LA MAGIA DE LA COMUNICACIÓN (APRENDIENDO A CONVERSAR CON LA VIDA Y DE LA VIDA EN SILENCIO)

Capítulo 1º

Erase una vez. Así empezaba el cuento que iba a leerle a su pequeña. En él, se relataba como una princesa cansada de la cárcel en que se había convertido su castillo,un buen día decide marchar al anochecer, vestida con ropas sencillas, dispuesta a conocer las verdaderas necesidades de los habitantes de su reino, sumergida en el anonimato que le prestaría el desprenderse de su corona, símbolo de poder para estos. Era un relato fantástico con final feliz, como solía ocurrir en todos los cuentos de hadas.
Por esta razón se encontraba en ese momento con su ésta sobre su regazo, sentadas en la terraza de su casa, con el paisaje de la Vega del Jarama delante, bañada ésta con los colores verdes y tierra, entrecruzados con el color púrpura que tiñe los arbustos al atardecer.
La pequeña, impaciente, tomó el cuento de sus manos y nerviosa la hojeo. Aunque no sabía leer, quería ver anticipadamente los dibujos, para adivinar el desenlace final. Como todo niño, no necesitaba las palabras, para dibujar en su mente cada paso que iba a dar aquella princesita.
Durante los apenas minutos que transcurrió mientras que ésta hojeaba el cuento, su mente también voló, pero no hacía el mundo de la imaginación, sino hacía ese rincón del corazón, donde guardaba los recuerdos acumulados, hasta el momento en que llegó a aquel hogar.
Esas historias fantásticas, no ocurrían solamente en los cuentos de hadas. A veces, en la vida real, también podían vivirse historias fantásticas. Ella misma había sido protagonista de una de ellas. Una historia que la había llevado a vivir intensamente un amor que consiguió que su vida cambiara, y la permitió conocer toda la fuerza interior que anidaba dentro de sí misma, cambiando su visión de la vida y los sentimientos, y consiguiendo que se convirtiera en aquello que más había deseado; una mujer libre de pensamiento, que vivía de acuerdo a sus deseos, allá donde siempre soñó. Durante los últimos años en su vida, todo había transcurrido realmente como en un cuento. Hacía apenas unos meses, se encontraba viviendo en un piso, donde el único paisaje que se divisaba desde la ventana, era la monótona fisionomía de bloques y bloques de viviendas, sin ninguna identidad propia.
Su vida transcurría absorbiendo horas de transporte, trabajo, ruidos y contaminación, mientras en su fuero interno, esperaba conseguir algún día aquel sueño que tantas veces lleno su pensamiento. ¡Vivir en un pueblecito pequeño!
Recordaba aquel del verano pasado, en que, su mente imaginó como sería aquel sueño dorado.
Estaba sentada en un banco del andén. Cerró los ojos, dejándose acariciar por el suave viento que soplaba.
Su vestido, rozando el suelo, ondeaba al viento, ansioso de volar, dando al momento, un suave toque de romanticismo. Este de color tierra, hacía juego con las miles de piedras que, como un lecho, acogían a los raíles que se encontraban enfrente de ella.
Sus cabellos, celosos de su vestido, luchaban por liberarse Por unos minutos, había perdido el tren que la llevaría de vuelta a casa y resignada, decidió disfrutar del momento. ¡Ahora se alegraba! El andén, estaba vacío, y al encontrarse sentada en el exterior, podía contemplar aquel pequeño pueblo que envuelto en la tranquilidad de unos días de vacaciones, se divisaba desde allí.
Desde unos altavoces, llegaban hasta ella, melodías tranquilas que combinadas con el suave soplo del viento entre las ramas de chopos y pinos, convertían el momento en una dulce y placentera melodía musical.
El cielo, azul claro, moteado de blancas y diminutas figuras imaginarias, ponían en su mirada un matiz de paz.
