Poesia, pensamientos y reflexiones.

El desván del poeta.

Sin saber adónde ir y sin tener con quién andar, deambulo desalentado; y en una propuesta desigual contra la suerte, corto amarras y desato mi libertad enjaulada de soledades y nostalgia. Me asomo con temor al mundo, y las luces se traslucen en una opacidad tenue que ya no lastima; y como en una caricia, cae el silencio resignado en la gris vereda.

Me dispongo a ver el cielo desde la voluntad de escaparle a las heridas y dejar atrás el hastío de pensar en que nada cambiará. Lo intento y me propongo desandar, marginal y solo, la desnuda ciudad. Camino acechado por transparentes fantasma de llovizna y vahos, dejando ver su rostro de granito y hollín colgado de linteles y cornisas que despiertan en quebrados quejidos la fría madrugada. Es la hora en que salen a mi encuentro las siluetas grotescas y deformes, vagando en la espesa niebla, buscando redimirse, zafándose de mis odios e inquina.

Mientras la noche desmayada padece de voces, silenciados espectros me miran triste, con los ojos rojos brotados de lágrimas reclamando qué se yo, de mí. Pegados a muros empapelados de dolor, se estiran moribundas, perpetuas y quebradas sombras de alcohol y soledad. Camino y miro el asfalto de alquitrán y mugre mientras la calle serpentea reptando triste las esquinas, dejando caer verticales luces sobre las baldosas enmohecidas de lágrimas, de eternas esperas y lánguidos suspiros. Desciendo de mis pensamientos entre la nada y los olvidos. Intrascendente actitud en que me aíslo del mundo, en los breves instantes en que me niego a pensar. 

Un otoño de ocres jadea en una muerte repetida; y en el llanto de hojarasca reseca, delato mis pasos con rumbo aún incierto. En el arrullo de nocturnas palomas enamoradas, teñidas de plata y roció, desbando mis sueños postergados; y en la efímera tregua entre la luz y la oscuridad, le robo a la noche un fragmento de ternura.

En pasos de bohemia y nostalgia, desciendo por cuadriculados adoquines en un encierro de laberintos y múltiples formas, en donde desmayo la ansiedad de saber por mi final. Zigzagueo luces, me apego, invisible y temeroso, recostándome alerta y tenso en cada puerta de lastimeros zaguanes. Miro atrás las opacas luces de los boliches bostezando cansancio, cabeceando sueños, ocultando soles tras viejas persianas; y sin atreverme, postergo el regreso.

Desde el alerta de no detenerme, camino calle abajo hacia los barcos ataviados de marineros sin puertos ni horizontes. Anclo en los amarres del puerto, esperando gaviotas de mares lejanos en la sedentaria demora de una incierta partida. Transito lentamente un camino hacia la nada. Oculto en los huecos grises de la pesada niebla, me dejo llevar rendido de noches; y sin prisa, en la larga cadencia del regreso, me aquieto contemplando distancias en la ondulante y continua curvatura de las encrespadas olas. En el chirriar de oxidadas cadenas contra las carcasas a la deriva de los viejos barcos moribundos, desanclo a prisioneros fantasmas vacíos de almas.

La vida respira y late más allá de las ventanas, escondiendo sueños y miserias de furtivas miradas detrás de una acelerada e indiferente ciudad, permitiéndole todo, refugiada en la lacerante indiferencia que hiere y termina por tatuarme de abandono. La noche se despereza y vive a pesar de que voy muriendo, dejando atrás la bruma. Mientras tanto, la ciudad reposa del cansancio y del barullo humano que la mantuvo desvelada de mentiras y promesas, de transas y cobardías.

Castigadas almas de olvidos y ausencias regresan a sus piezas para reencontrarse con fantasmales retratos de ayeres, ensombrecidos de broncas y frustraciones. Reflejos del dolor que acentúa la lástima en la humillante soledad que los delata y los archiva en el tétrico inventario, donde perecen desangelados seres de un tiempo ya pasado. 

Después, el regreso. Envuelta en pequeñas luces, la madrugada despierta mis deseos de volver. Restaurado el corazón de soledades, ya no lastiman. Se quedan en mí hasta el próximo viaje en que me atreva a circundar la noche para descifrar sombras en la penumbra de los olvidos, recordando memorias y postergando lágrimas.

Regreso menos triste, menos solo y más bohemio. Imbuido de nostalgia, retomo el regreso entre los aullidos lastimeros de perros; y en el vuelo temeroso de gorriones trasnochados, encuentro el sosiego para mi alma. Contemplo los bancos y la plaza en una quietud de ausencias que ya no duele. Sólo reclama de mí, ya sin asombro, las ganas de amarme, ya sin miedo.  

ROLANDO PÉREZ BERBEL

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Comentario por LUIS GONZALO MACHADO SÀNCHEZ el septiembre 30, 2016 a las 2:52am

Gracias por compartir tus bellas letras copadas de sensibilidad felicidades un fraternal abrazo

Comentario por celeste hernandez el septiembre 28, 2016 a las 3:31pm

PRECIOSA FORMA DE NARRAR UN VACIO, UN A SOLEDAD DESANIMO TRISTEZA...GRACIAS POR COMPARTIR. CELESTE...

Regreso menos triste, menos solo y más bohemio. Imbuido de nostalgia, retomo el regreso entre los aullidos lastimeros de perros; y en el vuelo temeroso de gorriones trasnochados, encuentro el sosiego para mi alma. Contemplo los bancos y la plaza en una quietud de ausencias que ya no duele. Sólo reclama de mí, ya sin asombro, las ganas de amarme, ya sin miedo.  

Comentario por Edith Elvira Colqui Rojas el septiembre 28, 2016 a las 11:16am

Hermosa meñlancolia y lo invito a mis versos

Comentario por Josefa Alcaraz Martínez el septiembre 28, 2016 a las 7:54am

Comentario por Josefa Alcaraz Martínez el septiembre 28, 2016 a las 7:51am

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