Poesia, pensamientos y reflexiones.

El desván del poeta.

A Rafael, quien está siempre presente en mi corazón.

¡No me dejes en este abismo, donde no puedo hallarte!

¡Oh, Dios!, ¡es indecible! ¡No puedo vivir sin mi vida!

 ¡No puedo vivir sin mi alma! - Cumbres borrascosas, Emily Bronte.

 

 

Soy un pajarillo, vencido por el viento, que va buscando un refugio para su frágil cuerpecito. Llevo clavada en el pecho la espina más dolorosa que pudierais imaginar. No ha logrado acabar conmigo, pero me ha condenado a vivir en permanente agonía.

 

     Yo, que ahora padezco pesar y sufrimiento, fui feliz durante un tiempo dulcemente acariciado en mi memoria. Yo conocí el paraíso. Fui escogida para vivir junto al ser más tierno y cálido que jamás ser alguno pudo conocer.  

     Me tomaba entre sus manos con exquisita delicadeza y me cobijaba en su pecho perfecto. Sentía latir su corazón y ese ritmo arrullaba mi sueño. Al despertar, vislumbraba el contorno rosado de su oreja junto a mi mejilla, corría a acurrucarme  en el tierno recinto formado por la cóncava calidez de su cuello. Sentía deslizar la piel fría y suave de su lóbulo entre mis labios secos.

     La música estaba presente todo el día a nuestro alrededor. Cuando se sentía nostálgico apelaba a Spinetta y yo entonces era la Muchacha ojos de papel, cuando sentía que el mundo merecía ser conquistado era Beethoven quien insuflaba su espíritu de alegría, cuando quería alimentar su ego oscuro la solista de Within Temptation recorría nuestro calor con su música de ensueño, también le gustaba imitar a Les Luthiers y yo reía junto a su mejilla del acento argentino que le imprimía a cada palabra que me iba regalando, entonces le rogaba bajito junto al oído que imite la risa más peculiar de cuantas oímos, y allí en mis oídos explotaba la risa indecente de Amadeus. Yo cerraba los ojos y sabía que la vida me había reservado esos instantes junto al ángel más inteligente, más tierno y más malicioso del paraíso.

     A pesar de mi dulzura no era el ángel que él creyó encontrar en mis grandes ojos tristes. Siempre estaba ávida de beber yo sola toda su atención. No importaba el amor que expresaba a su familia, aquello que no lograba tolerar era que preste más atención a alguno de mis hermanos que a mí. Era evidente que yo era su avecilla favorita. Escuchaba a mi lado, estrechándome entre sus brazos, los repertorios más amplios de música clásica. Me explicaba con inigualable pasión los movimientos principales de los conciertos de Karajan y Mahler. Miraba con atención mis ojos y me decía: “Tu mirada me dice más que todas las palabras juntas.”

     El cine era otro placer insuperable que también compartíamos juntos: Dalí, The Doors, La Amada inmortal, Crepúsculo, La naranja mecánica, Bitter Moon, Sin city, algunas de ellas, quizá las más celebradas.

     Me hablaba de arte, amaba las obras de Dalí y de Picasso. Todo siempre envuelto en melodías que iban recorriendo cada segundo de nuestro espacio. El conocimiento más apasionante del mundo contenido en nuestro pequeño paraíso: Música, obras de literatura, derecho, filosofía, más música, pinturas, cine, ocultismo, más y más música.

    

     De pronto, en medio de la más absoluta armonía percibí leves cambios en el tono de su voz. Se hacía imperceptiblemente áspera cuando se dirigía a mí. Descubrí poesía, inspirada en una musa irreal. No compartí su fascinación por la belleza hueca de una modelo. Presentí que iba a reunirme con los demás, con mis hermanos, avecillas dulces que no aspiraban a más de lo que tenían. Esperé el momento oportuno, cuando su diáfana voz se hizo dura hacia mí, volé aterrada. Me alejé lo más que pude. Me hería el contacto con su frialdad, me lastimaba la indiferente dureza de su voz, me asustaba el encono que podía provocar con mis desmanes en sus ojos claros.

     No tuve la consciencia clara. El dolor de su ausencia produjo una adormecida catarsis en mí. El tiempo me fue develando mi oscura realidad. Había gozado del paraíso y fui expulsada de él. Había caído en el mundano entorno de los hombres.

     Aterrorizada por mi osadía, quise volver a mi amado refugio. Sin embargo, estaba perdida, no lograba encontrar el camino de regreso. Lloré y cada uno de mis sollozos era tan profundo que hacía estremecer mi pequeño cuerpecito. Estaba perdida, perdida en un mundo inmenso, donde sin él nada tenía sentido para mí.

      Conocí muchas personas en mi doloroso recorrido: Un pintor sentimental que me hizo musa de sus pinturas, un estudioso que encontró mi mirada misteriosa y mi plumaje hermoso, un ebanista que tallaba grácilmente mi figura en todos sus trabajos, un príncipe que admiraba la inteligencia que decía encontrar en mi mirada y que amaba golosamente la sublime belleza de las mujeres.  

