Poesia, pensamientos y reflexiones.

El desván del poeta.

MATICES, DE UN FRÁGIL RETRATO DEL ALMA…

 

 

Hoy esta triste, necesita trasmitir, desanudar la angustia que lo invade, y desde  su estado de ánimo  liberar sus sentimientos. En una necesidad imperiosa de reencontrase  se propone explayarse.  Se manifiesta y decide comenzar con su objetivo. Un lápiz, un blanco papel  cree que será suficiente,  pero no es así, necesita trascender más allá de las palabras. No quiere que su expresión se simplifique en un iluminado texto, que  sean solo palabras en agudos silencios sin trascender, perdiéndose entre márgenes de olvidos e indiferencia.

Precisa, le es imperioso ir más allá de las voces, de los signos de admiración, de la perfección de una gramática vacía de contexto. Y en la libre interpretación  dejar la interrogación de un relato pretencioso.                                      

En un arrebato de locura transgrede normas, y en un fino lienzo encuentra la manera de plasmar las imágenes en las que dejara constancia de cuanto siente y ama. 

Un lienzo de suave lino espera por su marco, para después irisarse al contacto frió de un dócil derrame de aceite, un pastel de yeso pone fondo haciéndolo acto para dar el comienzo. Desplazándose  de un margen a otro con el cuidado de no repetirse, regresando sobre lo andado, para después ir de su centro al exterior del marco para dejar nitidez en el trazo.

Da inicio al primer esquema, en la punta gruesa de un lápiz deja constancia de cuanto quiere, después, se adentra a los recónditos confines de su ser, rescatando imágenes de todo  cuanto ha cosechado  para volcarlo en el extendido tapiz.

 Desde un áspero papel de lucida transparencia, copia y trasfiere, apenas, una semejanza aun inconclusa sobre el lienzo.

Esmerándose en sus primeros pasos, se preocupa dejando colores claros en primarios trazos sobre el humedecido paño. Exalta el fondo de donde emerge la magnitud en relieves y volúmenes  en que se sustenta la idea, en donde  se perciben  tras una minuciosa mirada, toda la firmeza y la fuerza con que fue concebida.                                                         

En la imagen se contempla la sutil dimensión  por lo propuesto. El artista se reserva a liberar su intimidad, dejando de si pedazos de máscaras confusas, recurriendo  a tonos oscuro desde donde establece  criterios y estados de ánimo, refugiándose en tenues sombras, embozando tímidas sonrisas y lánguidas miradas petrificadas de tristeza. 

En la afilada punta de un dócil pincel deja deslizar apasionadamente  sus manos: aplicando finos detalles  traslada su nervioso pulso en una sola dirección, cuidando matices, textura y formas

  Como un empecinado alquimista desgrana su creatividad en múltiples fragmentos en que se dispone lograr la armonía vital para su cometido, a un lejano, pero ya visualizado en la mente y en su corazón.

Volcado y empecinado en dar fin a sus reflejos. En un  amplio “circular cromático” se aboca en el esmero de la belleza a perseguir tonos secundarios: y en los colores primarios descubrir maravillado la veta  de contrates y brillos, posesionando sobre ellos la luz y las distancias.

Un azul cían y un rojo magenta van pariendo tonos hasta hacerse imprescindibles  a la hora de crear simplemente un sueño de grises tormentas, de encrespado mar, y en el infinito latente de la imaginación despabilar adormecidas ganas frente a la belleza en que se manifiesta el mundo.                                                          Desde su arrebatada locura en que predominan sus deseos de libertad, se dispone a sentir todo cuanto hay en él.

 Un “degradado” paisaje requiere de su talento y sentir. Toda su iniciativa y lucidez estallan en una transición de colores. Logra el cometido, un cálido atardecer se curva en el vértice  lejano y bello de un horizonte que cae rendido  al mar, descendiendo mansamente detrás de las montañas.                                                                         

Después, despunta el amanecer en los confines del naciente, entre la tras luz y el  ocre de la tierra en un insipiente despertar del día, destellando tornasolados  reflejos en un muestrario de arco iris y de pálidos rojos dispersos en el sutil pincel de Dios, en que se desrama una antojadiza  correlación de tonos superpuestos trasmitiendo toda la ensoñación de un paisaje inmenso y bello.

 Desde un antojadizo “trampantojo” deja abierta una perpetraba y simulada amplitud en el centro mismo del embadurnado lienzo que espera por el final. Reteniendo en su  superficie los trazos y las formas  que se dejan ver en el medio punto de un portal, antecesor de un fondo inexistente por donde se escapan las miradas asombradas de un más allá incierto he imaginado. 

Se relaja, respira, minuciosamente repasa errores, no los haya, su obra es parte de su interior. Acaba de exponerse, no se niega a ello. Toma distancia, se aleja del lienzo que reposa placido y concreto  sobre el caballete.

El artista lo siente, lo percibe vivo y estira sus brazos, las palmas de sus manos se abanican, rodeando a la distancia el marco que lo sostiene. Y en  la precisión de un último encuadre da por terminada su tarea en la manía exasperante  de la  perfección. Lo distrae el entorno y, sumido en su obra late apresurado, ansioso espera por palabras que digan de su obra.

  Sabe que no está solo. Desde el lienzo, camina hacia él una viejecita encorvada de quietudes con los brazos extendidos; en sus pechos desnudos ofrece a la vida, en su rostro ajado de piedras expone el amor y, humedecen sus mejillas cristalinas, azules lágrimas de mares y sal.

El artista percibe la proximidad de esa piel, la huele, aromas de ternura lo invaden, se mese, se deja estar en esos brazos, al tacto se reconoce y luego se posesiona de toda  ella y converge al primer día de su vida, aferrado al vientre que le dio vida.    

Atrás, en el trasfondo oscuro, en la efímera distancia que lo separan del primer plano, una silueta enmascarada de trisadas sombras se vislumbra, llega de lejanos cansancios y de eternas agonías. Un hombre viejo espera por salir de las sombras donde yace retratado esperando por un instante de vida: está sentado contemplando el paisaje, allí donde el artista trazo a trazo lo perpetuo en el afán de trascender en la inmensidad del tiempo mientras duren los recuerdos, mientras se encarne la ternura y florezcan las primaveras                                                    

Pero ya es tarde, en las primeras sombras se van  acabando las ultimas luces, y el contraste manso del atardecer se esfuman los colores, se distorsionan y envejecen las plasmadas imágenes marchitas de nostalgias, justo en el preciso instante en que el artista decide ir por ellos…para rescatarlos del dolor... 

 

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Comentario por Enrique Nieto Rubio el mayo 22, 2017 a las 6:22pm

muy bueno tu escrito amigo 

saludos . 

Comentario por Enrique Nieto Rubio el mayo 21, 2017 a las 9:43pm

muy bueno tu escrito amigo 

saludos . 

Comentario por celeste hernandez el abril 28, 2017 a las 7:16am

merecido destacado, gracias por compartir los matices y colores de tu poesía, gracias de corazón, celeste.

Comentario por Josefa Alcaraz Martínez el abril 27, 2017 a las 9:27am

Comentario por Josefa Alcaraz Martínez el abril 27, 2017 a las 2:20am


Comentario por Josefa Alcaraz Martínez el abril 27, 2017 a las 2:20am

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