Su imaginación hecho a volar... Las margaritas que había recogido en el camino hacia la estación, se encontraban a su lado, y acariciando éstas, se dejo llevar por la sensación... Una inmensa llanura verde, se dibujó en su mente. Un tapiz, poblado de diminutas florecillas multicolores competían con la belleza de un horizonte teñido de blanco, que la nieve había vestido. Por unos momentos, se sintió, como un pájaro volando de rama en rama, contemplando desde las alturas la belleza que la naturaleza regalaba.
Dejó que su mente siguiera volando hacía el inmenso prado que divisaba a lo lejos. Volar hacía este, representaba, para ella, volar hacia nuevos horizontes, nuevas llanuras que recorrer, nuevos paisajes que contemplar.
Volvió la vista hacía la casita que se adivinaba allá al fondo y se imaginó su casa. Aquella casa, donde quedarían sobre el porche grabadas, las huellas de amigos que día a día, ayudaban a que su vida siguiera la senda de la tranquilidad en su caminar diario.
Apenas habían sido unos minutos. El ruido de pasos, la hicieron abrir los ojos. En el andén, dos o tres personas, se sentaban a esperar como ella el próximo tren. ¡El encanto se había roto! Por los mismos altavoces que no hacía muchos minutos se oía una suave música, ahora... una voz metálica e impersonal, repetía: tren destino Atocha, va a efectuar su salida por la vía dos.
Recogió sus cabellos como mejor le fue posible. Con sumo cuidado, tomó en sus manos el pequeño ramo de margaritas que se encontraba a su lado y cerró los ojos durante unos segundos más, para volver a sentir la caricia del viento, y levantándose, con pasos cortos y tranquilos, avanzó unos metros sobre el andén. En unos minutos, subiría al tren y quedaría atrás olmos, pinos, flores y aquellos sonidos que se asemejaban a susurros entre los árboles.
Atrás quedaría, la tranquilidad, que se podía cortar con el pensamiento, para adentrarse en la jungla de asfalto y piedra donde vivía.
Dejó que su mirada atrapara durante unos minutos más, aquellas imágenes y respiró hondamente.
Mañana volvería. Quizá. El sol volviera a lucir con la misma fuerza, y el andén durante unos minutos, quedaría vacío... Algún día, ella viviría en un lugar así. Un pequeño pueblecito rodeado de campo, donde cada mañana recogería flores diminutas para adornar su hogar. Donde el sonido del viento, acariciando las ramas y jugueteando con los pajarillos, llenaría sus oídos de música natural.
Y ese día había llegado. Todo había ocurrido como en los cuentos de hadas.
Se encontraba viviendo en un pueblecito pequeño, rodeado de campo y sin la agobiante vitalidad de la gran ciudad. En una casita, sin porche, pero impregnada de toda la paz que buscaba. El camino hasta ésta, había sido largo, duro y al mismo tiempo enriquecedor y lleno de acontecimientos que cambiaron el rumbo de su destino.

Capítulo 2º

Todo había comenzado el día en que una noche, se introdujo en el mágico mundo de la radio como oyente.
Su entrada en ese mundo, comenzó una noche en que cansada de mirar aquella caja negra con botones, donde unas figuras en color, mostraba mediante las escenas de una película, una visión de la vida algo irreal y pamplinosa. Su mirada no se apartaba de la pantalla. Javier dormía, y Elena y ella contemplaban una película que estaban emitiendo, soportando cada diez minutos la avalancha de anuncios con los cuales les bombardeaban.
No entendía muy bien que le pasaba, pero cada vez le gustaba menos aquella caja, desde donde intentaban vender miles de cosas; todas envueltas en bellos colores, paisajes y palabras vacías y perfectamente estudiadas.
Había terminado de cenar, así que se levantó y se dirigió a su habitación. Allí se respiraba una paz distinta. ¡Era su lugar favorito! Tendida sobre su cama podía dejar volar su imaginación, y olvidarse un poco de la maldita caja negra, y todo lo que desde ella intentaban meterle en la cabeza.
