Poesia, pensamientos y reflexiones.

El desván del poeta.

SINFÍN DE VINOS ROJOS

Escancio whisky como la sed del último dinosaurio en la poesía, que se ahogó con licores baratos. Mi sensibilidad no es más que el haber enriquecido mi imperfecta memoria omnisciente, con las imágenes sensibles de la pasión amorosa. Las degeneraciones que fundan nuestras generaciones amorosas, intentan crear simbolismos con los significados inexplicables que nos generan, esas relaciones complicadas, absurdas o enfermizas.
El automatismo onírico de las relaciones amorosas, nos genera un profundo surrealismo por la fermentación de la descomposición que corrompe al trascendentalismo y el aborrecimiento, cuando están ausentes las buenas prácticas sentimentales.
No sé si tú nombre significa muerte o vida. ¿Por qué tus sentimientos reaccionan como piedras sordas? Nadie mejor que yo conoce el miedo que genera la soledad. Es luz y sombra. Sol e incansable luna. Eres el brazo que le falta a mi buena suerte. ¿Será que Dios huyó o nunca estuvo en la tierra, ni en nuestras vidas? ¿A dónde irá el humo de la armonía que nos separa? ¿Será que podré olvidarme de la mujer que me arrastra, hacia el paisaje gris y desolado del fangoso terror?
Mi desgarrada alma no es más que el vagón mendigo que recorre las calles de noche y recoge los recuerdos que me regala la oscuridad. Desgastó las suelas de mis zapatos, buscando la fuente donde brotan los crepúsculos que me consumen en estos vicios asesinos.
En el albor preternatural de nuestra bonanza dorada, desgranó tu maravillosa hermosura con mi pasión caníbal. Me desespera el dolor amargo y quejumbroso de los latidos de los corazones muertos en vida. El brillo de los recuerdos supura un amor fétido, cuando son funestas las lamentaciones y profanamos el sueño de los cadáveres de los amores, que nos erizaron un día con sentires crueles y despiadados, como el miedo que nos nubla el alma y nos convierte en ascetas. Me mortifican los momentos de soledad que vive un alma incomunicada y sin ilusiones, devorada por los buitres del desamor.
Soy el hombre-bestia que ansia saltar sobre tu grupa. La engendro murte calzará la máscara trágica como una maldición de Polimnia, diosa de la mímica. Talía nos inspira alternativas para hacer de la vida una comedia vivible. Me beberé como una primavera tus besos. Te quiero como la estrella más apasionada que ronda a mi tristeza.
¿Será que el amor transforma, a las palomas en cuervos murtes? Sin rencor separo a las cenizas que dejó la estampida de sentires, de mi oscura y fosca vida, áspera y huraña como las brujas de los cuentos infantiles. Soy un hombre-dinosaurio del vagabundear y conservo insepultos a los recuerdos que nos dejan las desilusiones.
Eres bella y delicada como una mariposa con cuerpo de mujer. Te imagino revoloteando por mi vida, como cuando el viento hace de tus cabellos, un hermoso sueño.
-Me siento obnubilado por una tristeza, que pesa como un alma de plomo, dentro de mí.
-Mi amor, hay noches de espinos y murciélagos. A veces temo encontrarme con gigantes arañas y serpientes, si me duermo. No deseo que sea el miedo el que nos haga buscarnos el uno al otro, a zancadas.
Cada estremecimiento tuyo cuando te toco, delata la voluntad o el deseo de tu cuerpo.
-Siento que quieres que sea tu alimento. Lo vislumbro en tu mirada y lo acepto. Sé lo que deseas.
Desnuda tu alma y soñemos sinceridades. Deja que tu cuerpo gima con los deliciosos arpegios, de la sabiduría de tus ávidas manos y me arranquen violentos frenesíes, desde lo más profundo del baúl de los recuerdos. El rubor de tu piel se confunde, con los versos de los verbos prohibidos.
¿Será que encontraré el sosiego en tu piel, en tus labios, en tus pezones? ¿Será que podré cerrar los ojos y navegar, hasta lo más profundo de tus sentimientos?
Sedúceme con el susurro de tus alas. Seamos uno hasta cuando la luna huya. Me muero por fundirme sin enmiendas ni engaños.
