Poesia, pensamientos y reflexiones.

El desván del poeta.

 

Para entonces ya no habría podido hacerlo sin apuro, no quedaría tiempo ni lugar para los arrepentimientos. No habría nada que pudiera hacer para evitar el deber de elegir su blanco, desde la caja del camión descubierto que, al fin y al cabo, no llegaría a detenerse, no, al menos, en esa calle, ya que, esa no estaba invadida ni por judíos, ni por bolcheviques, ni por negros, ni por bolivianos, ni por corianos. Era la otra, la que estaba cruzando la esquina. El hombre allí, en aquel preciso lugar donde se detendrían a descansar un poco, no querría gritar, “tiren, tiren”, no; en cambio intentaría descansar un poco y terminar de comer su sándwich de milanesa.

No mostraría esa sonrisa filosa tan habitual como devastadora, a veces, sobre todo, cuando el cansancio acentúa en quienes están con él, la repugnancia, el rechazo que estos operativos les producen.

La cuadra donde habitan, donde proliferan, adonde suelen esconderse para mantener sus reuniones en la clandestinidad, es la otra, la que está próxima. Si hasta se puede divisar, en el centro de la calle, o tal vez, cerca de la vereda a los chiquillos de siempre. Se oyen lejanas las vocecitas: la del tordo que le estaría diciendo a su amiga Lila que no podría seguir jugando con ella porque su hermana lo esperaría para ayudarla él a traer la máquina, un andamiaje pesado y obsoleto que no se llegaba a entender muy bien para qué servía pero que él habría visto un par de veces y otras tantas habría oído hablar sobre ésta, ya que, al parecer, sería para los niños  un tema de conversación harto frecuente. Después repetiría esa conducta de correr al grito de guerra de Sitting Bull aunque, quién sabe si el paso del camión le daría tiempo esta vez a concretar su rutinaria acción, corriendo de una manera que se le habría ocurrido a él – el hombre  lo habría escuchado hablar sobre eso, parlotear incluso, dos o quizá tres veces sobre que, corriendo a los saltos, como pateando una pelota, sin doblar las piernas, sentía que volaba.

Quién sabe si el ingreso del camión no asustaría esta vez a los niños. Nunca había andado por el lugar, junto a sus compañeros, en pleno operativo. Los chicos apenas lo conocían a él, porque solía recorrer el barrio, cada vez que iba a visitar a su prima, con quien andaba un poco entusiasmado, demasiado. Pero los chicos nunca habían visto el camión y menos, aún, imaginarían que él podría estar involucrado en ese tipo de actos, digamos políticos, por no decir, delictivos.

“Tiren, tiren”, se oiría otra vez, proferido con ese mismo tono entre lascivo y perverso, enmarcado en la misma sonrisa filosa mil veces repetida, esta vez, con destino a un par de jóvenes que recién salían de la casa de al lado. Pero, antes de que alguien, él, pudiera alertar a los chiquillos de que comenzaría el tiroteo, sería tarde. Su compañero, en medio de la confusión, dispararía a ciegas una balacera indiscriminada que terminaría dando contra aquel juego infantil. Todos quedarían tendidos en medio de la acera, ensangrentados. Sólo la niña alcanzaría a correr apenas dos o tres pasos para caer en la esquina… Más tarde, la noticia estaría en la tapa de todos los diarios más importantes del país, aunque, dos o tres semanas después, caería en el olvido…  

(texto basado en  fragmentos de la obra de  Andrés Rivera “El Profundo Sur”y el cuento de  Julio Cortázar “Los Venenos”  dentro del Taller Literario "Alfonsina Storni" - noviembre de 2011).

                                                                                                                  autor : Olga Severgnini

 

 

 

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Comentario por VICTORIA MARIA MOLINA el julio 21, 2014 a las 7:19am

Comentario por Olga Beatriz Severgnini el julio 16, 2014 a las 12:04am

¡¡Gracias, Gina, Enrique, por sus apreciaciones!!, me estimulan a seguir en el ruedo

Comentario por Enrique Nieto Rubio el julio 15, 2014 a las 8:28pm

PRECIOSO ESCRITO SI SALUDOS . 

Comentario por Gina Di Benedetto el julio 15, 2014 a las 2:29pm

Que belloooooooo

Comentario por Olga Beatriz Severgnini el julio 15, 2014 a las 7:21am

¡¡Muchísimas gracias, Yoli, María Cecilia, por destacar esta prosa y por los hermosos deseos para esta semana. les mando un abrazo desde Argentina

Comentario por María Cecilia Alvarez Carrizo el julio 15, 2014 a las 3:14am

Comentario por Olga Beatriz Severgnini el noviembre 12, 2011 a las 12:49am

si, el trasfondo de la historia es en verdad trágico. Muchas gracias a ambas, por sus aportes y por las bendiciones. Mis deseos más favorables, también para ustedes. Cariños.

Comentario por Alejandrina Athenea IntheNight el noviembre 11, 2011 a las 4:07am

una historia por demas fuerte y trágica, es duro ver como los niños en su inocencia hacen cruel uso de las armas y sucede la tragedia ...

 

me encanto leerte 

Comentario por Josefa Alcaraz Martínez el noviembre 10, 2011 a las 3:50pm

 

 

Muchas gracias amiga Olga por tu aporte
Por tu buen hacer...
No han sido nunca mi plato fuerte
Con sumo Amor lo suelo comprender.

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