Poesia, pensamientos y reflexiones.

El desván del poeta.

Buenas noches 

tristeza.

Perdona que te salude,

a estas horas.

No esperé el día para hacerlo,

porque así, te alejo de mí, 

aunque más no sea sino por...

unos momentos.

Ya me despertarás una mañana

con tu tétrica e inmóvil mirada,

yo pensé, que estabas en mí

ocasionalmente...

como estás casi siempre

con mis otros congéneres.

Pero no...

Te adheriste a mí

como la hiedra en la pared,

persiguiéndome

como mi propia sombra.

!Cuantas veces de niña te engañaba!

¿recuerdas?... te decía:

Hoy no...

hoy voy a jugar

como si el mundo me sonriera.

Y comía todos los manjares

que en mi universo real

no existían,

y hablaba con mi madre

esfumada en una nube.

Y mi muñeca,

de trapo empobrecido

y cabellos tejidos en harapos,

era transformada en piel de porcelana

y dorados rizos que abanicaban mis años,

y sin hacer caso

de tu lastimosa presencia

corría por la arena,

me bañaba en el mar,

correteaba

entre rocas y montañas,

y habitaba con mis sueños

fastuosos palacios,

orgullosos castillos,

que poseían el encanto

que solamente mora

en los cuentos de hada.

.

Hoy, también

tengo una máscara,

una sonrisa

artificial y pintada.

¿Sabes?

te susurraré algo:

creo que hasta envidian 

mi destino alado.

!Si supieran!

Ay, tristeza...

si supieran...

¿te acuerdas?

cuando era adolescente

tenía como casi todos los jóvenes

una rosa en la mirada.

Y tú, tú la deshojabas,

y pasó el amor

y lo arrancaste

como se arranca de cuajo

un corazón,

como se clava 

un puñal por la espalda,

como atraviesa el frío plomo

las sienes de la vida

mientras sangra el alma.

Después...

fue el acostumbramiento

por tanto llevarte lo que más quería,

que ya no sé que siento,

pero hoy...

hoy jugaré

a las escondidas.

Quiero llegar, casi al horizonte

para dormirme

horizontal

en el olvido.

Que nadie me nombre,

que nadie me busque...

no me sigas,

pues de tanto tenerte

bajo mi piel

ya estoy hastiada.

Aléjate de mí,

vete fuera de mi alcance.

Hoy, te saludo para siempre

tristeza...

Sólo le ruego a dios

fervorosamente,

que mi escondite

no resulte también

tu última morada.

.

Mely Bethencourt



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