Poesia, pensamientos y reflexiones.

El desván del poeta.

Un mendigo poeta

Llovía torrencialmente. ¡Que inoportuno ese aguacero! Salíamos del Museo de Botero. Cuanto reí al reconocerme en cada pintura, en cada escultura, pero ahora esa lluvia fría me podía enfermar.

Justo en el borde de la plataforma de entrada al museo encontré un banquillo y me senté resguardándome de la lluvia. Según salían las amigas, se arremolinaban algunas esperando porque el sol decidiera aparecer nuevamente, y la tarde recobrara su energía.

Los temas de conversación giraban en torno a ese encuentro de escritoras que nos dejaba una nostalgia en el corazón ese último día de compartir la palabra poética. Así, con la poesía a flor de piel nos encontró aquel joven mendigo, él, forrado de miseria, y nosotras, diluidas en palabras.

Detuvo su marcha y con una sonrisa de dientes carcomidos comenzó a declamar una larga poesía de dolores y miserias contenidas, de ausencias y soledades, de desamores e ilusiones rotas. Poema largo, larguísimo, tan largo que tuve la oportunidad de mirarle bien, de detener mi mirada en sus ojos tristes, en sus pies descalzos, en su ropa mojada y sucia. Emanaba una pestilencia del que no se ha dado un baño en muchos meses.

Y sufrí, allí mismo, sufrí intensamente, no soporto la miseria humana, sufrí y no pude contener las lágrimas.

El mendigo calló, y acercándose me pidió que no llorara por él.

- No lloro por ti- le dije. – Lloro por mí, por el hijo que no tuve, por la pena de pensarte mío y abandonado.
- Por eso estoy lejos, para que mi madre no sufra por mí- me dijo.
- Y crees que porque no te ve, no sufre?

El mendigo no dijo nada más, y tomando mi cabeza entre sus manos, en un instante de relámpago, me dio un beso en la frente y se fue. Un corrientazo atravesó mi corazón,

y lloré, lloré amargamente, por mí y por todos los hijos perdidos en la miseria.
La lluvia cesó, y una amiga me consoló, regalándome una bella flor de nácar.


Soy un fantasma en el recuerdo de aquel mendigo poeta.

Carmen Amaralis Vega Olivencia
www.carmenamaralis-vega.com.ve

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Comentario por Carmen Amaralis Vega Olivencia el febrero 12, 2020 a las 9:34pm

Celeste, GRACIAS, no te imaginas la alegría y regocijo que siempre me dan tus palabras, muchas gracias por tu valioso DESTACADO,  amiga, Amaralis

Comentario por Carmen Amaralis Vega Olivencia el febrero 12, 2020 a las 9:33pm

Hugo, muy  ciertas y sentidas tus palabras, así es, amigo, bendiciones, Amaralis

Comentario por celeste hernandez el febrero 12, 2020 a las 7:35pm

Comentario por celeste hernandez el febrero 12, 2020 a las 7:30pm

Que bello encuentro de dos almas vistas a través del espejo...Gracias AMARALIS me encanta leer tus prosas, viajo y me encuentro en ellas.Dios te bendiga.Celeste.

Comentario por hugo el febrero 12, 2020 a las 4:37pm

Agradezco compartir, mi estimada Carmen Amaralis, este relato ficticio o real, como lo fuese, amiga mía, que nos invita a reflexionar sobre la pobreza material y la otra pobreza, que es más preocupante aún. Abrazonrisas. 

Comentario por Carmen Amaralis Vega Olivencia el febrero 12, 2020 a las 1:11pm

Cierto amigo Críspulo, la palabra nos ahogan, bendiciones, Amaralis

Comentario por Críspulo Cortés Cortés el febrero 12, 2020 a las 7:53am

GENIAL PROSA LITERARIA ESTIMADA CARMEN, LOS POETAS SOMOS MENDIGOS DE LAS PALABRAS

Comentario por Josefa Alcaraz Martínez el febrero 12, 2020 a las 12:40am

Lo sé

Comentario por Carmen Amaralis Vega Olivencia el febrero 12, 2020 a las 12:28am

Josefa, amiga, este relato es 100% verídico, amiga, bendiciones, Amaralis

Comentario por Carmen Amaralis Vega Olivencia el febrero 12, 2020 a las 12:27am

Gracias mi querido José Antonio, el relato es 100% verídico, me ocurrió en un congreso de escritoras en Bogotá, Colombia, bendiciones, Amaralis

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