Poesia, pensamientos y reflexiones.

El desván del poeta.

Sus relatos, nuestra historia.Autor: Maíe Fernández

  Una madrugada durante la semana santa de 1982 el pequeño hombre de la familia se marchó. No recuerdo bien la hora de su partida, ni el color de su bolso de campaña, tampoco recuerdo si su madre había llorado aquel día.

 No tengo memoria de su regreso o si llegó como el hombre taciturno que venía del sur o quizás provino de los ``Robledos de Corpes.´´

  No recuerdo bien cuando fue que se volvió rebelde o en qué momento creció. Pero si recuerdo ver  a mi abuelo pulsando las teclas de su gran máquina de escribir en su pequeña oficina dedicando notas a renombrados generales para que le regresen a su hijo. Recuerdo a mi abuela de corazón reunir un grupo de mujeres y dedicar horas para tejer gorros, medias y guantes. Recuerdo a mis tías escribir cartas y no dejar que mis pequeñas manos trazaran garabatos en ellas. Recuerdo y no recuerdo porque era tan niña.

   En esta historia no va existir un proemio de homenaje ni va estar dedicado para alguien porque es extensa la lista de nombres, de hijos, de padres, de nietos, de sobrinos, de cuñados, de hermanos, y quizás algún abuelo que forman parte de una fecha que nunca se va olvidar. En esta historia no hay lugar para San Martin, Belgrano, Güemes o Mariquita Sánchez de Thompson, solamente hay espacio para el relato de cada combatiente que fue participe en esta guerra. Una guerra que sorprendió en medio de una crisis de un país, una guerra denominada caprichosa.

   En esta historia no se puede disfrazar el relato con palabras metafóricas porque en ella hay una generación que no retornó. Tampoco se los puede pedir que guarden silencio porque fueron muchos amaneceres y atardeceres en donde prosperó la esperanza cada vez que se luchaba contra el enemigo, el hambre y el clima.

   En esta historia no hay un Mateos de pantalones cortos con su cara pintada de barro colorado y la gomera colgada al cuello gritando a sus compañeros, ’’a la ataque´´, en esta historia no hay una María curando a sus amigos con hojas de mentas que pertenecían a batallones con nombres de siglas o haciendo de salvaje para cruzar las trincheras hechas de ramas de paraíso. En esta historia hubo muchos Mateos y algunas Marías.

En esta historia esas trincheras fueron cavadas por cada uno de ellos y ubicadas en lugares  con nombres que no sabían cómo pronunciar como Royal Marines, Monte Harriet, Tumbledon, Darwin o Goose Green. Y es allí donde muchos se dormitaron.

   En esta historia hay una generación que regresó y un cronograma de fechas de todos los sucesos que ocurrieron en los setenta y cinco días que resistió. Pero yo era una niña, no entendía.

   Solo sé que un día el pequeño hombre de la familia se fue para no regresar y como Odiseo dejando atrás el puerto se escuchó algún recitar:’’ El mundo a donde fui es como una mansión de Cumbre Borrascosa llena de monstruos raros, climas espesos, con memoranda de fábulas contadas por la abuela Tota. En ella no aparecen princesas, ni castillos encantados ni el hombre de hojalata. En ella se marca la pena de estar lejos de la familia, de recordar cómo se ara la tierra y ver a su madre amasar todos los días para alimentar once bocas. ’’

   Ese mundo es un estanque rodeado de un pequeño ecosistema llamado Malvinas, en él cada soldado proyectó su miedo y se trasmuto como plastilina  en todas las locuciones que se ejercían con la fe en las extensas noches. A veces parecían un barco a la deriva, viento, agua y sacudida y a los lejos tierra a la vista. Ese mundo provocó el regreso eufórico de algunos para seguir con vida. Un mundo que sigue siendo su adjetivo y se agudiza con los sentidos. Ese mundo significó regresar en silencio  explicando que servimos a la patria, que no fuimos soldados profesionales. Ese mundo se llenó de cerrojos por un tiempo, pero a él llegaron hombres de veinte años de edad y regresaron hombres de cincuenta, con mensajes de valores y respeto. Así fue ese mundo y durante su estadía no existió la rebeldía hasta el día de su rendición.

   Así es su mundo, nuestro mundo, nuestra historia y ahora que ya no soy niña entendí que debo narrar a mi descendencia sus relatos para ‘’Nunca olvidar’’

Autor: Maíe Fernández

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Comentario por Maíe el julio 17, 2017 a las 5:13am

Gracias a todos que dejan sus comentarios y que  hace bien al alma leerlos. Un comentario para mi  es como el halago que espera una mujer de su galan para sentirse bella por dentro. Gracias!!!

Comentario por Elsa Cano el julio 16, 2017 a las 9:35pm
Muy bello homenaje a quienes ahora son soldados de Dios... relato historico que marca el alma de dolor y sensibiliza con ternura y amor.. ;)"
Comentario por Josefa Alcaraz Martínez el julio 16, 2017 a las 1:14am

Comentario por Enrique Nieto Rubio el julio 15, 2017 a las 10:09pm

PRECIOSO tu escrito si 

saludos . 

Comentario por Maíe el julio 15, 2017 a las 4:48pm
Gracias Celeste fue algo que escribí para el 2 de abril y lo leí frente a todos los excombatientes de mi ciudad. recién pude subir al blog y compartir, gracias
Comentario por Beto Brom el julio 15, 2017 a las 4:48pm

Por tu valentía...por tu patriotismo...

BRAVO POETISA!!!!!

Comentario por celeste hernandez el julio 15, 2017 a las 7:05am

Comentario por celeste hernandez el julio 15, 2017 a las 7:02am

gracias por compartir el sentimiento nacionalista , felicidades, Celeste.

Comentario por celeste hernandez el julio 15, 2017 a las 7:01am

GRACIAS MAÍE

Los héroes de mi Patria

son más que iluminación,

son estrellas que irradian

en el firmamento.

 

Y en la inmensidad del universo,

lágrimas que reclaman equidad,

temerosas y limosneando,

pidiendo al cielo: libertad,

y de rodillas: probidad.

 

¿ Cuántos hombres olvidados,?

héroes de la bella infancia

y de los jóvenes soñadores.

No así de los vivales

que medran con la justicia,

acompañados de la estulticia

que ladran y muerden con impudicia.

 

Los héroes son ángeles guardianes,

apuntalan dirección a las generaciones,

fueron temerarios en sus acciones

y sus hazañas los hicieron titanes.

 tomado de la web.

 

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