Idea original y creación: 05 - 09 - 2012
Ultima edición: 09 - 10 - 2013

Llevo observándote horas… te sigo desde una distancia prudente, todo el día estuve tras de ti sin dejar que notaras mi existencia. Veo que se detiene el camión y bajas de él con lentitud… Tus pasos son un poco presurosos mientras te fundes con la oscuridad de la calle.

Me acerco a ti como alguien que intenta no hacer ruido… fundiéndome con las sombras dejadas por las farolas de la calle. Así, puedo sentirme arrastrado por tu esencia, el delicioso olor que dejan tras de si tus cabellos, casi puedo tocarlo con mis dedos… ¡qué éxtasis!¡Qué delicioso aroma despides…!

No puedo evitar exhalar un suspiro y es entonces cuando te detienes en seco, demasiado tarde para corregir ese descuido… Te das la vuelta y me miras mientras mis manos te abrazan y te echan hacia atrás, intentas gritar pero un trozo de tela se coloca en tu boca, sé que intentas morderme pero no podrás resistirte mucho… el narcótico hará efecto en unos segundos y no podrás escapar. Veo como tus párpados se cierran suavemente y tus manos dejan de agitarse desesperadas… Ya no puedes luchar más.

 

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 Oscuridad… solo la oscuridad rodea tu cuerpo, llevo varias horas esperando tu despertar… por fin veo que ha empezado… noto tu respiración agitada por el miedo y la confusión… con el tiempo se acabará el mareo y descubrirás que estás sentada y que tus manos están atadas… no te muevas mucho, no, no,  cuidado del filoso acero que hay en tus ataduras… no comiences el juego sin mi…

 

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Te mueves mucho, sé que te has cortado en tu lucha por librarte, siento el olor suave de sangre y escuché ese quejido casi ahogado, quizás sea momento de presentarme… y para empezar… ¿qué mejor que hacerte saber que estoy aquí? Comienzo a caminar alrededor tuyo haciendo resonar las suelas de mis zapatos contra el suelo… Si me concentro, en los breves espacios de tiempo que dejan los ecos de mis pisadas, casi puedo escuchar tu corazón latiendo con fuerza… Podría bailar al ritmo de tu miedo pero no soy tu bufón, nunca más tu bufón...

Sonrío mientras imagino tu rostro moviéndose al ritmo de mi caminar, intentando descubrir mi silueta entre la oscuridad… Casi sentir en mi rostro tu respiración agitada y no puedo evitar sonreír por ello, ¿tengo ya toda tu atención?, por fin!, toda tu atención es mía y solo mía!!! Pero ni con el miedo consigo que pronuncies palabra alguna. He dado una y otra vez círculos a tu alrededor y solo he conseguido desesperarme yo… Para ese entonces ya deberías haber hablado y yo me estaría deleitando con tus palabras… Pero no, no hablas, ¿eres más fuerte que mi tortura?… ¿acaso tendré que hacer algo más?… si, si, un poco más.

Me acerco despacio a ti por la espalda, con los brazos extendidas, llego a sentir el calor de tu piel en mis dedos sin tocarte… Mueves la cabeza intentando pegarte a mi mano pero la retiro con rapidez,  también lo estás disfrutando, también lo disfrutas… ¿por qué no jugar un poco entonces?

Coloco uno de mis dedos en tu cabeza, en el sitio conocido como coronilla… Noto de inmediato ese movimiento desesperado por retirarlo… Termino de colocar la palma de mi mano en tu cabeza y mientras me apoyo en la silla coloco mi cabeza junto a la tuya… La palma de mi mano se posa sobre tu oído izquierdo y luego baja a tu mejilla, te aprieta con fuerza presionándote contra la sien de mi cabeza, pero no es deseo, ¿es rabia?, ¿acaso solo eso te produzco?, ¿rabia?
Sigo sonriendo mientras coloco mi mano en tu cuello… Lo acaricio con suavidad con la yema de uno de mis dedos sin dejar de hacer presión, le doy vuelta a mi cabeza y poso mis labios sobre tu frente y te doy un tierno beso… Ese sabor salado de tu sudor y de tu miedo es tan delicioso para mí que desearía tenerlo por siempre en mi boca… Dejo que mi lengua se arrastre por tu mejilla desde tu mentón hasta tu frente, por el lado derecho, luego hago lo mismo pasando por el mentón, sobre tus labios y esquivando ese merecido mordisco… que salvaje! mi amor, que salvaje fue tu mordisco.