Necesitaba respirar el silencio que existía en la habitación. Necesitaba tranquilidad.
No sabía muy bien cuánto tiempo estuvo así, a solas con su silencio, con su propio yo, sin que nadie la interrumpiera en sus meditaciones. Saboreando con su imaginación, sólo sensaciones placenteras. Sinfonías musicales que arrastraba el silencio, absorbiendo con esta el aroma de una flor imaginaria. Oyendo el suave rumor de las olas, sintiendo la caricia del viento que apenas perceptible, rozaba su ventana.
La voz de su hija, le sacó de su mundo de fantasía.

- Mamá... ¿qué haces?

Le contestó que nada. Le explicó, que se había marchado a la habitación a escuchar música, y casi sin ganas le dio al botón del despertador que conectaba la radio. No buscaba ninguna emisora en particular. La verdad era que no buscaba nada. Sólo era una excusa para seguir en la habitación, sobre aquella cama,un espacio en la casa, propio y particular
Dejo el dial quieto en un punto determinado. Se oía hablar a alguien. Después una música suave lleno la habitación, y a continuación de ésta, volvió a oírse al locutor.
Casi sin darse cuenta en pocos minutos, se encontró pegada al despertador. Había algo en aquella voz que la hizo prestar más atención de la normal y poco a poco se fue interesando por lo que se decía.
Entre música, reflexiones, y conversaciones cortas, fue transcurriendo el tiempo. Era curioso porque todas parecían tener algo que decir sobre la soledad, el amor, el desamor, la vida en definitiva.
No sabía muy bien cómo, pero cuando se quiso dar cuenta, había pasado casi una hora. El locutor se despedía hasta el día siguiente. Se encontró deseando que de alguna manera, aquello no terminara aquella noche. Mientras unos y otros hablaban acompañados por suaves melodías como fondo musical, su mente se había llenado de sensaciones y su cuerpo relajado, sentía una tranquilidad tan profunda, que se sorprendió ante la intensidad con que había estado escuchando aquellos minutos.
Miro el reloj, eran las doce, debía llevar algo más de una hora escuchando el programa.
Era tarde. Llamó a Elena que aún seguía viendo la televisión y le dijo:
-Hija, se ha hecho demasiado tarde, así que vamos a la cama.
Todo transcurrió como cada día, se acostaron, y entre bromas y besos se durmieron.
Al día siguiente, se dio cuenta de que de alguna manera, inconscientemente, estaba esperando que las horas pasaran rápidas, ansiando que llegara la noche. No había cambiado la emisora, donde había oído el programa la noche anterior, y por alguna razón que todavía no entendía muy bien, quería volver a oír esas voces y lo que decían.
Empezaron a cenar y una vez terminaron, se acercó a la habitación y conectó el receptor, que seguía sintonizado en el mismo dial que la noche anterior, esperando oír las voces de las personas que participaron el día anterior.
Y allí estaban. Dos personas estaban hablando a través de un teléfono. Una de ellas, se dirigía al locutor y juntos, opinaban sobre el problema de la soledad. Le faltaba el principio de la conversación, pero no le importó. Le dijo a Elena que no le apetecía ver la televisión, así que se quedaría en la habitación a escuchar la radio. Eran las 22.20 horas. Se echó sobre la cama y se acomodó.
El locutor, dirigía la conversación, dando a ésta, un tono tranquilo y pausado que permitía que el conjunto en sí, fuera agradable. Por los comentarios, pudo deducir que el nombre del programa, tenía alguna relación con las luces de la ciudad.
Entre reflexiones y participaciones, unidas estas por una tranquila y buscada música, transcurrió el tiempo. Llegó las doce de la noche, momento en el cual, el locutor se despidió de sus oyentes hasta el día siguiente, y fue cuando ella se enteró de que el programa se emitía de lunes a jueves, de diez a doce de la noche.
