Poesia, pensamientos y reflexiones.

El desván del poeta.

Vuelvo a publicar este escrito que en su día coloqué en un antiguo blog, hoy desaparecido, por si alguien no tuvo oportunidad de leerlo. Lo hago porque para mí, gran amante de los gatos, la desaparic…

Vuelvo a publicar este escrito que en su día coloqué en un antiguo blog, hoy desaparecido, por si alguien no tuvo oportunidad de leerlo. Lo hago porque para mí, gran amante de los gatos, la desaparición de aquella gatita supuso un mal trago en su día y hoy quiero volver a compartirlo con más personas. Es el siguiente:

Pirriqui, mi fiel compañera

Mi gata, Pirriqui, desaparecida a la longeva edad de dieciocho años largos, era un ser adorable.

Por mucho tiempo que transcurra, por muchos acontecimientos que pasen a lo largo de mi vida, nunca la olvidaré. De hecho todavía vive en un recóndito lugar de mi corazón.

Ese ser canela y ahumado no daba guerra ninguna. Aunque resulte increíble, considerando que era un felino, era de una fidelidad en ocasiones insoportable. Me seguía donde quiera que yo fuese como si de un perrito se tratase. Cuando le hablaba me contestaba. Si mi tono era airado, el suyo era protestón, si el mío se tornaba cariñoso, el suyo, acto seguido se volvía también mimoso.

Yo no precisaba despertador: todas las mañanas se aproximaba al borde de mi cama y apoyando una manita en el travesaño, con la otra golpeaba suavemente mi mano. “ ¡Eh! hora de desayunar”, parecía decir.

Cuando iba a hacer alguna trastada, ella misma en su inocencia, se delataba con su maullido. Su deje adoptaba un tono lastimero cuando estaba fuera del alcance de mi vista, como presintiendo el castigo. Yo le decía: “Pero tonta, ¿No ves que me estás advirtiendo de tus intenciones, poniendo el parche antes de que salga el grano?”.Y parecía entenderme porque súbitamente, hacía una pirueta y se desvanecía en el aire.

Cuando requería mi atención y yo la ignoraba, clavaba en mis ojos los suyos extraordinariamente azules, adoptando un gesto de cordero degollado, a la vez que, levemente, golpeaba con su zarpa, mi rodilla. Reconocería esa mirada entre un millón, no sólo por su expresividad, sino por una inusitada y original peculiaridad. Su ojo derecho presentaba una línea algo más oscura, que se extendía desde la pupila hacía el vértice exterior.

Como decía, de esa forma reclamaba mis caricias. Bien poco a cambio de su compañía en mis grandes soledades y de sus alegrías en mis inaguantables tristezas.

Cuando se fue a ese maravilloso paraíso donde nos esperan nuestros animales, tomé sus restos y los enterré bajo un Fícus que apenas sobrevivía porque se empeñaban en eliminarlo; un Ficus que, curiosamente, mi madre, fallecida unos años antes,cuando aun estaba en pleno uso de sus facultades, había plantado. Desde aquel día esa planta está imparable. Y yo, cuando salgo a la calle, todas las mañanas le digo, buenos días Pirriqui. Y ella, ahora mueve sus hojas y me dice, “buenos días, compañera del alma”. Y yo, que queréis que os diga, afronto la jornada con otro talante. Y hasta ahí llego, no sin antes dedicarle esta poesía que escribí en su memoria:

A MI GATA

Huye, se oculta tras una rendija de luz
y se ilumina desde su ínfima altura.
A veces, me hostiga y cuando intuye
que me dispongo a volverme
se disipa en una nube de espuma.
Cautiva en libertad, hosca en su cariño
y visiblemente aprovechada
ya que subsiste día a día sin trajinar.
Pero no precisa nada más
y todas sus diabluras
se dulcifican con su mirada
que tiene, a pesar de todo,
mucho de lealtad.

Por Ayuma (pseudónimo que uso habitualmente)


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Comentario por Josefa Alcaraz Martínez el octubre 30, 2011 a las 1:35am

Para ti ¡Princesa!

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