CATALINA

 

Ningún  día  fue  tan  feliz para  Catalina como   aquel   en   el que  su  novio le  propuso   matrimonio  una

mañana   de   domingo.  Las    lágrimas   derramadas   por    Catalina    dibujaban    un    cuadro      emotivo

significativamente  más  intenso  al  de  la  mayoría  de   las   mujeres   quienes   también   articularon   las

mismas palabras: si, acepto.

 

Durante la  tarde  en que  se  celebró  la  boda, el  rostro de Catalina resplandecía de felicidad; alargaba el

 cuello  como  si  quisiera  salir  volando.  Cantaba   sin  cesar  una   melodía   que   evocaba el  traslado del

 paraíso a su nueva vida,  todo gracias a  la compañía de su esposo.

 

Salvador –el flamante marido – pretendía   formar   una  familia lo antes posible, pero Catalina encontraba

 la  manera  de  extender  el  plazo  una  y  otra  vez,  argumentando  la  necesidad de convivir  más  tiempo

 como pareja antes de comprometerse a desplazar sus prioridades  en el terreno de la crianza de los hijos.

 

Al paso  de  dos  años Catalina notó un distanciamiento  con su esposo. La insatisfacción que él sufría  al no

poder  abrazar  a su  anhelado  primogénito, aunado al  desproporcionado empalagamiento con que ella lo

atiborraba  sin  tregua;  obligaron  a  Catalina  a  modificar  su estrategia. Solamente fueron necesarios tres

 meses  para  que  Salvador  cambiara  totalmente  su  fisonomía. Catalina  no  dejaba de resultar sofocante,

 pero él la toleraba pacientemente motivado por el sueño en progreso de ser papá.

 

El nacimiento de Omar formaba parte del proyecto con que Catalina procuraba restablecer la armonía en la

relación con su esposo, y  por  algunos  años lo consiguió. Catalina vivía a través del tiempo y  el espacio que

compartía junto a Salvador. El olor  que el desprendía, su tono de voz, su mirada  dispersa y su joven cuerpo

de 26 años eran motivo suficiente para generar en Catalina un amor desbocado, sin límites. 

 

 

 

Pero   el  vínculo   con  su hijo careció siempre de ese enternecedor sentimiento que caracteriza a una madre

amorosa. Catalina aprovechaba los constantes viajes de negocios de Salvador para hacer  uso de los servicios

de   guardería    la   mayor   cantidad   de   horas   posibles  y  contrató  permanentemente   a una niñera para

que    se     encargara   de    la   atención   del    pequeño   Omar  mientras   ella  seguía     incrementando   sus

actividades sociales y su  enfermiza obsesión por Salvador.

 

La     convivencia    de    pareja   se  contaminó    sustancialmente  durante  los   siguientes   4  años.   Catalina

nuevamente consideró la importancia de contrarrestar la gélida mirada con que Salvador se dirigía  a   ella  y  

cedió   en   el   proyecto  de   planear  la  llegada  de  un  segundo  hijo.  Adriana nació una noche lluviosa   de   

Octubre   y   fortaleció   en   todos   el   entusiasmo   por   un   futuro  más placentero.

 

Sin  embargo,  Catalina  envidiaba  el  cariño  y la  atención  que Salvador destinaba a sus hijos. Ella  notaba la

creciente  frialdad  de  su  esposo. Le estremecía  la idea de seguir perdiendo la  oportunidad de recuperar la

perfección   de   aquellos  años  de  noviazgo  y  los  primeros  de  matrimonio. La aceptación  a ser una figura

secundaria en las prioridades de Salvador sencillamente no podía permitirlo.

 

Catalina  vertía leche con  chocolate  en  las tazas de  Omar y Adriana,   habían  cumplido ya  7   y   3 años  de

edad  respectivamente. Era  el  día de  descanso de la niñera y Salvador no  llegaría hasta la próxima semana,

por  lo que   Catalina  comenzó  la   rutina  de  preparar a   los  niños la cena,  jugó   unos   minutos  con  ellos, 

leyeron  un   par  de  cuentos de   Hans Christian Andersen,  los   llenó   de   besos, los abrazó  fuertemente  y 

les  obligó   se   dirigieran   a   las    gélidas  aguas  de  la  tina  de  baño  para   después  arroparlos  y  cubrirlos   

dentro  de  la  profundidad de sus eternos  aposentos.