      Me encerraron en una jaula maravillosa, tenía a mi alcance el mejor alpiste del país, el agua más fresca y la más mullida cama para reposar. Debía cantar y alegrar a las personas que me rodeaban. Nunca logré cantar para ellos. Lo he intentado muchas veces. Agitaba mis plumas y estiraba mis pequeños miembros, abría mi piquito y mi cuerpecito se estremecía por el esfuerzo. No lograba emitir un solo sonido. El silencio me envolvía y mi corazón, encogido de tristeza, sollozaba. Huí.

     Vuelo cansada bajo la lluvia intermitente. Estoy sola y adolorida. No encuentro un refugio para posar mi cuerpecito tembloroso y empapado. Mis ojos arrastran un gesto aterrorizado. La gente que transita por las calles me parece odiosa e indiferente. No comprendo cómo es que logran charlar y sonreír, caminar y detenerse, si el mundo ha dejado de girar, si las tinieblas se han tragado todo rastro de luz, si el aire se ha tornado irrespirable, si la vida se ha detenido desde que mi ángel se ha ido. Y la gente parece no advertir que el mundo ha colapsado.

     Lo he buscado por la plaza de los cipreses, entre las palomas que solía perseguir, inclinándose y extendiendo la manita tras ellas, intentado tocarlas, diciéndoles alegremente: ¨pio¨; he esperado atisbar su figura, sentir su perfume o percibir la melodía de sus palabras, durante tantas horas que encadenadas se han hecho días y los días se han convertido en semanas, y las semanas amenazan hacerse meses y los meses, años; mientras yo permanezco acurrucada en lo alto de esa arteria llamada calle Lima, que supura gente y más gente por cada una de sus esquinas, gente que es vomitada por cada portón abierto a lo largo de su recorrido; he llorado amargamente entre las flores de un parque atestado de gente que tiene las bancas desvencijadas y rotas y no he logrado vislumbrar la alegre silueta que rompe las distancias y cuya voz, desde lejos, resuena como campanitas de cristal en el aire, he presentido su partida y la abominable realidad me ha aplastado como el peso entero de mi dolor.

     El deseo más ardientemente acariciado en mi pecho lacerado, no es ya encontrar un motivo para continuar viva, ni la inspiración necesaria para volver a cantar, ni la esperanza de revolotear entre sus libros, ahora solo deseo encontrar un final a tanto dolor. La sola idea de reposar mi cabeza herida sobre su pecho helado, me insufla nuevos bríos para hallar su lecho. Cavaré con mi pico un pequeño huequecito en la fría piedra para poder llegar hasta su dulce imagen dormida. Entonces, mi canto sangrará desde lo más profundo de mis entrañas:

 

     Alma de mi alma, calentaré tu mejilla con mi calor y humedeceré tus labios secos con mis lágrimas, te cantaré suavemente una nana y te acariciaré levemente con la puntas de mis alas. La noche se cerrará sobre nuestros ojos y la música que oíamos abrazados no cesará de sonar, hasta el fin. Hasta que tu carne se funda en la mía y hasta que tus huesos se confundan con los míos. Hasta que el polvo nos devuelva al viento y el olvido nos envuelva en el tiempo.

                                                                          Puno, julio de 2011

PALONIA NICE

 

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Comentario por VICTORIA MARIA MOLINA el agosto 12, 2014 a las 8:23am

Comentario por Gina Di Benedetto el agosto 8, 2014 a las 9:27pm

Guau espectacularrrr

Comentario por Enrique Nieto Rubio el agosto 8, 2014 a las 7:08pm

PRECIOSO TU ESCRITO ME RECORDÓ A UNA CHICA Y UN CHICO ENAMORADOS,  EN LA DISTANCIA QUE SE TIRABAN HORAS AL TELÉFONO PARA MITIGAR LAS LARGAS HOLA DE LA NOCHE Y PARECÍAN AMARSE MUCHO . 

NO SE DE ELLOS DESDE TIEMPO SI 

SALUDOS BESOTEADOS 

Comentario por Palonia Nice el agosto 7, 2014 a las 8:33pm

Gracias por sus palabras, Rafael era el amor más dulce que pude conocer. Tuvimos una relación lmaravillosa, fuimos muy unidos. Un día terminamos, no sé si yo era muy celosa o si él estaba en pasos de infidelidad, terminamos un día gris y amargo. Cuando quise volver a su lado, perdí el camino, sufrí indeciblemente. Esperé... un día me comunicaron que se había ido para siempre. Entonces mi alma tomó la forma de un avecilla que llora al viento,   

Comentario por celeste hernandez el agosto 7, 2014 a las 8:17pm

MUCHAS GRACIAS PALONIA NICE Hermosas letras has logrado, gracias por compartir. celeste.

 Alma de mi alma, calentaré tu mejilla con mi calor y humedeceré tus labios secos con mis lágrimas, te cantaré suavemente una nana y te acariciaré levemente con la puntas de mis alas

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