz.

Eres tú la tierra blanda,

que convida a reposar

la cabeza, que demanda

paz tranquila y bienestar.

Qué despacio pasa el día 5

como noche toda igual.

Qué larga es la noche fría

como día sin final.

Cómo pasa el tiempo y hiere,

en las horas del dolor,

como sombra que no quiere

deshacerse en el fulgor.

Busco a tientas, busco a locas 6

en la incierta oscuridad,

entre breñas y entre rocas,

unas migas de verdad,

que me guíen a un oriente

donde nazca un ideal

de perfecto continente,

que contenga lo real.

Entre nieblas se debate 7

el ser que me carga a mí,

en confuso y largo embate,

sin que sea zahorí,

que algún pozo encuentre o vena

de agua viva o manantial,

con que riegue mi alma en pena

y me cure de mi mal.

¿Cómo puedo yo llamarte, 8

admirable y noble ser?

Donde das, Diotima, tu arte,

¿quién a mí me hará saber?

Siento el caos, siento el frío

en la ruina de mi edad

y a ti sola me confío

como orate de verdad.

La derrota multiforme 9

asedió mi corazón.

Yo me agito no conforme,

sin valor ni comprensión,

bajo un Sol que ardiente quema

toda hierba y toda flor,

consumiendo la postrema

tentativa del amor.

Mucha lágrima honda lloras 10

en tristeza y soledad

y consagras largas horas

de tu sensibilidad

a cernir un gris nublado

con tu mente de través,

sin proyecto ni trazado

de la vida en que te ves.

Tierra y vida van cantando 11

himnos sacros al compás,

bajo un cielo azul de blando

blanco hilado por detrás,

de un telar de luces finas.

Por delante, en procesión,

con maniobras serpentinas

aves van en migración.

Admirable Diotima, 12

oigo tu celeste voz

sobre una eminente cima

que rodea una honda hoz.

Yo apresuro un largo paso,

jadeando de emoción

en un juego, por si acaso

acertara mi ocasión.

Aquí no hay poder que pueda 13

con su fuerza dividir

este resto que nos queda

en la vida por cumplir,

con el uno y con el todo

siempre en lucha y colisión

entre ser de un solo modo

y la cierta desunión.

Cursa el mundo su discurso, 14

corre el cielo su moción,

fluye el río por su curso,

vuela el ave su aviación.

Sólo el alma se recrea

en la baja oscuridad,

cuando escala, como sea,

su prisión de humanidad.

Yo también llegar deseo 15

hasta el fondo de tu mar,

donde goza su recreo

el reflejo especular

de la estrella más subida

sobre el cielo cenital,

dado que es cualquiera vida

corta noche y largo mal.

Barcelona, miércoles 28 de abril de 2010, a las diez horas y cincuenta y cinco minutos de la mañana en una hora de vigilancia escolar.

He tomado el primer poema alemán a Diotima, compuesto por Friedrich Hölderlin, y lo he plantado frente a un espejo castellano. Las estrofas son idénticas: 15 octavas, cada octava formada por dos cuartetas; los versos, octosílabos con acento en las sílabas impares (y primas: 1, 3, 5 y 7); con rima consonante, paroxítona en los versos impares (1, 3, 5 y 7) y oxítona en los pares (2, 4, 6 y 8). Él, poeta joven. Yo, viejo. Él, docente –preceptor de niños de familias ricas. Yo, docente –de secundaria y en barrio pobre. Él, filósofo amateur del idealismo religioso. Yo, filósofo profesionista del materialismo científico. Los dos, en busca de un ideal moral. Los dos, insatisfechos con el mundo que nos ha tocado vivir. De tal voluntad ha germinado tal poema como el que aquí transcribo. Así comienza Hölderlin:

Lange tot und tiefverschlossen,

Grüßt mein Herz die schöne Welt,

Seine Zweige blühn und sprossen,

Neu von Lebenskraft geschwellt;

O! ich kehre noch ins Leben,

Wie heraus in Luft und Licht

Meiner Blumen selig Streben

Aus der dürren Hülse bricht.

Aquello yo repliqué.

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