Poesia, pensamientos y reflexiones.

El desván del poeta.

 

 

                                                                                A ERNESO GUEVARA LYNCH -  EL CHE

 

                                                                       Este escrito no conlleva ningún tinte ni partidismo político.

 

 

Hubo un antes de los cuadrados polos y las doradas chaquetas.

Fue el tiempo de los cerrados silencios donde los Andes  parecían inmóviles y la barrera del cobre Boliviano una frontera de minerales disputados/

Del enfrentado  Rosario natal a la oxigenada Córdoba del aire puro

Inició su viaje de incógnita aventura moto ciclada, retornó luego a sus membranas y gasas de alimento

donde el tejido fuerte de su emolumento

lo catapultó con el vigor de la roca incaica al mundo/

El “único Ernesto nítido” iba desenmascarando la vergüenza planetaria,

el antifaz del hombre no hizo mínimo obstáculo de rodilla doblegada.

Mientras... La selva mimetizaba su oscura barba,

del sur Patagónico a los colosales imperios iniciaba el fuego del  habano y el ron encendido iluminaba su camino destinatario/

La historia iba registrando su épica en infatigables papeles.

La tierra abría su párpado de vista fecunda, mirando sus ojos de condena y  la feroz boina rebelde de mano curativa/

Fue la arcilla para el compadre y su sangre ferrosa derrotó al enemigo/

Cuando de la Cuba aislada bajó sus ideales de regreso

emergió el púrpura su suero gallardo que derrotó al tiempo de la maquinaria/

Su oído se hizo vista de memoria del Sur Austral al Afganistán donde

los poderosos doblaron sus monedas de derrota/

Amaneció su tacto en la rosa salvaje dormida e impregnó sus colores de única lengua/

El arbusto sorbió la potencia del acero y la harina expulso su dejache/

Anduve su tierra de exquisito sentido con la blanca bandera de las uniones

compartiendo la luz nívea rondando sus ojos de futuro/

Del vientre de la isla descendió como un “Che” y la historia narra todos los idiomas en su palabra entre la espesa selva indomable del eterno Ernesto.

El sicario imperial que jaló el gatillo se encarceló en las torres salvajes de una península/ Condenado mortal que llevó su palabra en la memoria insana con el peso de sus últimas palabras dignas del tormento, fue un servil que el “Ché” desconoCIA/

El aleve supo que no disparó a un cuerpo

sino al orgullo de la raza humana centrada en un hombre.

Mundial patrimonio.

Pequeña esfera de riqueza,

en una paradójica Argentina opulenta en división  enflaquecida/

 

 

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