Poesia, pensamientos y reflexiones.

El desván del poeta.

Los ojos negros del niño

se incrustaron en su padre

y su voz, suave, pequeña,

con la inocencia del alma,

como un eco de lamento

una pregunta forjaron:

 

-Padre, tú que eres grande

y ya has vivido más años.

Tú, que tienes en los labios

los consejos más humanos

y los refranes más sabios,

dime ¿por qué soy distinto

al resto de mis hermanos?

¿por qué no puedo encontrar

la fuerza que tienen tantos

y mostrarle a la vida

tantos juegos no jugados?

Dime, padre, ¿en que lista

anotaron mi pecado,

si yo no puedo acordarme

cuando mal me hube portado

y dios no quiere decirme

cuando seré perdonado?

¿por qué culpas del destino

a esta silla estoy atado?

¿en qué hilos invisibles

mis piernas se maniataron,

y dónde están esas brujas

que inmovilizan mis manos?

¿por qué no puedo correr

o realizar un recado,

o aprisionar con los dedos

las teclas del viejo piano,

o danzar por el jardín

sintiendo del sol sus rayos

que iluminen a mi pecho

y me vistan de dorado?

¿En qué distancia alejada

se fue perdiendo mi hada.

Esa, de vestido blanco

con adornos de oro y plata

que siempre lleva encendida

su dulce varita mágica?

¿Por qué no viene a salvarme

de las brujas que me atan? -

 

Padre, ¿Por qué no contestas?

¿por qué no me dices nada

para aliviarme de esta angustia

y alentarme en la esperanza

de saber en que momento

comenzará mi mañana? -

 

El padre abrazó a su hijo

sin murmurarle palabras,

mientras sus ojos cansados

derramaron una lágrima,

que se perdió en la impotencia

por no poder decir nada.

 

Le acarició los cabellos

con una caricia mansa,

que era un símbolo de amor

de su callada garganta.

Sintió fracaso en su voz

y ese nudo en las palabras,

que suelen sentir los hombres

cuando les tocan el alma.

 

Hizo coraje en su pena

hasta hilvanar una frase.

Quizás...con poco sentido,

tal vez...con mucho mensaje.

Le habló de un dios creador,

de duendes, hadas y ángeles,

de las estrellas, del sol,

y un mundo de chocolate,

donde jugaban los niños

que en la tierra no jugaban.

 

El niño cerró los ojos

mientras su padre le hablaba,

para montar el corcel

de un nuevo sueño escarlata

que lo llevaba a ese mundo

sin importar las distancias,

donde estaban esos niños

que en la tierra no jugaban.

 

Y cuando estuvo con ellos

encontró su hada blanca,

que lo envolvió con su halo

y le rozó con su vara,

para ahuyentarle las brujas

que maniataban sus manos,

mientras se soltaba el lazo

que a sus pies, habían atado.

 

Y en ese mundo de niños

sin cadenas, sin anclajes,

jugó, jugó como nunca antes

en la tierra había jugado.

 

Ricardo Alvarez Morel

 

 

 

 

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Comentario por ANIEL el septiembre 15, 2012 a las 5:16pm

Dios mio Ricardo, estoy tratando de refrenar las lágrimas...un poéma bellisimo en contenido, mensaje y estructura...Que más puedo decirte, solo que me has llegado al alma, describes el sufrimiento y esa resignación lacerante de un padre que se inventa un consuelo para no aferrarse a la desesperanza. Y un valiente niño...que puede decirse cuando sobran las palabras que describan a un angel?..Precioso Ricardo, tierno, sensible y alexionador. Ale

Comentario por jose luis marrero santiago el septiembre 15, 2012 a las 4:50pm

Saludos amigo.

Dios te bendiga.

Este poema es extraordinario, tan lleno de esa ternura y espernza que se tiene, mas alla de todo lo material, ese lado espiritual que hemos olvidado. 

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