Poesia, pensamientos y reflexiones.

El desván del poeta.

          A las 9,30 de la mañana como era habitual ya estábamos todas a la puerta del colegio, siempre había creído que el profesorado vivía entre aquellas paredes esperando con ansiedad a que las alumnas hiciéramos acto de presencia para abrirnos la puerta, nada más lejos de la realidad pero con siete u ocho años cada cual forja el mundo a su gusto después es el mismo mundo el que te hace abrir los ojos a la realidad. No sé por qué descubrir que no se dedicaban en cuerpo y alma a nosotras esperándonos al otro lado de la puerta cual amantísimas madres me supuso un disgusto y una decepción, a partir de entonces empecé a mirar a mis profesoras desde un punto de vista más distante, dejaron de parecerme perfectas y seguras de sí mismas, se convirtieron a mis ojos en unas mandonas insoportables a las que lo único que les importaba era que obedeciéramos sin rechistar pero lo que supuso para mí un cambio de conducta radical fue un hecho no carente de importancia ni siquiera hoy desde la perspectiva que me han dado el tiempo y la distancia, un auténtico conflicto provocado por la profesora de lengua.

          Todos los lunes, miércoles y viernes teníamos clase de lengua a primera hora de la mañana, lo dictaba así el calendario escolar, aquél día era miércoles y nuestra profesora era  la Srta. Dolores. Antes de entrar en el aula, una compañera nos estuvo enseñando una goma de borrar que le habían traído sus tíos de Francia ¡Aquéllo fue una auténtica revolución! Todas teníamos la consabida goma de color azul, verde o naranja de esas cuadraditas en las que ponía MILAN pero no creo que las trajeran de allí, aunque hasta ahora no me había parado a pensarlo. La goma en cuestión era blanca y tenía forma de carita de gato con dos diminutas bolitas a modo de ojos, introducidas en sendos plásticos transparentes que se movían en su interior como si fueran las pupilas. Todas queríamos sentarnos al lado de la dueña de la goma, sin embargo, cada alumna tenía su pupitre asignado y además ella y su compañera eran inseparables así que tuvimos que conformarnos con pasárnosla de mano en mano con mucha precaución para que no nos la requisara la Srta. Dolores y previo pago de 10cts. de peseta por contemplarla un instante y con el requisito fundamental de no utilizarla.

                                             

          Al cabo de unos minutos, Paz, la propietaria del objeto de nuestras inquietudes, se dirigió a la profesora llorando sin parar, en algún momento alguien se había “olvidado” de pasar la goma pero no se sabía en qué punto se había roto la cadena. La Srta. dijo que para no hacer pasar mal rato a quien hubiera tenido la tentación de apropiarse de lo ajeno lo mejor era que todas saliéramos al pasillo y de una en una entrar en clase y volver a salir con la idea de que la responsable depositara la goma sobre el pupitre de su dueña y de esa manera nadie sabría quien había sido la “despistada”. Así lo hicimos pero la goma no apareció, aquel conflicto hizo que a todas se nos volvieran los dedos, huéspedes; nos mirábamos con recelo y no nos atrevíamos ni a pasarnos los apuntes, la desconfianza se había apoderado de todas nosotras, unas niñas de siete y ocho años que al día siguiente, jueves, nos mirábamos con recelo y nos negábamos a jugar entre nosotras.

          Y el viernes, día de dictado, la Srta. me sacó a la pizarra. En un momento determinado me pidió que subrayara los verbos en rojo, pero no encontré la tiza correspondiente y así se lo hice saber, desde el fondo de la clase me indicó con un gesto que cogiera las tizas de colores del cajón de su mesa. Me quedé muda de la impresión cuando descubrí, junto a las tizas rojas, la goma con cara de gato que con sus ojitos bailones parecía estar burlándose de mí. Levanté la vista para sostener la mirada de la profesora que no había dejado de observarme en ningún momento, aquello sólo significaba una cosa, aquella bruja había registrado mi pupitre, monté en cólera, dí un salto hacia atrás y poniendo cara de asombro a la vez que con mi dedo índice la señalaba en plan acusador grité: “Ella tiene la goma, ella la robó”.

          La clase en pleno se levantó para mirar en el cajón que yo mantenía abierto de par en par, se abalanzaron sobre mí y llenas de asombro comprobaron lo que yo había gritado sin pudor alguno, la goma volvió a manos de su dueña y, de pronto, la profesora cayó de bruces contra el suelo, supongo que por la presión del momento. ¡Pobrecita! Por mucho que ella quisiera justificar su conducta, yo tenía treinta y cuatro testigos en su contra y su comportamiento ante todo el rectorado, no era más tratar de inculparme y con esa intención me había hecho abrir  aquel cajón.

          Nunca he soportado que refitoleen entre mis cosas ¿Quién le había dado permiso? No se debe fisgar entre las cosas de nadie.

     Después de aquel conflicto le abrieron un expediente, mi madre era la rectora del colegio y no iba a perdonarla que fuera una ladrona y mucho menos que quisiera cargar a su hija (o sea yo) con sus culpas. Voy a cumplir dieciocho años en unos días, tendré que tener más cuidado aunque hasta la fecha no me han pillado en ninguna, hoy voy con mis padres a unos grandes almacenes a elegir mi ropa de cumpleaños, mi madre se pone histérica porque dice que siempre me pongo el abrigo azul marino ¡Cómo si no tuvieras otro! -dice-

    Lo que ella no sabe es que hace algún tiempo le puse cinco bolsos interiores y me hacen un gran servicio.

      

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Comentario por isabel rizzo el agosto 31, 2016 a las 6:34am

Excelente redacción!

¡Me encantó!

Comentario por Enrique Nieto Rubio el agosto 30, 2016 a las 9:09pm

precioso cuento amiga besos me ha encantado siiii.

Comentario por celeste hernandez el agosto 30, 2016 a las 7:16am

Comentario por celeste hernandez el agosto 30, 2016 a las 7:13am

VAYA CHICA TAN TREMENDA , PERO AHORA HAY CAMARAS DE VIGILANCIA,,,OJALA LA ATRAPEN...NO ME GUSTAN LAS INJUSTICIAS...FELICIDADES  Y GRACIAS POR COMPARTIR. CELESTE.

Comentario por LUIS GONZALO MACHADO SÀNCHEZ el agosto 29, 2016 a las 11:30pm

Fantástico  relato  una  historia  que  puede suceder  felicidades  un  cordial  saludo  

Comentario por Josefa Alcaraz Martínez el agosto 29, 2016 a las 5:26pm

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