Poesia, pensamientos y reflexiones.

El desván del poeta.

Hoyitos en la tierra, sepulturas de mis lágrimas..

Hoyitos en la tierra, sepulturas de mis lágrimas...

 

Estoy aquí, solo, parado sobre mi sombra en la inmensidad del mundo, en las alturas siderales de una vida trazada de dudas.  Oscilo entre el miedo y el dolor en una inercia de dejadez  que me acorrala y retiene  encadenado a mis indecisiones. Me elevo por sobre el horizonte  de mis ganas persiguiendo sueños y trepo por los andariveles del tiempo buscando siempre donde detenerme. Donde afianzar y recomponer mi vida.

 

Después, viajo a los confines de la memoria habido de calor y caricias, recto, me escabullo en las sombras, he inadvertido y ausente me sumo a otras sombras. Decaigo cuando flaquean mis ganas y sin poder detenerlo voy falleciendo en cada intento en que me propongo revertir este destino  que me acorrala y me pone de rodillas.

Necesito retomar el vuelo, regresar a los orígenes, allí de donde un día me separaron de lo que ame. La pieza con sus agujeros de estrellas y lunas, el catre duro, cuero y lastimas,flagelado  rincón donde deje mis lágrimas.    

Volver, para tallar  la figura de mi madre en la dimensión de mi amor, con bronce, color de soles  y, esa nubecita azul de sus ojos  de escarchas e inviernos, sacrificando su vientre  para parir de sus entrañas un pedazo maltrecho de vida, sin futuro ni mañanas. Llanto lastimeros de las noches, silenciada boca  mordiendo tetas flacas  y descarnadas.  

Para dibujar en las palmas de mis manos, hoy vacías, la figura de mi madre arrodillada por los rincones de hollín y leña, espantando el humo, encendiendo, apenas, un llamita más  de calor y vida, sosteniendo las ollas de nadas y pobreza entre sus manos partida de invisibles látigos. Recluida y olvidada, prohibida de su nombre entre la ignorancia y los olvidos.

 

Volver a los olores,  al piso de tierra donde de noche, a solas con mi eterna oscuridad, hacia hoyitos con los dedos para esconder mis lágrimas,  mientras peleaba con el sueño  oyendo a las tripas llamándome, con un dolor de hambre que me enmudecían de lastima y, callaba silenciando palabras y llanto para no dolerla para no exponerla al descarno de ser madre. 

Hoy miro atrás,  un mapa de recuerdos traza la calle, los rincones  y cada rostro  que parecen olvidados, pero están aquí en la memoria del tiempo orillando la pena de volver. El tiempo pasó  sin dejar nunca de marcarme, de llamarme y reclamar de mí la decisión de emprender el retorno.  Planes y proyectos desbaratos por el miedo de no hallar nada,  de que todo fuera una efímera ilusión  entre tantos imposibles.

Me puse de pie, sentí mi cuerpo y a mi corazón reclamándome coraje y, ya decidido, camine  sin saberlo  por un sendero de abismos y reencuentros. Volver para sentir al niño llamándome, poniendo en mi boca viejas palabras - madre  y amor.  Un dolor de ausencias acentúa la espera. El tren se demora,  prolongo el tiempo y, duele  la angustia de esperar. No estoy solo,  entre las cosas que pude rescatar esta todo cuanto amo y quiero, vislumbro mansamente el río, la pasarela del puente y las vías  herrumbradas señalándome el camino, índice de la vida y el dolor. Oír la voz de mi hermano llamándome a los gritos aquel día en que partí,  el día, del que después  ya no volvería a verlo.

Todo cuanto tuve y tengo en  este tiempo de ausencias se quedan aquí. En los bellos jardines  de la hermosa casa,  en los brazos de esa otra madre  que me dio amor, la que me rescato de la calle,  me acomodo entre sus brazos y ,dejándome vencido de ternura, duermo en la calma de sus pechos, mis rabias y mis temores. Esa mujer que aprendí a amar, hoy alza sus manos cortando los amarres y me libera arto de amor,  empuja mis alas y remonta junto a mí el vuelo señalándome el camino en la brújula de su corazón, Todo queda atrás, para otro  tiempo, deberán esperar por mí,  hasta que regrese para contarles, que allá, donde  me retienen los recuerdos, alguna vez tuve una vida y a ella voy.

