Poesia, pensamientos y reflexiones.

El desván del poeta.

La sextina

En Le rime, Francesco Petrarca presenta sonetos, canciones y sextinas. Después de Petrarca no se encontrará poeta que no escriba sonetos; menos, canciones; sextinas, casi nadie. No conozco a nadie que haya escrito sextinas en lengua castellana. En catalán hay dos autores: Joan Brossa y Maria Mercè Marçal. Yo me he atrevido con ella en español.
En la sextina La senda he dado una vuelta de tuerca a esta estrofa y he introducido la rima -la rima consonante-, para cerrar el ciclo de seis sextinas con un terceto. He construido la sextina a partir de la palabra ‘senda’. Soy un andarín impenitente y, si deseo caminar beatíficamente, tomo la primera senda que encuentro en mi marcha y la prosigo hasta llegar a una meta más o menos deseada. En realidad, la senda es mi destino.


La senda

Los ojos en los pies voy por la senda,
que se aleja torcida por el suelo,
controlando mi paso con la rienda,
en un terrestre y sincopado vuelo,
sin conocer mi marcha alguna enmienda,
como avanza la nube por el cielo.

No creo en otro juez de tierra y cielo
que la sentencia de la misma senda,
donde coinciden dirección y enmienda
con el concurso del sufrido suelo,
que permite a la tierra tener vuelo
con afirmada o con negada rienda.

El someterse o no bajo una rienda
no lo dicta ninguna ley del cielo,
porque para éste hay libertad de vuelo
y cada cual debe buscar su senda
sobre este generoso y vasto suelo,
que permite caída como enmienda.

El camino nos da también la enmienda
sin poner una corta o larga rienda
y sin nunca salirse de este suelo
ni pretender saltar al alto cielo,
queriendo no perder nunca la senda,
que sueña con las aves en su vuelo.

Como los labios del planeta en vuelo,
donde el uno dice y el otro enmienda
el color de ceniza de la senda,
de ensayos fatigada ya, la rienda
canta la afirmación contraria al cielo
de su verdad que corre por el suelo.

La piedra aplasta el sueño contra el suelo,
como enemiga natural del vuelo,
sin escuchar la música del cielo
y esculpe sobre sí la gran enmienda,
que se encarna en una tránsito sin rienda
y define no siempre recta senda.

Queremos, mientras vamos por la senda,
la verdad de la carne sobre el suelo,
que no desea límites ni rienda.

Barcelona, domingo 13 de diciembre de 2009 a las veintiuna horas.

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