/ ELLA TIENE AROMAS A LIMONEROS Y NARANJAS

 

/ ELLA TIENE AROMAS A LIMONEROS Y NARANJAS

 

Cuando llegué, ella ya estaba; al igual que yo, venía de la provincia. Emigrantes en nuestra tierra, nómadas con los sueños a cuestas, en un éxodo de necesidades nunca cumplidas. Extraños para una ciudad por la que pasábamos inadvertidos en ese mundo de almas que de prisa van perdiendo el calor en un frío de indiferencia y en el sálvese quien pueda.

Su piecita en el viejo caserón estaba frente a la mía. Nos fuimos conociendo en ratos en que le hacíamos trampa al trabajo para remolinar buscando un descanso merecido, a escondidas de la mandamás. Ella lavaba, cocinaba y hacia las cosas de la casa poniéndole esmero y voluntad; yo, como un loco, andaba descubriendo las calles trepado a un triciclo, repartiendo el pan, iba y venía, volvía a cargar y volvía a salir. Recién terminaba mi labor, largaba todo predisponiéndome a comer. Retiraba la comida de la cocina en donde ella estaba. Me miraba y siempre agregaba un poquito más y con ternura decía:

-         Por si te quedas con hambre.

Ahí nomas, en donde comía, encima de los tablones del pan, me estiraba en una corta siesta, pero no dormía. Pensaba en ella y la oía limpiar, baldear el patio, ordenar la cocina para después reservarse un ratito, apenas un ratito, para mirar el sol escuchando la radio, recostada en su catre cobijado de pobreza y soledad

Ella tenía casi mi edad, en un desvalido tiempo en que crecer duele, duele andar solo conteniendo lágrimas, callando broncas, extrañando la cuna, tierra amada de sauces y ríos, de palomas y jilgueros, de ranchos pobres y caricias. Nos sentábamos en la terraza y mirábamos el cielo, y ella decía casi murmurando:

-         ¿Cómo estará el cielo de mi Tucumancito?

-         Tucumán- corregía yo.

-         Eso, me decía, aceptando mi corrección.

Después reía dejando caer su diminuto cuerpo sobre mi pecho. Ella siempre reía y contagiaba su alegría a mi corazón amargo de dolor.

Desde mi piecita solía oírla llorar de noche cuando pensaba que nadie la escuchaba. Salía despacito, se sentaba sobre el barandal de la terraza y en un vaivén que parecía terminar con ella en la vereda, se movía oscilante contemplando la distancia. Yo atento, sin que ella lo supiera, velaba su insomnio, estaba siempre listo y temeroso de que cayera al vacio o se dejara llevar por sus pensamientos. Como un ángel de la guarda custodiaba su silencio y su dolor.

Un día toqué sus manos, las sentí cálidas y las apreté mirándola a los ojos. Rocé con mi boca sus labios y los entreabrió con timidez. Estaban secos y fríos. Avergonzada, se retiró. Caminó unos pasos, mojó un dedo y volvió a mí, lo puso sobre mi boca, me guiñó un ojo y con ternura acarició mi pelo. Luego, sin decir nada, la vi partir a prisa escaleras abajo.

Esperé con nerviosismo la noche, tiempo en que solíamos hablar contándonos sueños y nuestros deseos de regresar, pegar la vuelta sin la mochila del fracaso, llevándonos de vuelta algo que no nos marcara como perdedores. Sobre ese tema decía casi eufórica:

-Cuando vuelva le voy a llevar a má un mantelito a cuadro que vi en la otra cuadra, pa’ la mesa.

-Para - replicaba yo.

Ella reía, ya cansada y acostumbrada a mi odiosa costumbre de corregirla.

-Cuando haya juntado lo suficiente, vuelvo al pueblo, a caminar por sus calles de tierra, allí donde saben mi nombre, en donde está la alegría de vivir en una pobreza digna, lejos de las miserias de esta puta ciudad que ahoga y acorrala la libertad, sentenciaba yo casi con rabia.

-A mí me sucede lo mismo, decía ella. Me siento encerrada entre muros, es por eso que de noche miro pa’ mi Tucumán. Allí está, decía, segura de lo que afirmaba. Allí, más o menos por detrás de ese edifico, derechito, allí está mi casa. Me parece oler su aroma a pan caliente y ver a mi madre pelear con los chanchos y las gallinas. Quédate calladito y quieto, ¿no sentís un aroma a tierra mojada, a poleo y alfalfa?

-Yo no huelo nada - le decía riendo.

Ella me pegaba en los hombros y esperaba por mi reacción.

La tomé de la cintura y la giré cuando se disponía a partir. La atraje hasta mí, detuve mis deseos de besarla y la miré. Casi rosándonos las bocas, esperé por ella. Deseaba en el alma sentirla, percibía en mi corazón que la amaba entre la lastima y los insipientes deseos de pertenecerle para dejar de ser yo, y transformarnos en nosotros. Ella subió sus brazos y rodeó mi cuello. Entrelazados nos evadimos en un prolongado y eterno beso, tiempo en que pensábamos quizás uno en el otro. Yo viajaba a su Tucumán y olía el dulzor de sus cañas. Luego, ella me hablaba de sus anhelos de ver cómo maduraban las uvas. Prometí mostrarle las viñas y los ríos.

–Mi Tucumancito te va a gustar. ¡Ya vas a ver! Es verde y tiene aromas a limones y crespas naranjas. ¡Ya vas a ver!

Eso lo decía siempre humildemente y lo repitió la última vez que la vi en el andén de Retiro partiendo de regreso, llevando el mantelito a cuadro. Yo me quedé intentado juntar un poquito más que me alcanzara para regresar sin vergüenzas y mirar de frente a los que amaba. Meses después sabría de ella, me llamó a la pensión para avisarme que había nacido nuestro hijo.

Un olor a naranja y limones inunda mis pasos y un gusto dulzón a caña lleva en la boca nuestro hijo que camina tropezando a mi lado, fatigado de amor.

-¿Te gusta mi Tucumancito? - La oí decir detrás de mí.

La dejé con sus costumbres y su extraña pronunciación.

-¿Pa’ qué más? ¿Pa’ qué cambiarla si la amo así como es? Transparente y pura.

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Comentario por celeste hernandez el octubre 5, 2017 a las 6:48am

un bello amor sincero , libre y puro, gracias de corazón por compartir. Celeste.

Comentario por Josefa Alcaraz Martínez el octubre 5, 2017 a las 2:03am

Comentario por rafael vicente padron ruiz el octubre 4, 2017 a las 8:53pm

me gusto er final de dejar en modo de pronunciación tar cuar es , mi muhe a tratao desde hace 46 años que no hable como lo que soy un hombre de la costa y de fabmilia margariteña , hablamos rapido y extraño pa empeza cambiamos la l por la r es decir , como esta er amigo , pa muestra un boton ,

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