Poesia, pensamientos y reflexiones.

El desván del poeta.

                   

 

 

         La pobreza, su más fiel compañera a lo largo de su vida, había convertido a Catalino en un hombre rudo que, aunque tenía un corazón noble con sus ademanes toscos intentaba no dejar que aflorase en ningún momento y bajo ninguna circunstancia:

          -No  hay que mostrar debilidad jamás o la vida se ensaña contigo -decía él-

          Sus palabras eran una máxima aprendida en el transcurso del tiempo que su padre le había repetido hasta la saciedad inculcado por su abuelo y él, ahora, pretendía transmitir a sus hijos como si del único legado se tratara, al fin y al cabo, era una herencia familiar por la que ninguno de sus herederos tendría que pagar derecho de transmisiones ni nada por el estilo y les vendría muy bien para saber cómo andar por la vida, como decía a sus vástagos:

          -Hijos míos, no os dejaré nada pues nada tengo pero soy un hombre cabal y tampoco os legaré ninguna deuda

es más de lo que hacen los ricos por sus hijos.

          Catalino salió de mañana como todos los días del año a vender la chatarra que recogía asiduamente, eran vísperas de Navidad y se le partía el alma al pensar que no tendría gran cosa que llevar a la mesa. Su mujer le despidió en la puerta con un tierno beso porque ¡eso sí! En su hogar había AMOR pero él deseaba poder ofrecerles a ella y a sus hijos algo distinto para comer un regalo para cada uno de sus hijos y una sorpresa para su esposa  -el gran amor de su vida, el único-.

    Unos zapatos de charol negros con tacón y un lazo de terciopelo le harían muy feliz a ella pero él no tenía dinero para comprar absolutamente nada.

          Una naranja cada 6 de enero para cada uno de sus seis hijos ya era un auténtico lujo y no daba para más. Notaba que se iba haciendo mayor no sólo de edad si no de alma, su espíritu cumplía tres cuando por el calendario sumaba uno .   

                                                                                                                                        

         Regresaba a casa más tarde de lo habitual, triste por lo poco que había recaudado; atravesó el pinar intentando ganar tiempo pero estaba oscuro como la boca de un lobo y se desorientó, no sabía en qué parte del bosque estaba ni si tendría que permanecer allí toda la noche, su desesperación iba en aumento cuando, de pronto, vió una luz no muy lejos de donde se encontraba y, con el corazón en un puño corrió hacia el lugar iluminado. Era una lámpara de cristales y se sorprendió al ver que alumbraba puesto que no estaba enchufada y la herrumbre había hecho nido en ella, sin embargo resplandecía cual luciérnaga en la noche y gracias a eso consiguió encontrar el camino de regreso.

          -Lamento mi tardanza -dijo nada más entrar en casa-.

          -Llegas pronto -contestó su esposa-

          -¿Pronto? -respondió extrañado- si deben ser más de las once.

          -Son las siete, marido -añadió ella sorprendida- ¿Te ocurre algo? ¡Estás muy pálido!

          -Pues, verás -comenzó a relatar Catalino- se me había hecho tarde y decidí atajar por el bosque, sin embargo y a pesar de conocerlo como la palma de mi mano, de pronto, me sentí perdido hasta que gracias a esta lámpara he podido orientarme para volver a casa.

          -¿Este trasto? -argumentó la esposa- ¡Si está más negro que un tizón!

          -Sí -respondió él- pero me ha alumbrado todo el camino aunque no le encuentro explicación. Voy a limpiarla bien y la colocaré en nuestro dormitorio.

           Catalino salió de la estancia y se dirigió a la fuente a por agua, en un barreño dispuso una mezcla  con mucho jabón y amoníaco, depositó la lámpara en el interior y la dejó a remojo durante la cena. Una vez acabó de cenar y, mientras su esposa y sus hijos recogían la mesa cogió unos trapos secos y sacando la lámpara del agua jabonosa, la depositó sobre los mismos y comenzó a frotar y frotar ¡qué bonita! -pensó- ¡cómo brilla!

       Los cristales a la luz de la lumbre producían destellos que iluminaban la habitación, entonces se dio cuenta de que algunos tenían un brillo especial aunque no sabía a qué era debido.

                                              

     No encontraba explicación lógica a nada de lo acontecido y decidió no darle más vueltas al asunto. Cuando terminó de pulir y bruñír el misterioso trasto fue a mostrárselo a su familia y todos y cada uno de ellos quedó fascinado por su belleza y resplandeciente aspecto.

          En toda la noche no pudo pegar ojo y se levantó antes del amanecer para llevar al pueblo su hallazgo, estaba convencido de que podía sacar un buen provecho de aquella lámpara y que con ello podría proporcionar unas buenas Navidades a su familia.

 

          Y efectivamente así fue y mucho mejor de lo que pensaba puesto que los cristales que brillaban más que el resto eran diamantes de un considerable tamaño y no menos valor, vendió dos y compró todo lo que sus hijos habían pedido y los zapatos de charol negro con tacón y lazo de terciopelo para su adorada esposa, además de dos alianzas de oro para sustituir las que, de hierro, tuvo que forjar cuando se casaron.

          El resto lo depositó en el banco y poco a poco fue haciendo mejoras en el mísero barrio dónde vivía; hizo partícipes de su buena suerte a todo aquel que consideró necesitado en el porche de su nueva casita colgó la lámpara y los vecinos cuando pasaban por delante de su puerta decían con cariño:

          Es la lámpara de Catalino, está hecha de diamantes como su corazón.

         Espero y deseo que todos y cada uno de nosotros tengamos una lámpara como la de Catalino que sin bombilla ni enchufes nos ilumine la vida y sobre todo la de quienes nos rodean.

 

  

 

 

 

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Comentario por Ma Gloria Carreón Zapata el diciembre 18, 2016 a las 3:04am

Hermosa narrativa estimada autora, un lujo la lectura, mis felicitaciones. Un cálido abrazo desde México. Feliz Navidad!

Comentario por LUIS GONZALO MACHADO SÀNCHEZ el diciembre 17, 2016 a las 1:00pm

pRECIOSO CUENTO C ON LA FINURA Y SENSIBILIDAD POETICA DEL ALMA.FELICIDADES UN FRATERNO ABRAZO

Comentario por celeste hernandez el diciembre 17, 2016 a las 8:06am

Comentario por celeste hernandez el diciembre 17, 2016 a las 8:04am

QUE LINDA HISTORIA ME ENCANTO DE VERAS GRACIAS  CONSUELO LABRADO POR COMPARTIR TU MARAVILLOSO CUENTO, FELICIDADES. CELESTE.

Comentario por Josefa Alcaraz Martínez el diciembre 16, 2016 a las 10:27pm

Muy bello amiga Consuelo...
Ha sido todo un placer volverte a leer

Abrazos navideños para ti a mogollón...


Comentario por ALEJANDRO CRUZ VÉLEZ el diciembre 16, 2016 a las 5:55pm

Hay Catalinos de dura tez, pero que al final brillan esperanza. Felicidades Consuelo.

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