Alcanzo el borde izquierdo de tu nariz, cerca de tu lagrimal, y noto entonces el sabor de una lágrima invisible… Y, por fin, este es el momento que escucho un sonido que brota de tus labios, un grito agudo que estremecería a cualquier mortal hasta la médula, a cualquiera… menos a mí. Me acerco a tu oído de nuevo y te hablo por primera vez, en un susurro: “De nada sirve gritar, estamos demasiado lejos del mundo como para que algún alma audaz te llegue a escuchar…”

Echo tu cabeza hacia atrás mientras suavemente me doy la vuelta y quedo frente a ti, lamo tu cuello con suavidad a la vez que siento como tus músculos se tensan… Me acerco nuevamente, entre pequeños besos a tu oído derecho y siento como tu piel se enfría intentando resistir mis caricias… Te susurro nuevamente a tu oído: “Intenta no resistirte, o te lastimarás y el dolor será peor”.

Me inclino frente a ti deslizando mis dedos por tu mejilla para luego recorrer tu cuello y pasar por entre tus pechos… Por el camino escucho tu voz pronunciando un monosílabo de resistencia, te sonrío y busco en mi bolsillo esa pequeña cuchilla, con lentitud… disfrutando de cada segundo  empiezo a cortar la tela de la blusa que te cubre… muy, muy lentamente voy cortando, disfrutando de ese magnífico olor a miedo que despides...

Sonrío y continúo forzándome a ralentizar mis actos, ya voy sobre tu ombligo y sigo cortando tu prenda hasta que, finalmente, cae partida en dos. Coloco la cuchilla entre mis dedos paralela a la palma de mi mano y acaricio tu piel, haciéndote sentir el frío del metal filoso sin lastimarte. De nuevo me acerco a tu oído y mientras lo hago, coloco la cuchilla entre tu sostén y tu piel, siguiendo el corte anterior. Te susurro suavemente: “No te muevas mucho, no querrás cortarte, ¿verdad?”

En vano esperé tu dócil aceptación de la situación… Gritaste de nuevo mientras te movías furiosamente, el sostén cayó despiezado por la brusquedad de tus movimientos. Coloqué entonces mi cara entre tus senos mientras lamía con suavidad tu herida. ¡Oh! ¡Qué sangre más dulce y sabrosa bajaba por mi lengua…!

Dejé caer la cuchilla suavemente sobre tu muslo apretando tus pechos con mis manos, buscando un lugar donde sostenerme mientras bebía de tu herida…Tu seguías moviéndote, casi con desesperación… Empecé a temer por tus brazos y tus piernas, atadas aún con un hilo de acero en el que había algunos bordes afilados. Pensé que, tal vez, con sentir el sabor de tu sangre notarías lo que sucedía, así que llevé mi mano izquierda a la herida abierta en tu pecho, de la que aún emanaba sangre de forma constante, unté en ella mis dedos y los llevé hasta tus labios.

Admito que no llegué a prever ese mordisco hasta que me lo propinaste, en algunas partes mi carne se abrió dejando que algunas gotas de sangre cayeran también en tu boca… No iba a perder mis dedos en una pelea por intentar sacarlos, con lo que apreté tu cuello asfixiándote hasta que tu boca aflojó un poco la mordida. Sabía que casi te había estrangulado, tosías y escupías a todos lados intentando respirar. Maldecías como nunca te escuché maldecir, como si de verdad creyeras que con un mordisco tendrías alguna posibilidad de detener la situación. Oh… Mi dulce Isamar… Valiente hasta la muerte… Da pena que el día de hoy dejes de luchar entre mis manos.

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Te dejé recuperar el aliento unos segundos, quizás para que vieras un poco más de cerca tu situación o… tal vez, esperando que tras calmarte disfrutaras aún más de mis caricias. Sería mucho más agradable si también lo disfrutaras, pero es algo tan difícil de conseguir para ti… Regresé entonces buscando tu rostro, mis manos te tomaron del cuello firmemente pero con suavidad…

 

Mi boca, aun con el sabor de tu sangre entre mis labios, recorría tu rostro mientras intentabas agitar la cabeza… Llegué a tu cuello, dejé que mi lengua se adueñara de él mientras los dedos de mi mano derecha se descolgaban hasta tus pezones, mi boca siguió tras ellos y mi lengua alternaba entre tus senos y la herida abierta que seguía sangrando. ¡Oh! ¡Qué dulce es sentirte luchando entre mis caricias!

 

Sigo bebiendo tu sangre mientras acaricio tu cintura y tus caderas, hasta donde me permite la silla. Aprieto tus muslos mientras dejo que mis labios se deslicen hasta tu ombligo para encontrarme de nuevo con la cuchilla que, por unos instantes, había dejado olvidada. Sonriendo sigo besando tu abdomen  y empiezo a cortar con suavidad el pantalón. Sé que te lastimaré un poco al hacerlo, pues esta apretado, pero valdrá la pena ese dolor… te lo aseguro.