 

Me dejo llevar, el tren  me hamaca en la armonía de  mi paz, me despabila alertando que pronto llegare,  un paisaje desconocido se cierne en mis ojos ansiosos de destino, el tren respira vapor  se estira y se encorva sobre los rieles y lentamente  entra a la estación.  Voces, algarabía y abrazos esperan por otras voces y otras historias.                                   

Diciendo y camino por el largo anden, me detengo, no sé por dónde comenzar, voy al inicio cuando comenzó la vida.   Acomodo a mi corazón y juntos vamos por más. Era la hora del almuerzo, tiempo en que salía mi madre a buscarnos. No  oía sus gritos, el silencio abarcaba  el espacio, casitas de barro, moribundas paredes sosteniendo años, formaban fila por las estrechas calles. Al fondo, un paisaje azul levemente en movimiento me decía de vida, el río a los fondos donde se trunca el camino esperaba por mí. Una renovada pasarela de gruesos tablones  se guardaba en mi memoria. 

Las orillas habitadas de nuevos caseríos invitaban a preguntar por ella, por su nombre,  detallarla ante los ojos de los que esperaba que supieran de ella. -Es bajita, chiquita e inmensa como una miga de pan,  tiene ojos de cielo, destella luz y paz, habla bajito como para no molestar. No sé si sigue callando sus dolores,  tiene manos de plumas y seda, se llama Ana   y mira de frente-

 Desde atrás, desde todos los tiempo  apareció como una frágil sombra, diminuta,  su figura encorvada besando la tierra, con los brazos abiertos, extendidos a Dios, como  alas de indefensos ángeles flameaban amplias y plenas entre alegrías, gritando mi nombre, diminutivo y largo  me traía en su voz desde  mi pasado ,¿ mi niñooooo donde has estado? . -Mírate la cara  sucia, dime de esos  ojos tristes, ¿cuéntame, porque has llorado?,  ven apriétate en mí, atados y juntos a un mismo corazón, no esperes por mañanas,  hoy ya es demasiado tarde.                                         Siénteme,  déjate estar,   dame tus manos  y señálame el camino por dónde  has regresado y júrame  que esperaras por mi partida.                                                                                                                                                                   

Oía su voz, sus manos y sus labios y  ese olor a humo, a madera y sabía, como la de su sangre  que me sostuvo esperando por este presente que borra todos los dolores del mundo. Madre poneme sobre tu pecho y  déjame hurgar en la tierra   para hacer hoyitos y enterrar mis lágrimas, para dejarlas sepultadas aquí en donde vine a la vida, de tu vientre, de tu entrañas madre..

. Para mi madre

  

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Comentario por Beto Brom el julio 22, 2017 a las 11:30pm

Estremecen tus líneas, poeta, pues sin duda, las escribes con el corazón.

Shalom amigazo

Comentario por Maria Beatriz Vicentelo Cayo el julio 22, 2017 a las 4:03am

¡Hermosa narrativa mi querido amigo!  Desde principio a fin, un relato capturante que invitan a recorrer con nuestra lectura cada tierna imagen, hasta estuvimos mentalmente en el pueblito con su caserío y vimos como una anciana abría sus brazos, como alas de un ave moribunda, clamando por el fruto de sus entrañas.

Enternecedor relato, que va directo al corazón.

Muchísimas gracias buen varón, por tan emotivo compartir

Cariños y ¡Felicitaciones!

Comentario por Josefa Alcaraz Martínez el julio 22, 2017 a las 2:51am

Comentario por Ligia Rafaela el julio 22, 2017 a las 2:40am

Rolando, tus versos sublimes llegaron profundo a mi alma,

fue un honor encontrarme en tu entrega poética emotiva y profunda.

Te dejo mi cariño sincero.

Comentario por LUIS GONZALO MACHADO SÀNCHEZ el julio 22, 2017 a las 12:51am

Preciosas letras,tiernas,sensibles ,gran talento amigo, me emocionado hasta las làgrimas, felicidades un fraterno abrazo.

Comentario por Josefa Alcaraz Martínez el julio 21, 2017 a las 7:10pm


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