-Me fascina despertar con la sonrisa de nuestros recuerdos.
-A mí me encanta escuchar, los te amos de tu respiración.
-Deseo que tus labios me hagan sentir lo bello y real, de esta loca aventura. Necesito que con palabras de amor, hagas sonreír mi tristeza.
-¿Me amarás toda la vida? ¿Será que la pasión se apaga cuando el fuego disminuye y el deseo, se transforma en cariño o amor profundo? ¿Será que el tiempo, reducirá todo el fuego en nuestra pasión, a brasas.
-fui amada y amo, como cuando era una insaciable volcán de pasiones. Disfruté del erguido brío del amante joven. Soy una tempestad de olas y mi sexo un acantilado, peto que se goza el ímpetu de las embestidas de la naturaleza desbocada.
Hay noches para las fantasías animales. Noches en las que decir: hagamos el amor, suena inocente. Noches en las que nos violentamos con ternura y nos susurramos palabras soeces, vulgarmente cariñosas.
-No me imagino acostumbrados ni apresados en una relación carente del cose la pasión. No me veo conviviendo y durmiendo como un hermanito a tu lado; ni deseo imaginar a uno de los dos, rebuscando pasión en una relación extramatrimonial.
-¿Será que el “ doble amor", no es más que una permisividad celestina, para no perder la estabilidad que genera una relación de pareja? ¿Será anal que el celo por naturaleza, nos impida aceptar, el compartir nuestra pareja?
-No sé si el cansancio es el culpable, que nuestra agobiada alma al desnudarse, sólo encuentre displacer y hastío, al lado la piel que fue fuente de supremo goce. ¿Cómo puede transformarse en un extraño, el cuerpo que amamos o que nos amó? Un beso o un acaricia desganada y sin deseo, se siente fría y muerta como el cadáver de un sueño.
-No soy fuego ni demonio, ni tú un ángel. Cierra los ojos y déjate arrastrar por el viento del momento. Permite que el placer se convierta en la partitura, de esta demoniaca danza del instinto.
-Quiero navegar tu cuerpo de Venus, manantial florecido como un apasionante primavera.
-No somos damnificados del destino. Somos un torbellino de pecados veniales que mutamos a mortales. Eres un manglar de arenas movedizas; un mar de imágenes secretas que afloran, como secretos íntimos de nuestra amorosa caja de Pandora.
Intento comprender tu tristeza. La vida desgastó las líneas de expresión, de las sonrisas de tu rostro. Siento enmarañada tu alma y tu cerebro.
-No te protejas ni que escondas como una niña necia, en esa absurda autoexclusión, que no es más que un exilio asceta, totalmente anti sociable y sinsentido.
-¿Será posible desarmar, a los recuerdos de nuestras desilusiones? ¿Puedes dejar de lapidarme con tus reproches inescrupulosos y cínicos? No dejes que algunos recuerdos te perturben ni te angustien, como si el deseo fuese bipolar.
Desde la primera ojeada, supe que lo nuestro iría hasta el final. El instinto siempre percibe cuando algo se ha de dar, desde la primera mirada. Que siento como miel de alba, desde que tatuaste tú nombre en mi corazón.
Tu perfume me zambulle como el vino, en un vuelo hechizado por el aroma de los versos. Siento que dentro de muy poco, secuestraremos verbos para vivirlos.
-Refúgiate en mis brazos. Abrígate con mi cuerpo. Vive cada pequeña muerte con pasión, para que resuciten: tu piel, tu cuerpo y tus sueños.
-Olvídate las horas porque el tiempo el amor se mide con besos, caricias y polvos.
Siento tu cuerpo como una fuente de versos. Imagino la recreación de nuestras dementes imágenes desnudas. Mi cuerpo estremece tus pensamientos níveos, blancos como el color de tu piel. Tu piel enciende las venas de mis deseos. Tus besos son caricias de fuego vivo, sobre mi piel.
-Nunca censures nada del principio vital, de la canción más poética de la vida.