 

Siento como tu piel tiembla cuando la cuchilla se hunde levemente en tu carne… Una pequeña línea de sangre brota de tus muslos tras cada corte, sigo bajando con lentitud, alargando las horas para disfrutar por más tiempo de tu compañía. La cuchilla va llegando hasta el final del músculo, a punto de alcanzar la rodilla, creo, nunca fui experto en anatomía.

 

Es entonces cuando siento nuevamente el temblor… Tu rabia… Siento todo tu cuerpo vibrar, desearía que hubiese luz para poder ver tus senos moviéndose bajo el ritmo de tu desesperación, pero la luz quitaría la magia que únicamente existe en las sombras, ¿no crees? Así que mejor lo dejo a mi imaginación… Sólo dejé de cortar cuando, exhausta o adolorida, dejaste de moverte con brusquedad, sólo entonces sería placentero continuar con mi tarea.

 

Intentar no lastimarte mientras cortaba tus pantalones fue una ardua tarea al comienzo, pero, al bajar de tu rodilla, templando levemente la tela, ésta cedía bajo el afilado metal… Algo muy bueno para ti, afortunadamente había previsto esta forma de desnudarte al momento de atarte, por lo que había subido un poco tu pantalón a la hora de hacer el amarre… No habría que esforzarme mucho para romperlo. Si, te estarás pensando por qué no te desnudé antes, pero… ¿Dónde habría quedado el placer? No, Isamar, esta es tu última noche y tu última madrugada y, conmigo, será inolvidable.

 

Al llegar a tus tobillos me encontré con el final de la tela, noté entonces que estaba mojada: en tus muchos movimientos te habías lacerado gravemente…Oh, mi dulce niña… ¿Por qué te empeñaste tanto en lastimarte? Ahora la sangre brota un poco más rápido de lo previsto y tendré que darme más prisa… Yo quería llevar esta noche hasta el alba para que murieras viendo el amanecer… Ahora morirás entre la penumbra sin ver el sol una vez más. Ni siquiera una vez.

 

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Que doloroso es volver a repetir el mismo procedimiento otras tres veces, ya sin la misma delicadeza… Podía sentir ésta vez como el filo entraba levemente entre tus carnes y podía escuchar tus quejidos, pero tú, tú misma, te lo has buscado.

 

Finalmente la tarea está acabada y, como si fuese una tapa, levanto tus pantalones para luego, a tirones, arrancarte la ropa interior. Me levanto entonces llevándome tu prenda íntima a mi rostro… La huelo, intentando percibir hasta el más mínimo olor… Logro sentir diversos aromas, el del jabón, que ha dejado algunos rastros en la prenda, el sudor de todo un día de actividad, y hasta un poco de orín, producto del dolor o del terror… En cualquiera de los dos casos es excitante. Coloco mi mentón sobre tu hombro, evitando cuidadosamente que no puedas morderme, para luego  dejarlo caer.

 

Al llegar a tu abdomen noto la sangre que ha salido de tu pecho, coagulada en algunas partes y fresca en otras… Con mis manos intento recrear la imagen de la forma que ha tomado tu sangre pero eso sería imposible, pero ha salido bastante sangre.

 

Dejo entonces que mi cara caiga hasta tus piernas, que dejé medio abiertas para que mi lengua pudiese entrar en tu vagina. ¡Qué multitud de sabores puedo encontrar en ella! Siento como tus músculos se aprietan, intentando estrangular al invasor… Oh, como me gusta sentir esa reacción… pero, más aún, me gusta notar que parte de la sangre que ha caído de tu pecho ha llegado a parar hasta tu entrepierna, con lo que puedo sentir todo su sabor mezclada con la sangre… Oh, que gusto me has dado!… Que gran gusto me has dado.!!

 

Pero no podemos detenernos por muy delicioso que sea… Oh no… Tenemos que apresurarnos, ya ha habido suficiente magia de la oscuridad. Es hora de probar un poco la luz. Me alejo de ti para encender un foco que tengo puesto justo enfrente. Tu cara se echa hacia atrás por el potente haz de luz mientras yo observo tu cuerpo, por algunos minutos… Quizás por una hora… Sólo puedo observar lo hermosa que eres y lo lindo que combina la sangre con tu piel, intentas moverte y resistirte pero ya solo te espera la muerte, aun queda una dulce muerte que tengo reservada para ti.

 

En tus mejillas puedo notar las huellas de algunas lágrimas. Oh, que lindo lugar donde comenzar: tu rostro… Es tan triste tener que dañarlo, pero solo hay una lágrima que quiero ver. Me siento sobre tus muslos y apretó tu rostro con fuerza mientras con la cuchilla empiezo a dibujar una lágrima larga, que se extiende desde tu pómulo hasta tu mejilla… Una lágrima que toma un color rojizo cuando, entre tus gritos, te arranco la piel. Repito el mismo procedimiento en tu otra mejilla y me alejo un poco para ver el dulce resultado… La sangre empieza a brotar en pequeñas gotas.  Oh, que hermosa obra de arte… Si pudieras verla… Es tan hermosa… Tan natural y hermosa… Me emociono y me acerco a tu rostro, apretando con fuerza tu quijada mientras lamo tus labios de emoción.

