Poesia, pensamientos y reflexiones.

El desván del poeta.

UN HOMBRE SOLO

Un sol sin sombra entraba impávido y sin ganas por los trisados cristales, vetustos muebles y envejecidos retratos se percibían inmóviles entre la oquedad del recinto, hoy abandonado a los silencios, acallando voces de un ayer no muy lejano del gran caserón.

En la fresca y ensombrecida galería meciéndose en un vaivén de siglos, un sillón de mimbre ponía movimiento a una vida resignada a la espera impiadosa del final. Un hombre solo, apretujado entre sus gastados huesos, entrecruzaba las piernas anudadas a cansancios sin senderos ni caminos. Liberaba, de tanto en tanto, un vaporcito caliente de su boca, dejándolo escapar en forzado respiro apretándole el pecho. Una frazada cubría sus piernas, un abanico sin fuerza se empecinaba en acercarle bocanadas de aire en hitos de alivio que se expandía por los endurecidos pulmones, lacerados conscientemente de humo y vahos que derrochaban vida. Empeñando en cada apuesta la necesidad de trascender mientras trasmutaba el tiempo, re inventando las horas, postergando el sueño para luego dejarse caer vencido, ocultándose del sol, entregándose al descanso cuando a su lado la vida se hacía activa en las manos y en la voluntad de los otros.

El hombre allí solo, en la tediosa espera gastaba su excedente de tiempo, prolongando una vida inútil sin amor ni voces, atado a los silencios que vagaban como invivibles fantasmas por las habitaciones, descarnados muros teñidos de soledades y ausencias.

Apenas agudos sonidos de maderas resecas, el movimiento de un postigo, el cuchichear de palomas arraigadas a los tejados alteraban la levedad del lugar. En la corta distancia que lo separaba de lo que alguna vez fuera su orgullo, se balanceaban cadenciosamente con la brisa los centenarios nogales. Esqueletos desnudos sin savia ni follaje se retorcían descascarados y blancos; pálidos de vida y a punto de fallecer sobre la tierra, daban un tétrico retrato de abandono, acentuando la dejadez que le restaba valor a lo existente.

La tarde amontonaba horas, la noche al asecho esperaba por los fantasmas. Ellos estaban allí, desde cuando comenzará a derrumbarse lo conseguido; cuando se apagaron las risas y la infancia se hiciera adulta para partir, para dejarlo a solas, a solas con sus temores y arrepentimiento, en el dolor enmarcado en un paisaje de vacíos de nadas, sin mañana ni futuro.

 

Él aún estaba allí, entre santos y velas encomendando su vida a Dios, glorificando angelitos de rotas alas, embelleciendo altares y vírgenes con atuendos de seda, contemplando cruces con promesas y flores descoloridas de amarillento glasé. En mística comunión se entregaba al rezo, flagelando memorias, depurando pecados en aguas benditas, entrecerrando los ojos que esperaban milagros ávidos de perdones, silenciando conciencia.

Un amarillento anaranjado posesionaba de luz a las paredes. Titilantes llamitas mortecinas de candelabros prisioneros de lágrimas petrificadas, dejaba caer la cera sobre bordados manteles, descoloridos de polvo y vejez.

De rodillas, rezaba en voz alta para oírse, para sentir que su plegaria llegara a Dios. Aislado del mundo exterior, sumergido y entregado a la voluntad de castigarse, pedía una señal, sólo una señal divina, reclamándole a los cielos que lo liberara de culpas. Una mano que abriera paraísos como lo de sus sueños, sin fuego ni llamas. En lágrimas temía por su alma, por su carne, por los demonios y el perdón.

La casa a oscura, los rincones a solas sin sombras ni latidos, y su corazón palpitando en el gran espacio que abarcaba la soledad. Una endeble luz aún alumbraba vanas esperanzas. Antes de que se acallaran las voces, en el tormento de sentir, esperaba su arrepentimiento con el último rezo. Una luz azul de vieja luna entraba y acentuaba los silencios de la habitación, mostrando la inmensidad reducida a despojo de la hermosa sala.

Concentrado y entregado a la ferviente necesidad de la fe decía a solas en mudas palabras: dime, Dios mío, ¿me haces sufrir por lo que hecho? Mitiga el dolor. Quita el gusto a vino de mi boca. Silencia las voces que me atormentan. Arrebata de mis manos el puñal y lava de mi pecho la sangre que me condena. Traedme de regreso lo perdido. Cierra y da por terminado el reservado destino que tenías para mí. ¡Esto no es vida, Dios mío, después de haber matado a los que tanto amé!

 

 

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Comentario por ROLANDO BEBEL el abril 5, 2017 a las 5:37pm

Gracias a todos los que se detienen en mis escritos , gracias por sus palabras ennobleciendo mis humildes letras y,  perdón por no leerlos mis ojos no me lo permiten, SOLO ME RESTA DEJARLES MI CORAZON EN MIS PALABRAS.... ROLANDO.  

Comentario por Green el marzo 28, 2017 a las 11:34pm
Muchas gracias por el escrito, me sentí protagonista en tiempo y lugar gracias a la excelente narrativa del autor
Comentario por Enrique Nieto Rubio el marzo 28, 2017 a las 8:55pm

muy bueno si saludos . 

Comentario por Josefa Alcaraz Martínez el marzo 28, 2017 a las 8:29pm

Un aporte muy valioso amigo y gran Poeta Rolando Bebel

Infinitos abrazos para ti, Ana y Muriel...

Comentario por LUIS GONZALO MACHADO SÀNCHEZ el marzo 28, 2017 a las 8:00pm

Gracias  por  compartir  tus  bellas  reflexiones  he  disfrutado  de  la  lectura , felicidades  un  cordial  abrazo  

Comentario por Elsa Cano el marzo 28, 2017 a las 7:51pm
Rolando, voy contigo de la mano caminando, imaginando me llevan tus letras a recorrer tu historia acomodando retratos, creando escaleras al cielo y cerrando con llave a la vida un capitulo importante de tu corazon...
Comentario por Maria de los Angeles Roccato el marzo 28, 2017 a las 6:57pm

¡¡¡Excelente, merecido DESTACADO!!!

Gracias por compartir

Angeles

Comentario por celeste hernandez el marzo 28, 2017 a las 6:35pm

Comentario por magi balsells el marzo 28, 2017 a las 6:25pm

UNA ESPECIAL  NARRATIVA, QUE MERECE MI APLAUSO

Comentario por celeste hernandez el marzo 28, 2017 a las 6:20pm

una tormenta en el alma que busca justificar las acciones negativas que dejamos en la vida...no hay peor tortura que ser verdugo de uno mismo. Gracias Rolando es un placer leerte. Bendiciones.Celeste.

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