 

 

 

 

Bajo  el  inminente  crepúsculo de  un   día   de  Noviembre, las hojas de los árboles caían secas al pavimento; 

la  luna  reflejaba  sus  primeros rayos y un viento helado invadió  cada rincón de la casa. Catalina observaba

por  la  ventana  de  su habitación esperando la  llegada de su  amado esposo.

 

 Mientras Catalina  limpiaba  con  esmero,  encontró  una  carta  en  el  bolso  interno  de uno de los sacos de

Salvador,  las  palabras  ahí  plasmadas convulsionarían  la   poca  cordura  con  que  ella aun  contaba. Era  la

prueba irrefutable de la traición, todo había sido en vano.

 

Toda    la   veneración    de   Catalina   hacia  su   esposo  se   transformó  en  furia. Esperó  pacientemente  su

llegada y  cuando   le  escuchó   entrar  a  la  casa   lo esperó en la lobreguez del cuarto vacío de los niños.

Sabía  que  ese  era  el  primer  sitio  al  que se encaminaría. Salvador entró a la habitación, encendió la luz, le

asombró el ver las camas vacías y antes de poder reaccionar Catalina lo golpeó brutalmente con  un  bate de

beisbol  repetidamente  en  el  cráneo.  Lo arrastró al baño con dificultades, fue a la cocina por un cuchillo de

 carnicero  y  descuartizó  el  cadáver.  Comenzó  con las  piernas,  muslos,  pelvis, torso, brazos, antebrazos y

cabeza. En total 13 pedazos, era un numero de mala suerte pero no se detuvo en ser supersticiosa.

 

Una semana   después Catalina realizó una gran fiesta. Invitó  a  más de  cien familiares, amigos y  conocidos.

La  organización  del  banquete  fue  todo un éxito; con entremeses,  un amplio catalogo de vinos, ensaladas,

carnes y postres, los invitados colmaron su apetito y su  sed.

Como era de esperarse la gente preguntó  por  Salvador, a lo que Catalina sin inmutarse respondió:

 

                -Tuvo que salir de imprevisto por razones de trabajo, estaba muy apenado por perderse del gran

banquete,  pero  no  se preocupen, estoy  segura que  mi  amado  esposo, pese a la distancia,  está dentro de

todos nosotros.

 

Iván Alatorre Orozco

6-5-2012

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Comentario por Ivan Alatorre Orozco el mayo 15, 2012 a las 9:53pm
Mil gracias Celeste por tus palabras. Las valoro enormemente.
Comentario por celeste hernandez el mayo 15, 2012 a las 9:35pm

escalofriante escrito, narrado con mucha imaginacion ,tienes el carisma de envolver al lector, felicidades y ciertamente se comieron al esposo, y bueno ella tambien murio eso es lo menos que se mertecia desgraciadamente debemos comprender que las personas no somos de nadie y el cariño se gana creo que ella tuvo la culpa por no dejarse querer en un principio...felicidades amigo ivan tienes mi estrella con tu magnifico escrito...

Comentario por Ivan Alatorre Orozco el mayo 15, 2012 a las 6:53pm

CONTINUACIÓN.........


HOJAS SECAS

 

 

Estaba parada frente a la ventana de su habitación mirando las hojas secas caer sobre la calle cuando recordó la imperiosa necesidad de comenzar el artículo para el diario en el cual tenía comprometida su columna.

Bajó a la cocina, encendió  la estufa para hervir agua, se preparó un café y subió  decidida al estudio para realizar la tarea pendiente. Sorbió un trago, se limpió los labios  y ya sentada en su silla favorita, con pluma en mano, comenzaron a fluir las palabras.