Ahora tu regente boca es una hoguera viva de arreboles flameantes. Te olfateo como un pirata furioso, para emboscar y apropiarme con desenfreno, de tu cuerpo vulnerado por el oído. El ritmo sensual de los seductores besos, encienden sin control deseos en nuestros sentidos.
(¿Qué buscará nuestras lenguas, en nuestras gargantas?-pienso-)
-Cuando ames: nunca pienses en "el después". Piensa sólo en el hoy y vive con pasión el ahora. Desbórdate como una crujiente avalancha. Como suicidas kamikazes.
Después de un apasionado primer beso, se traspasa con facilidad la línea del no retorno. Nuestros deseos se olvidan de los buenos modales y desconocen los mojones que delimitan a las fronteras de nuestros valores o principios.
A los enamorados nos sobra la ropa como a los nudistas. Desnudos podemos jugar más libres con los labios, con las manos como el viento. Ya no veo playa a la vista, amor mío, sólo mar.
-Desabotóname y desnúdame con sensualidad y sin prisa. Hagamos del desnudarnos el ritual más hermoso, si lo hacemos con arte.
Te seduzco sin promesas como siempre lo he hecho. Te cautivo poco a poco, mientras te despojo de tu timidez con caricias sutiles y provocadoras. Como amantes tenemos que mendigar sin escrúpulos, cual vagabundos pedigüeños, esos inocentes mimos que son la alquimia que aceita los pasos hacia un sexo fácil. El amor es un arte alborotador, en donde los centímetros de los sentimientos son trascendentales. El acoso morboso sólo genera desencantos o un doloroso fracaso más en la vida. Sin amor, el sexo no es poesía.
Te recorro y descubro con lentitud. Mi mirada se desliza gota a gota, sobre la belleza de tu cuerpo. Tu cuerpo desnudo es una hermosa “performance erótica”. Con caricias te resbalo hasta donde se une lo divino con lo terrenal.
-Lo más hermoso en mi vida: ¡eres tú! Amorito: No permitas que regresen las gélidas tinieblas, ni que se transformen en la bruma de las lágrimas del alma. Recuerda que una felicidad breve, puede ser toda nuestra vida. Penétrame y sueña. Ignora los comentarios malintencionados y egoístas.
Me fascina tu piel blanca, ver erizados tus pezones, sentir como enmarañó mis besos y las caricias con los rizos de tus cabellos. ¿Será que los te amos, son la medida de la lujuria?
-Me encantan tus teticas. Sentir como me acaricias y aferras, para que no se escape ni una sensación.
Tus posaderas se gozan el fuego de las nalgadas amorosas. Son las caricias absurdas y salvajes de los amantes.
-Acaríciate. Aprende a volar. Gózate. Deja que tus manos aprendan a descubrir sensaciones, con los dedos de tus deseos. Viaja. Navegar. En sueña. Tócate… así… suave… así como acarició la fisura de tu hermosa playa. Recuerda que el amor es descubrir sensaciones y explorar. Nuestra pasión es el roce vital con la locura del fuego y esas sorpresas agazapada de las fantasías, que ansían ser descubiertas y liberadas.
-Deja que tus piernas enlunadas, se enlacen a mi cuerpo. Me fascinan tus pecas, el vellito de tus brazos, tus rosados pezones y esos coquetos lunares, tan clandestinos y seductores.
-Cabálgame con el frenesí del apetito de tus labios. Degústame como el mosto de un lagar con dulces cenizas.
-Aúlla como las lobas o gime como las hembras que laceran con amor, detrás de estas paredes. Vive sin cadenas tus emociones. Dejemos que se hagan realidad nuestras fantasías. Rebusca y goza de los truenos de la tormenta. Disfruta las emociones que se desatan cuando el amor y el deseo se encuentran libres y a merced de sus alas.
La lucidez siempre será el germen de la locura amorosa. Me sobreexcita el apetito voraz de tu sexo. Eres feliz empalando tus orgasmos. Piensas que son obscenas tus osadas visiones, cuando el desenfreno nos conduce a desvergonzadas posiciones, hasta caer agotados como cuerpos en agonía. El color sepia en nada se parece al rojo de los sentimientos, al carmín de los besos, al púrpura del deseo.
