Soneto de la dulce queja

Tengo miedo a perder la maravilla
de tus ojos de estatua, y el acento
que de noche me pone en la mejilla
la solitaria rosa de tu aliento.

Tengo pena de ser en esta orilla
tronco sin ramas; y lo que más siento
es no tener la flor, pulpa o arcilla,
para el gusano de mi sufrimiento.

Si tú eres el tesoro oculto mío,
si eres mi cruz y mi dolor mojado,
si soy el perro de tu señorío,

no me dejes perder lo que he ganado
y decora las aguas de tu río
con hojas de mi otoño enajenado.

Textos más conocidos de Federico García Lorca

  1. Poema del cante jondo (1921) ...
  2. Romancero gitano (1928) ...
  3. Poeta en Nueva York (1930) ...
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Respuestas a esta discusión

Citas célebres de Federico García Lorca

- El más terrible de todos los sentimientos es el sentimiento de tener la esperanza muerta.

- Como no me he preocupado de nacer, no me preocupo de morir.

- Saqué la cabeza por la ventana y vi cuánto quiere cortarla el cuchillo del viento. En esta guillotina invisible, he puesto la cabeza sin ojos de todos mis deseos.

- ¿Cuál es el rincón más lejano? Porque es donde quiero estar, solo con lo único que amo.

- Aquellos que temen a la muerte, la llevarán sobre sus hombros.

- Verte desnudo es recordar la tierra.

- … soy la inmensa sombra de mis lágrimas

- La suerte viene a quien menos la aguarda.

- El día que dejemos de resistir nuestros instintos, habremos aprendido cómo vivir.

- La soledad es la gran talladora del espíritu.

- Mi poesía es un juego. Mi vida es un juego. Pero yo no soy un juego.

- ¿Qué debo decir sobre la poesía? ¿Qué debo decir sobre esas nubes o sobre el cielo? Mira; Míralos; ¡Míralo! Y nada más. ¿No entiendes nada de poesía? Deje eso a los críticos y los profesores. Porque ni usted, ni yo, ni ningún poeta conocemos lo que es la poesía.

- Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar y el caballo en la montaña.

- La vida es la risa en medio de un rosario de la muerte.

- Si te contara toda la historia, nunca terminaría… Lo que me sucedió a mí le ha sucedido a mil mujeres.

- Nueva York es algo horrible, algo monstruoso. Me gusta caminar por las calles, perdido, pero reconozco que Nueva York es la mentira más grande del mundo. Nueva York es Senegal con máquinas.

- Hoy en mi corazón hay un vago temblor de estrellas y todas las rosas son tan blancas como mi dolor.

- Tuve la suerte de ver con mis propios ojos la reciente caída del mercado bursátil, en la que perdieron varios millones de dólares, una chusma de dinero muerto que se deslizó hacia el mar.

- La luna, como una gran ventana de vidriera que se rompe en el océano.

- Porque tú crees que el tiempo cura y que las paredes tapan, y no es verdad, no es verdad…

- Los dos elementos que el viajero captura por primera vez en la gran ciudad son la arquitectura humana y el ritmo furioso. Geometría y angustia.

- La muerte puso sus huevos en la herida.

- Mi lengua está perforada con vidrio.

- Desechad tristezas y melancolías. La vida es amable, tiene pocos días y tan sólo ahora la hemos de gozar.

- Las ancianas pueden ver a través de las paredes.

- A las cinco de la tarde. Eran exactamente las cinco de la tarde. Un niño trajo la sábana blanca a las cinco de la tarde. Un frágil preparado de lima preparado a las cinco de la tarde. El resto fue muerte, y solo muerte.

- Además del arte negro, solo existe la automatización y la mecanización.

- Siempre estaré del lado de aquellos que no tienen nada y que ni siquiera pueden disfrutar de nada de lo que tienen en paz.

- La poesía no quiere adeptos, quiere amantes.

- A quien le dices el secreto le das tu libertad.

- Comprende un solo día por completo, para que puedas amar cada noche.

- Cada paso que damos en la tierra nos lleva a un mundo nuevo.

- El fuego es alimentado por el fuego. La misma pequeña llama destruye dos tallos de trigo a la vez.

- Lo importante en la vida es dejar que los años nos lleven.

- Pero yo no soy yo. Ni mi casa es ya mi casa. Porque ahora ya no soy yo, ni mi casa es más mi casa.

