Poesia, pensamientos y reflexiones.

El desván del poeta.

No estoy triste, nada me duele, no espero ni desespero. Sin angustias, voy en mí andar. Todo cuanto tengo es lo que necesito, amo y me pertenece. En las manos depósito los sueños cumplidos; y en la simpleza de la vida asevero que soy feliz. 

A pesar de este bello destino con que Dios premió mis días, siento una imperiosa ganas de llorar, algo anda hurgando mi interior. Necesito y quiero llorar, conmover mi corazón adormecido de satisfacciones, ajeno y ausente al cotidiano desdén de lo perdido.

Me es preciso liberarlo, exponerlo a sentir más allá de mí. Por los otros, por lo que se quedaron varados del otro lado donde se sepultan los sueños, donde se resigna la felicidad en una permuta desigual entre la lucha y la escasa posibilidad de escaparle al dolor. Debo y quiero, más allá de mí, descargar este caudal de lágrimas contenidas, como una cortina de lluvia tras mis ojos asombrados de miserias.

Quiero detenerme a llorar por los viejos, habitantes de umbrales sin sol, sin horizontes ni caminos, sólo con una mueca de dolor esperando el último adiós. Solitarias almas, huérfanas de amor se despedazan de a poquito repitiéndose entre la lastimas y el abandono. Aferrados al ayer, retienen en la nostalgia un tiempo más piadoso, más vivo, a pesar de tanta muerte que se lleva las cosas queridas que un día hablaban de felicidad y hogar.

Lloro por los niños que trepan a los trenes, me conmueven, los siento míos y semejante a los que amo. Corren, reparten sus manitos extendidas entre la indiferencia y el desprecio, logrando a duras penas migajas de menoscabo y vergüenza. Vagan incansables por las esquinas, ascendiendo y descendiendo cordones, mostrando su mejor sonrisa, sus impávidas caritas curtidas de vientos y fríos. Ojitos llorosos y sin asombro conteniendo lágrimas. Habitantes de zaguanes y vagones que sobreviven a la la violencia que los desampara y los expone al terrible asecho, donde purgan sin ostias ni panes su puta suerte en el vil desasosiego del inhumano placer que los marca para siempre, robándole hasta la dignidad. Los veo y me duele el descarnado valor que los sostiene, se hacen fuertes, gritan, vociferan improperios y ríen. En cada carcajada liberan rabias y dolor; y sin resentimiento ni vergüenza, se muestran en una cruel vidriera que los esconde y los castiga por diferente y pobres.

Me detengo después de llorar y salgo a buscarlos. Extiendo mansamente mis pequeñas alas y los cobijo entre dóciles plumas y suaves sedas, como antes de que fueran almas perdidas de Dios; y en el calor de mi corazón lacerado de dolor, se aquietan sus duendes cansados de andar, se silencian para oírse en el silencio que abarca la soledad y, luego, duermen en una morada de paz hasta que despierte el día.

También sé de ellas, mujeres desvalidas de amor, pajaritos errante en la fría tempestad buscando un rincón donde morar sus sueños. Conozco de sus vidas lo peor. Cuando las desprecian, cuando avergüenzan al que goza y se satisface en el descarno del desamor, dejándolas solas después de copular y estremecerse, dándole la espalda, negando a quien por un ratito creyeron ser amadas; y en la palabra acelerada de confusión, se entregan sin reparo ni pudor ofreciendo vagamente un cachito de renumerado cariño.

Ellos, machos con disfraces de reyes; amos y señores se regodean del tonto poder del iluso machismo y, en el inhumano pago de la fácil moneda, se engañan comprando un prestado amor que no trasciende de un triste cuarto de hotel. Por ellas, por lo que son, dejo una lágrima, no sin dolor en la ilusa esperanza de un mundo mejor, lejos de las oscuras esquinas donde las asecha la muerte para morir y terminar abonando la tierra con su devaluada sangre. Por ellas lloro, por esas putas lindas que hacen bella esta puta vida.

Viajo apretado entre sudores y brazos cansados, entre nervios adormecidos de estío y cotidianidad, entre ciegos ojos que no quieren ver y miran con desgano todo cuanto se proponen ignorar. Viajo entre mudas bocas sin nada qué decir y mucho que callar. Viajo a la deriva y pienso en ellos; se sostienen, se aferran y creen descansar; y en largo letargo, se dejan ir en el vaivén de un tren sin retorno. Hombres cansados, vacíos de sueños y esperanzas, sometidos al cotidiano andar, buscando siempre el esquivo mango en la postergada y maltrecha suerte que tasa por debajo su escaso valor. Seres acorralados por el destino, persiguiendo sin claudicar la libertad. Humanos, endebles mortales sometiéndose a Dios en la tarea inhumana de vivir. Por ellos lloro sin poder remediar sus vidas, sin poder cambiar sus historias. Por todos dejo una lágrima. Quizás, alguien deje caer una lágrima por este dolor que anda en mí. 

ROLANDO PÉREZ BERBEL

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Comentario por Tiziana el marzo 10, 2017 a las 1:01pm

Sensibles letras poeta que llegan al lector ... besitos llenos de luz

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Comentario por LUIS GONZALO MACHADO SÀNCHEZ el marzo 10, 2017 a las 4:51am

Tiernamente  sensibles  letras  felicidades  un  cordial  abrazo  

Comentario por maria el marzo 10, 2017 a las 2:56am

EXCELENTE TU ESCRITO  AMIGO POETA.

Comentario por celeste hernandez el marzo 10, 2017 a las 2:41am

A VECES ASI NOS SENTIMOS AL VER QUE OTROS CARECEN DE LO MAS INDISPENSABLE, GRACIAS ROLANDO POR DEJARNOS VER TU BELLO SENTIR, GRACIAS DE CORAZÓN, CELESTE.

Comentario por Josefa Alcaraz Martínez el marzo 10, 2017 a las 2:24am

Ese dolor que anda en ti amado amigo Antonio

Es el mismo que transita en toda persona de buena voluntad.

¡Felices sueños y mejor despertar!

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