La tarde sucumbía sin ella notar el andar de los minutos, solo un penetrante olor a gas la obligó a dirigirse a la cocina. Recorrió  nuevamente el pasillo alfombrado, bajó las escaleras de madera que crujían con cada uno de sus pasos, centró un par de retratos colgados en la pared y finalmente llegó a la puerta de la cocina. Al abrirla, se expuso al monóxido de carbono acumulado, sus piernas flaquearon al avanzar los tres metros que la separaban del patio que ventilaría el área. Al entreabrir el  cancel,  un súbito mareo le nubló la visión, colocó ambas manos en su cabeza y se alejó.

Al escribir, ella gozaba del placer casi perverso de ir desgajando  línea a línea relatos de naturaleza sombría, construyendo vívidas imágenes que involucraban con éxito a sus numerosos lectores. En su historia en proceso, una mujer; recelosa, esperaba con rabia contenida la llegada de su esposo. Solo pocas horas atrás, ella vertía lágrimas de impotencia al descubrir la infidelidad de su hasta entonces idolatrado marido. Escondida en la habitación de los niños, escuchó sus pasos, percibió su característico olor a lavanda,  y una vez a su alcance, sin que él lograra  reaccionar al ataque, lo golpeó repetidamente en el cráneo con un bate de béisbol para destazarlo y deshacerse del cuerpo. La mujer no olvidaría jamás la  última mirada de su esposo al observar unos ojos inundados  de terror y reclamo absolutos.

Al dispersarse el gas, se levantó tambaleante del piso, había estado inconsciente solo unos  segundos. Recorrió  las escaleras de madera a trastabilleos, después el pasillo alfombrado y finalmente su habitación. Sorbió un trago de café tibio, se limpió los labios, miró por la ventana las hojas secas caer sobre la calle.  Se sentó en su silla favorita dispuesta a seguir escribiendo,  pero no pudo, un olor a lavanda fue su último respiro

 

 

Iván Alatorre Orozco

14-Mayo-2012


Comentario por Iris del V. Ponce P. el mayo 15, 2012 a las 6:36pm

Iván...

Un interesante relato de suspenso, un final inesperado.

Eso es lo que puede provocar una obsesión tan avasallante sobre  el ser amado.

Obsesionarse de esa manera y llegar al extremo de matar es horrible.

Me encantó porque en ningún momento decae la narración.

Pero definitivamente es espantosa la aptitud que toma ella, primero los celos hacia los hijos que también los desaparece no? al menos eso deduje de la lectura. 

Resultó ser frívola, perversa, cínica y calculadora.

Felicitaciones por este relato.

Debería tener continuidad...

Abrazos

 

Comentario por Ivan Alatorre Orozco el mayo 8, 2012 a las 11:48pm

Muchas gracias querida Anaconda por la aclaración.

Un abrazo

Iván

Comentario por ALAS DE LUZ el mayo 8, 2012 a las 10:51pm

Claro, es evidente que obedece a una logica literaria interna, en realidad seria moralmente terrible llegar a esos extremos...

Me hace pensar en una especie de tragedia griega aleccionadora, pues  haces incapie en las relaciones humanas en la que los personajes muestran justo lo que no hay que hacer: Ya veeen lo que pasa... :-)  

Ivan, con todo respeto por tu escrito, las  piernas,  muslos,  pelvis, torso, brazos, antebrazos y cabeza, suman 11...

Saludos

Comentario por VERONA el mayo 8, 2012 a las 3:29am

wuowwwwww que intenso.... y fuerte escrito

se comieron al esposo en el banquete!!!

pero que frivolidad.. con la que lo asesino?!? sería amor?

jeje felicitaciones

me gusto muchisimo

Comentario por Ivan Alatorre Orozco el mayo 8, 2012 a las 12:54am

Mil gracias amigos por sus atentas palabras de apoyo hacia mi cuento.

Lo increíble de la literatura es que moralmente no existe el bien o el mal. Puede clasificarse en cuanto a la calidad del trabajo, pero el resto, es mera cuestión de imaginación..

Un gran abrazo a todos..

Iván

Comentario por Andrés Ernesto ( Anderoa ) el mayo 8, 2012 a las 12:16am

Ivan... la historia cruda y estrepitosa me gusta gracias por compartir Andrés Ernesto

Comentario por matilde heras maema el mayo 7, 2012 a las 8:13pm

Amigo muchas gracias por compartir me gusto mucho besos

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