- Mira a la derecha y a la izquierda del tiempo, y que tu corazón aprenda a estar tranquilo.

- Incluso el dinero, que brilla mucho, escupe a veces.

- A nuestros ojos, los caminos son infinitos. Dos son encrucijadas de la sombra.

- Hay cosas encerradas dentro de los muros que, si salieran de pronto a la calle y gritaran, llenarían el mundo.

- Nada turba los siglos pasados. No podemos arrancar un suspiro de lo viejo.

- El amor es el beso en el tranquilo nido mientras las hojas tiemblan, reflejadas en el agua.

- ¡Qué trabajo nos cuesta traspasar los umbrales de todas las puertas!

- A menudo me he perdido a mí mismo para encontrar la quemadura que mantiene todo despierto.

- Quiero llorar, porque me da la gana.

- Vamos al rincón oscuro, donde yo siempre te quiera, que no me importa la gente, ni el veneno que nos echan.

- La nieve está cayendo en el campo desierto de mi vida, y mis esperanzas, que deambulan lejos, tienen miedo de congelarse o perderse.

- Siempre has sido lista. Has visto lo malo de las gentes a cien leguas… Pero los hijos son los hijos. Ahora estás ciega.

- Muerte, muerte cruel, deja una rama verde por amor.

- He llegado a la línea donde cesa la nostalgia y la gota de llanto se transforma alabastro de espíritu.

- Sé que no hay un camino recto. No hay un camino recto en este mundo. Solo un laberinto gigante de cruces e intersecciones.

- En España, los muertos están más vivos que los muertos de cualquier otro país en el mundo.

- Los árboles que cantan se tronchan y se secan. Y se tornan llanuras las montañas serenas. Mas la canción del agua es una cosa eterna.

- El hombre famoso tiene la amargura de llevar el pecho frío y traspasado por linternas sordas que dirigen sobre ellos otros.

- Adán y Eva. La serpiente rompió el espejo en mil pedazos, y la manzana era su roca.

- Pero apresúrate, entrelazámonos como uno solo, con la boca rota, nuestra alma mordida por el amor, para que el tiempo nos descubra destruidos sin peligro.

- Solo el misterio nos permite vivir, solo el misterio.

- El teatro tiene que imponerse al público, y no al público en el teatro … La palabra «Arte» debe escribirse en todas partes, en el auditorio y en los camerinos, antes de que la palabra «Negocios» se escriba allí.

- Quemar con el deseo y guardar silencio al respecto es el mayor castigo que podemos aplicarnos.

- El que quiere arañar la luna, se arañará el corazón.

- Así como la vegetación liviana e ingrávida del salitre flota sobre las viejas paredes de las casas tan pronto como el dueño se descuida, la vocación literaria brota en usted.

- La traducción destroza el espíritu del idioma.

- En el jardín moriré. En el rosal me matarán.

- La única cosa que la vida me ha enseñado, es que la mayoría de las personas pasan sus vidas embotelladas dentro de sus casas haciendo las cosas que odian.

- Tener un hijo no es tener un ramo de rosas.

-Un poeta debe ser un profesor de los cinco sentidos y debe abrir puertas entre ellos.

- Dios mío, he venido con las semillas de las preguntas. Las planté y nunca florecieron.

- No hay nada más poético y terrible que la batalla de los rascacielos con los cielos que los cubren.

- A menudo me he perdido en el mar, con las orejas llenas de flores recién cortadas, la lengua llena de amor y agonía.

- El poema, la canción, la imagen, son solo agua extraída del pozo de la gente, y se les debe devolver en una copa de belleza para que puedan beber, y comprendan ellos mismos.

- La mujer no ha nacido para que se la comprenda, sino para que se la ame.

- En el corazón de todo gran arte hay una melancolía esencial.

- ¡Ay qué sinrazón! No quiero contigo cama ni cena, y no hay minuto del día que estar contigo no quiera, porque me arrastras y voy, y me dices que me vuelva y te sigo por el aire como una brizna de hierba.

- El espejo es el rocío de la madre, el libro de los crepúsculos disecados, el eco convertido en carne.

-Muerte, muerte solitaria, Debajo de las hojas secas.

- Cuando me voy de tu lado siento un despego grande y así como un nudo en la garganta.

- No soy un hombre, ni un poeta, ni una hoja, sino un pulso herido que presiente el más allá.