Esta noche es una cascada de suspiros agónicos, acompasados por la frenética pasión del éxtasis que escala hacia el clímax. El tiempo del amor es un “sementerio de fatigas”, camposanto de los amores vivos.
Ahora somos una sola sombra de fuego. Nuestro razonar simplemente cumple con la voluntad, de nuestros corazones amartelados. Nada puede detener al sexo desbocado, cuando se huracana como un tornado de voluptuosas desmesuras. Sería un logro casi titánico, el lograr detener las llamas de un incendio cuando se desborda.
Cuando el amor se envenena, le pone alas a los deseos y abre de par en par las puertas, de la jaula de los miedos. Recuerda que la paciencia y la voluntad se desgastan, con el orín de las propuestas indecentes.
El fuego brota de tu piel afiebrada y embestida por la desnuda espada de las mieles erupsionadas. Nos gozamos sin miedos en el peligroso juego del suicidio vital, con la misma inocencia de Dafnis y Cloe. La magia desesperada de los te quiero por tus senos, enciende las brasas. Tu boca rebusca con locura mi erecta virilidad para acoplar la a tu sexo. Es el inicio de un viaje fantástico, hace un quásar pirotécnico de estrellas. Nuestro amor es delirio y frenesí. Los momentos amorosos no son frutos del azar, amor mío. Es una tarea conformada por una sumatoria de instantes. El preludio lubrica con sus fantasías, el acople perfecto de los cuerpos.
-bebámonos como el vino rojo de la lujuria.
(¿Será un polvo, el placer empapado del gozo?-Me pregunto-).
-¡Siento el éxtasis dentro de mí!! Sublime! Me pones a mil, Amorito. Me siento derretida y húmeda como un derrame de la mar.
-Perdámonos en el delirio de las sensaciones. ¡Vuela conmigo hasta que se desmayen tus gemidos de deleites y gustazos íntimos!
El maltrato desgasta tu sexo con el sabor de la alegría. Levito agobiado por la sed galopera de nuestro sacudidos cuerpos. Es el desasosiego de la osamenta y del mutismo que se apodera de la carne, que palpita con una piedra del desierto. La dermis de mis sentimientos se siente lacerada. Retozamos cual bestias apareadas. Somos fruto de la avaricia del placer y la pasión.
El ardoroso vital estallido se derrama como lava de insaciables gemidos, fruto del ímpetu ardoroso que calcina nuestras alas y besos. Es indescriptible la sensación del depositar con ternura la simiente de los sueños, dentro del cuerpo de la amada.
Tu cuerpo parece gozar de la sabiduría milenaria, de las vírgenes de los lupanares. Eres como el lirio amapolo o una rosa atrapada por la mirada irreverente del deseo. Juguemos al rosario de las pequeñas muertes. Embriagante con el frío aroma de tus orgasmos.

Me excita sentir tu lengua explorando mis zonas erógenas. Me alucina decirte que eres mi putita y que tú me confirmes: si soy tú putica. Labio a labio nuestros besos pérfidos se embriagan con el apetito púbico de mi lengua y de tu clítoris. Me encanta la ternura y la sumisión de los labios de tu vagina.
Te arrodillas para conocer el sabor de los secretos de la carne. Me devoras con regusto hasta el hastío. Te encegueces poseída por esa inocencia arrabalera que se despierta, cuando abandonas tu crisálida.
Me encanta el ímpetu con el que embistes y respondes como toda una hembra la suerte de varas. ¿Será que pones a prueba el vigor de mi pene?
-¡Se me va la vida… mi amor... me vengo…! ¡Qué bárbaro! ¡Uff! Qué delicia de locura sentirte todo mío-me dices con la respiración entrecortada-¡Wau me hiciste ver estrellas y luces mil colores!.
-Aprieta tus piernas. Exprímeme. Me has arrancado hasta la última gota de esta deliciosa locura. Cada orgasmo tuyo es una lluvia de ardientes sensaciones.
El multiorgasmo depende más de un ansioso apetito del celo, aún no maltratado por el dolor ni el desencanto. Es un derroche de luz de los sentimientos. Es el rojo desbocado de la sangre de los deseos.