 

Estás sollozando, coloco mi rostro frente a la luz dejando que la sombra te permita ver mi silueta. Yo alcanzo a ver el brillo del dolor en tus ojos, te muestro entonces los pedazos de carne que arranqué de tu rostro, empiezas a convulsionar intentando soltarte mientras yo los coloco en mis labios y lo mastico con muestras muy sonoras de agrado, tienes un sabor tan único, tan delicioso. Extiendo mi mano y traigo cerca de la silla una mesa con algunas “herramientas”, te sonrío mientras te susurro: “Te regresaré todo mi dolor”.

 

Una aguja se clava en tu hombro mientras tú gritas, sé que ha llegado hasta el hueso, siento la dureza del mismo. Otra más se clava en tu brazo, pero con la tercera aguja que es clavada no hay una respuesta audible: has cerrado la boca para privarme de tus gritos… Oh no, no te quedarás callada…

 

Levanto la palma de tu mano verticalmente y clavo una aguja gruesa y larga por la palma de la mano intentando atravesar también tu brazo y ésta vez no puedes evitar gritar. Te acerco un encendedor y te susurro: “¿Sabías que las yemas son uno de los lugares más sensibles del cuerpo?” mientras coloco la llama bajo tus dedos, uno a uno… Hasta sentir el olor a carne chamuscada mientras tú gritas y te retuerces. Ya no me importa si te lastimas, así es el amor, siempre te hace sufrir... yo sufrí por ti cuando todo comenzó y es justo que al final sufras tú.

 

Con la cuchilla corto la carne que ha quedado chamuscada de tus yemas, tomo los pedacitos y coloco uno de ellos en tu boca mientras te susurro un ligero “Come”. Tú, intentas morderme los dedos, así que tengo que apretar tu cuello hasta conseguir abrir tu boca, coloco el trozo de carne en ella y te vuelvo a decir “Come”. Pero lo escupes… Sonrío mientras coloco una pinza en el dedo meñique de tu mano derecha, vuelvo a colocar un trozo de carne cerca de tus labios mientras te digo “come, o te quedas sin dedo”.

 

Como esperaba, me giraste la cabeza. Sí, siempre indomable, hasta el final. La pinza se cerró con fuerza produciendo un sonido metálico mezclado con el aullido de dolor que profirió tu garganta. Nueve veces mas se escuchó el sonido de la pinza mezclado con ese grito, capaz de helar hasta el tuétano, hasta que ya no había dedo alguno en tus manos que cercenar.

 

Coloqué entonces mis manos en tus senos moviéndolos un poco… Oh, que suaves… Que deliciosos… Quiero sentirlos en mi cara de nuevo…. Coloqué mi rostro en ellos pero noté que no era suficiente. Deseaba más, algo más… Tomé un cuchillo largo y afilado y, en un movimiento de zigzag rápido, corté uno de tus senos, mientras gritabas dolorosamente y lo restregué en mi cara, lo probé y lo besé… Sentía su sabor inigualable cuando lo lamí y cuando lo mordí… No hay sensación que describir, ¡que delicia de senos tienes, que carne más suave y más sabrosa…!

 

Una vez se hubo acabado la comida, abrí los ojos y me encontré con los tuyos… Tu mirada vidriosa, paralizada de terror… Pero aún queda el postre… así que bajé suavemente hasta tu entrepierna y empecé a lamer con delicadeza tu vagina, sólo saboreándola, pues luego esa caricia dulce, casi inocente, se convirtió en mordiscos… Tus quejidos ya no eran gritos: la voz se había extinguido ya… Pero esa mezcla sanguinolenta de carne y huesos permanecerá para siempre en mi memoria…

 

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Cómo aceptar que el juego terminó… Tu mirada perdida, llena de desesperanza. Tu vida, extinguida, aunque tu corazón siguiese latiendo. Tu cuerpo, cercenado, aún reconocible pero herido. Pero tus ojos… Que ojos más fríos… Era como mirar a un muerto. ¿Para qué, entonces, continuar con tu sufrimiento si tu mente se resignó a morir? Tomé un arma, un 9 mm de la mesa, y la coloqué en tu sien. En ese momento noté un brillo en tus ojos, bajo la oscuridad de mi sombra creí ver una sonrisa leve, mientras que un sonido, apenas audible, llegó a mis oídos, un sonido que se calló con un disparo. Me di la vuelta, estaba aún excitado, pero no quería ver el cadáver. Mi mente tenía lo que quería: ese hermoso recuerdo, y, sobre todo, ese nombre… Mi nombre, susurrado por ti antes de morir.

Viktor SalEm

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