- El día que el hambre sea erradicada de la tierra, habrá la mayor explosión espiritual que el mundo haya conocido. La humanidad no puede imaginar la alegría que irrumpirá en el mundo.

- Esperando, el nudo se deshace y la fruta madura.

- El artista, y particularmente el poeta, es siempre un anarquista en el mejor sentido de la palabra. Solo debe prestar atención al llamado que surge dentro de él desde tres fuertes voces: la voz de la muerte, con todo su presentimiento, la voz del amor y la voz del arte.

- Siempre seré feliz si me dejan solo en ese delicioso y desconocido rincón tan alejado, aparte de luchas, putrefacciones y tonterías; el último rincón de azúcar y pan tostado, donde las sirenas atrapan las ramas de los sauces y el corazón se abre con la nitidez de una flauta.

Poemas

Llanto por Ignacio Sánchez Mejías

LA COGIDA Y LA MUERTE

A las cinco de la tarde.

Eran las cinco en punto de la tarde.

Un niño trajo la blanca sábana
a las cinco de la tarde.

Una espuerta de cal ya prevenida
a las cinco de la tarde.

Lo demás era muerte y sólo muerte
a las cinco de la tarde.

El viento se llevó los algodones
a las cinco de la tarde.

Y el óxido sembró cristal y níquel
a las cinco de la tarde.

Ya luchan la paloma y el leopardo
a las cinco de la tarde.

Y un muslo con un asta desolada
a las cinco de la tarde.

Comenzaron los sones del bordón
a las cinco de la tarde.

Las campanas de arsénico y el humo
a las cinco de la tarde.

En las esquinas grupos de silencio
a las cinco de la tarde.

¡Y el toro, solo corazón arriba!
a las cinco de la tarde.

Cuando el sudor de nieve fue llegando
a las cinco de la tarde,

cuando la plaza se cubrió de yodo
a las cinco de la tarde,

la muerte puso huevos en la herida
a las cinco de la tarde.

A las cinco de la tarde.

A las cinco en punto de la tarde.

Un ataúd con ruedas es la cama
a las cinco de la tarde.

Huesos y flautas suenan en su oído
a las cinco de la tarde.

El toro ya mugía por su frente
a las cinco de la tarde.

El cuarto se irisaba de agonía
a las cinco de la tarde.

A lo lejos ya viene la gangrena
a las cinco de la tarde.

Trompa de lirio por las verdes ingles
a las cinco de la tarde.

Las heridas quemaban como soles
a las cinco de la tarde,

y el gentío rompía las ventanas
a las cinco de la tarde.

A las cinco de la tarde.

¡Ay qué terribles cinco de la tarde!
¡Eran las cinco en todos los relojes!
¡Eran las cinco en sombra de la tarde!

LA SANGRE DERRAMADA

¡Que no quiero verla!

Dile a la luna que venga,
que no quiero ver la sangre
de Ignacio sobre la arena.

¡Que no quiero verla!

La luna de par en par,
caballo de nubes quietas,
y la plaza gris del sueño
con sauces en las barreras

¡Que no quiero verla!

Que mi recuerdo se quema.
¡Avisad a los jazmines
con su blancura pequeña!

¡Que no quiero verla!

La vaca del viejo mundo
pasaba su triste lengua
sobre un hocico de sangres
derramadas en la arena,
y los toros de Guisando,
casi muerte y casi piedra,
mugieron como dos siglos
hartos de pisar la tierra.

No.

¡Que no quiero verla!