Con la locura infinita de los besos íntimos, hicimos crispar hasta el delirio a nuestros cuerpos. Una vez más hemos conquistado el clímax total del desborde. En el amor, los orgasmos que se obsequian, jamás deben considerarse como trofeos. Los nombres de nuestras victorias, siempre serán sagrados.
Con todo mi amor te regalo eyaculaciones envueltas en esquelas de recuerdos. No quiero que sientas estocada tu alma ni tus sueños. El deseo de tenernos era más que un candente pensamiento. En lo más profundo de mi corazón, sentía la sed que ansiaba saciar contigo.
Amanecimos perdidos el uno, dentro del otro. Fue una noche y un amanecer ¡bárbaro!
Ahora nuestros sexos conocen las filigranas, del loco lenguaje amoroso.
Las sábanas lucen como una playa, después de un tsunami. Hasta nosotros lucimos como parte de los escombros de la noche. Hasta las almohadas que participaron en el holocausto, lucen fatigadas, somnolientas.
-Te necesito para encontrarle respuestas a la vida. Sin ti me siento como un repugnante insecto, aferrado a falsas ilusiones. No deseo que mi cerebro vuelva a pensar en la muerte ni a tentar la buena suerte, como si la vida fuese una ruleta rusa.
-Recuerda que te prometí, que mis besos que harían libertad.
-Sólo deseo que al despertar desde hoy, estés a mi lado. Jamás podré olvidar lo que llamas “ aplausos de piel"
-Recordaré toda la vida, este momento. Aún siento al alma de tu locura sedienta, acariciándome con sus manos.
No me reconozco. No sé cómo ni en qué momento me hechizaste y cautivaste mis pensamientos. Ahora en mis sueños ¡siempre estás tú!
Hoy eres como la fantasma de esa niña-mujer en celo, que jamás envejece. Eres la cancerbera del averno que se luce con su inspiración erótica, mi carne. Eres mi pequeña burguesita en decadencia. La cenicienta del “castillo de los lores”. La mujer que apaga con amor, mis incendios.
Desde entonces nuestro amado, discreto y humilde follatorio, es nuestro “sementerio amoroso”; nido de las ilusiones secretas que nos permite escapar, huir durante algunas horas del mundanal ruido, de sus miedos y atropellos.
Te enseñé a disfrutar, sintiendo e imaginando las caricias. A volar y a tocar la estrella más alta, con la punta de tus dedos. Aún llevo en mis recuerdos arrebatadores, las imágenes De las locuras que vivimos. Volamos y gozamos al darnos todo, como una entrega incondicional en una inmortal faena. Nos amamos sin temores y siempre pusimos por encima de todo, el sentir de nuestros sentimientos.
Deseo dedicarle estos versos a los cadáveres de tus inolvidables orgasmos. Bendigo al azar de los vientos que me condujeron y abandonaron, sobre tus hermosas orillas.
Nunca será fácil para una mujer decir: ¡necesito un hombre que me penetre! Casi todas las amistades buscan en secreto, una pareja. A veces el instinto se intoxica con las fiebres o los escalofríos pervertidos, de algunas calenturas; quizás por eso se aprende amar, con base en pruebas y errores.
Hoy cuando miro hacia el pasado reconozco, que tú y la vida me enseñaron que existe una carta de navegación o de las rutas amorosas en los cuerpos. Que el placer depende del lenguaje salvaje de la lujuria, que debe saber deshojar a la rosa de los vientos, como cuando la rosa se hace cebolla. El arte del amar se puede confundir con facilidad, con la metáfora del deshojar cebollas. Algunas conquistas nos cuestan algunas o muchas buenas lágrimas.
La mayoría de las mujeres se deslumbran, cuando perciben un maestro follador. El follar es un arte que planifica de antemano, cada paso. Un amante omnisciente siempre será delicado y detallista. Un amante mono parlante, será fastidioso e insoportable. Cuando se hace del amor un arte, no se dan pasos perdidos. La insatisfacción siempre será fruto, de carencias en el conocimiento del arte amatorio. Una cosa es el ser un buen amante y otra muy diferente: un titiritero de sentimientos.

Héctor “El perro vagabundo” Cediel Abril 2010 hcediel2@hotmail.com

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