Por las gradas sube Ignacio
con toda su muerte a cuestas.
Buscaba el amanecer,
y el amanecer no era.
Busca su perfil seguro,
y el sueño lo desorienta.
Buscaba su hermoso cuerpo
y encontró su sangre abierta.
¡No me digáis que la vea!
No quiero sentir el chorro
cada vez con menos fuerza;
ese chorro que ilumina
los tendidos y se vuelca
sobre la pana y el cuero
de muchedumbre sedienta.
¡Quién me grita que me asome!
¡No me digáis que la vea!
No se cerraron sus ojos
cuando vio los cuernos cerca,
pero las madres terribles
levantaron la cabeza.
Y a través de las ganaderías,
hubo un aire de voces secretas
que gritaban a toros celestes,
mayorales de pálida niebla.
No hubo príncipe en Sevilla
que comparársele pueda,
ni espada como su espada,
ni corazón tan de veras.
Como un río de leones
su maravillosa fuerza,
y como un torso de mármol
su dibujada prudencia.
Aire de Roma andaluza
le doraba la cabeza
donde su risa era un nardo
de sal y de inteligencia.
¡Qué gran torero en la plaza!
¡Qué gran serrano en la sierra!
¡Qué blando con las espigas!
¡Qué duro con las espuelas!
¡Qué tierno con el rocío!
¡Qué deslumbrante en la feria!
¡Qué tremendo con las últimas
banderillas de tiniebla!
Pero ya duerme sin fin.
Ya los musgos y la hierba
abren con dedos seguros
la flor de su calavera.
Y su sangre ya viene cantando:
cantando por marismas y praderas,
resbalando por cuernos ateridos
vacilando sin alma por la niebla,
tropezando con miles de pezuñas
como una larga, oscura, triste lengua,
para formar un charco de agonía
junto al Guadalquivir de las estrellas.
¡Oh blanco muro de España!
¡Oh negro toro de pena!
¡Oh sangre dura de Ignacio!
¡Oh ruiseñor de sus venas!
No.

¡Que no quiero verla!

Que no hay cáliz que la contenga,
que no hay golondrinas que se la beban,
no hay escarcha de luz que la enfríe,
no hay canto ni diluvio de azucenas,
no hay cristal que la cubra de plata.
No.

¡Yo no quiero verla!

CUERPO PRESENTE

La piedra es una frente donde los sueños gimen
sin tener agua curva ni cipreses helados.
La piedra es una espalda para llevar al tiempo
con árboles de lágrimas y cintas y planetas.

Yo he visto lluvias grises correr hacia las olas
levantando sus tiernos brazos acribillados,
para no ser cazadas por la piedra tendida
que desata sus miembros sin empapar la sangre.

Porque la piedra coge simientes y nublados,
esqueletos de alondras y lobos de penumbra;
pero no da sonidos, ni cristales, ni fuego,
sino plazas y plazas y otras plazas sin muros.

Ya está sobre la piedra Ignacio el bien nacido.
Ya se acabó; ¿qué pasa? Contemplad su figura:
la muerte le ha cubierto de pálidos azufres
y le ha puesto cabeza de oscuro minotauro.

Ya se acabó. La lluvia penetra por su boca.
El aire como loco deja su pecho hundido,
y el Amor, empapado con lágrimas de nieve
se calienta en la cumbre de las ganaderías.

¿Qué dicen? Un silencio con hedores reposa.
Estamos con un cuerpo presente que se esfuma,
con una forma clara que tuvo ruiseñores
y la vemos llenarse de agujeros sin fondo.

¿Quién arruga el sudario? ¡No es verdad lo que dice!
Aquí no canta nadie, ni llora en el rincón,
ni pica las espuelas, ni espanta la serpiente:
aquí no quiero más que los ojos redondos
para ver ese cuerpo sin posible descanso.

Yo quiero ver aquí los hombres de voz dura.
Los que doman caballos y dominan los ríos;
los hombres que les suena el esqueleto y cantan
con una boca llena de sol y pedernales.

Aquí quiero yo verlos. Delante de la piedra.
Delante de este cuerpo con las riendas quebradas.
Yo quiero que me enseñen dónde está la salida
para este capitán atado por la muerte.

Yo quiero que me enseñen un llanto como un río
que tenga dulces nieblas y profundas orillas,
para llevar el cuerpo de Ignacio y que se pierda
sin escuchar el doble resuello de los toros.

Que se pierda en la plaza redonda de la luna
que finge cuando niña doliente res inmóvil;
que se pierda en la noche sin canto de los peces
y en la maleza blanca del humo congelado.

No quiero que le tapen la cara con pañuelos
para que se acostumbre con la muerte que lleva.
Vete, Ignacio: No sientas el caliente bramido.
Duerme, vuela, reposa: ¡También se muere el mar!

ALMA AUSENTE

No te conoce el toro ni la higuera,
ni caballos ni hormigas de tu casa.
No te conoce el niño ni la tarde
porque te has muerto para siempre.

No te conoce el lomo de la piedra,
ni el raso negro donde te destrozas.
No te conoce tu recuerdo mudo
porque te has muerto para siempre.

El otoño vendrá con caracolas,
uva de niebla y monjes agrupados,
pero nadie querrá mirar tus ojos
porque te has muerto para siempre.

Porque te has muerto para siempre,
como todos los muertos de la Tierra,
como todos los muertos que se olvidan
en un montón de perros apagados.

No te conoce nadie. No. Pero yo te canto.
Yo canto para luego tu perfil y tu gracia.
La madurez insigne de tu conocimiento.
Tu apetencia de muerte y el gusto de tu boca.
La tristeza que tuvo tu valiente alegría.
Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
un andaluz tan claro, tan rico de aventura.
Yo canto su elegancia con palabras que gimen
y recuerdo una brisa triste por los olivos.

2 Soneto de la guirnalda de rosas

¡Esa guirnalda! ¡pronto! ¡que me muero!
¡Teje deprisa! ¡canta! ¡gime! ¡canta!
que la sombra me enturbia la garganta
y otra vez viene y mil la luz de enero.

Entre lo que me quieres y te quiero,
aire de estrellas y temblor de planta,
espesura de anémonas levanta
con oscuro gemir un año entero.

Goza el fresco paisaje de mi herida,
quiebra juncos y arroyos delicados.
Bebe en muslo de miel sangre vertida.

Pero ¡pronto! Que unidos, enlazados,
boca rota de amor y alma mordida,
el tiempo nos encuentre destrozados.

3 Soneto de la dulce queja

Tengo miedo a perder la maravilla
de tus ojos de estatua, y el acento
que de noche me pone en la mejilla
la solitaria rosa de tu aliento.

Tengo pena de ser en esta orilla
tronco sin ramas; y lo que más siento
es no tener la flor, pulpa o arcilla,
para el gusano de mi sufrimiento.

Si tú eres el tesoro oculto mío,
si eres mi cruz y mi dolor mojado,
si soy el perro de tu señorío,

no me dejes perder lo que he ganado
y decora las aguas de tu río
con hojas de mi otoño enajenado.

4 La casada infiel

Y que yo me la lleve al río
creyendo que era mozuela,
pero tenía marido.
Fue la noche de Santiago
y casi por compromiso.
Se apagaron los faroles
y se encendieron los grillos.
En las últimas esquinas
toqué sus pechos dormidos,
y se me abrieron de pronto
como ramos de jacintos.
El almidón de su enagua me
sonaba en el oído,
como una pieza de seda
rasgada por diez cuchillos
Sin luz de plata en sus copas
los árboles han crecido,
y un horizonte de perros
ladra muy lejos del río.

Pasadas las zarzamoras,
los juncos y los espinos,
bajo su mata de pelo
hice un hoyo sobre el limo.
Yo me quité la corbata.
Ella se quitó el vestido.
Yo el cinturón con revólver
Ella sus cuatro corpiños.
Ni nardos ni caracolas
tienen el cutis tan fino,
ni los cristales con luna
relumbran con ese brillo.
Sus muslos se me escapaban
como peces sorprendidos,
la mitad llenos de lumbre,
la mitad llenos de frío.
Aquella noche corrí
el mejor de los caminos,
montado en potra de nácar
sin bridas y sin estribos.
No quiero decir, por hombre,
las cosas que ella me dijo.
La luz del entendimiento
me hace ser muy comedido.
Sucia de besos y arena,
yo me la lleve del río.
Con el aire se batían las
espadas de los lirios.

Me porté como quien soy.
Como un gitano legítimo.
La regalé un costurero
grande de raso pajizo,
y no quise enamorarme
porque teniendo marido
me dijo que era mozuela
cuando la llevaba al río.

5 Romance de la luna, luna

A Conchita García Lorca

La luna vino a la fragua
Con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.

En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
habrían con tu corazón
collares y anillos blancos.

Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
-Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño
tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

Cómo canta la zumaya,
¡ay, como canta en el árbol!
por el cielo va la luna
con un niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.

FEDERICO GARCÍA LORCA Sonetos del amor oscuro. Por Joan Mora.

Precioso

Infinitas gracias amada Natuka

Belleza de video

Música e imágenes

Magnífico declamador

Abrazos...

Romancero Gitano - La Poesía Gitana de Federico García Lorca - Con la guitara Flamenca de Jesús Guerrero como música de fondo. Fabio A. Pabon M. 'Curandero tango' Es responsable por la producción del video. Sinceros Abrazos!!...

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