Transcurrieron varios días. Era jueves. Anabel apagó la radio y se puso a pensar en que estaba ocurriendo.
Se sentía bien oyéndolo, pero llena de desconfianza hacia todo lo que suponía el programa. En el fondo pensaba que sólo era eso, un programa más, donde se aprovechaban los sentimientos de algunas personas, sus problemas, y desengaños para llenar un tiempo en la radio. y hacer que esas personas, que pasaba por un momento difícil, ocuparan ese tiempo en oírlo, haciendo que subieran los índices de audiencia, ya que la mayoría, llamaban porque se encontraban solos o tenían algún problema.
¡No podía haber otro motivo! ¿Por qué iba a haberlo?
Ella tenía experiencia en el tema. Sabía cómo a veces se manipulaba los sentimientos compasivos ajenos, para llenar programas de radio y televisión, con el fin de conseguir mayor audiencia, a consecuencia del tan traído y llevado morbo de los humanos. Estaba cansada de ver programas de televisión, con temas relacionados con niños abandonados, en los que las imágenes provocan el efecto de un rayo de compasión momentánea, durante el cual el sentimiento de pena hacía brotar exclamaciones como: ¡Pobrecitos! Mientras unas lágrimas llenaban los ojos. Compasión fugaz que era absorbida a los pocos minutos, por el siguiente programa que conseguía introducir dicha compasión en el baúl de los recuerdos, del olvido.
Apago la luz y se dispuso a dormir, negándose a concederle más tiempo al tema, a pesar de que sentía un sentimiento contradictorio. Por alguna razón. a pesar de todas sus dudas, esperaba que llegara pronto el próximo lunes, porque durante aquellos dos días, durante los minutos que había estado escuchando a aquellas personas, se había sentido muy bien. Cuando terminó éste, se fue con Elena que ya se estaba preparando para acostarse.
Pero las horas pasaban lentas y no podía dormir. Algo la había dejado pensativa. El locutor había dado un número de teléfono. Al parecer, de un contestador, donde se podía dejar grabados los pensamientos, alguna poesía, o cualquier tema que se quisiera comentar sobre el programa y lo que en este se había comentado.
Un ansia incomprensible para ella, por escribir, se apoderó de sus pensamientos. Elena dormía plácidamente, así que se levantó, buscó bolígrafo y papel y empezó a hacerlo. No sabía muy bien cómo empezar, sin embargo las letras brotaban solas, llenando el folio de pensamientos y sentimientos encontrados. Cuando terminó, leyó sorprendida lo que sobre el papel, dejaba constancia de la confusión de sus propios pensamientos, y la inmensa soledad interior que reflejaban estos:
Que difícil resulta definir los sentimientos, analizarlos y después querer transmitirlos.
Se cae en el error a menudo de escribir, no lo que en tu fuero interior existe, sino más bien lo que se desea que exista. Algo bello, real, tierno... y sin embargo lo que existe es un cúmulo de contradicciones, preguntas sin respuestas, añoranzas, esperanzas, dudas y pesar.
Cuando pasan los días y te das cuenta de que el espíritu, está dormido, apático, desfasado e indiferente ante el mundo real. El mundo que hay fuera, el de la competitividad la indiferencia, la soledad, el vivir de cada uno, dentro de su concha de coral y piensas que el tiempo va pasando, y tú con ellos vas.
Resulta duro, cuando con el alma, se quiere ser otro, se quiere luchar, seguir adelante, echar a volar. Sin embargo, día a día, amoldando el paso al de la sociedad, te dejas llevar. Te arrastran, te funden. Vegetas y caminas como un autómata más.
Y al final del día, momento en que en la noche las luces empiezan a brillar, una voz tenue que suena en el silencio, te hace pensar que la noche está llena de personas que como tu, con las mismas preguntas. luces. Unas llenas de tristeza, otras con infinita paz. Las hay con desesperanza y con ganas de luchar.
Entonces en tu rincón oscuro, a solas con tu luz particular, con esperanza y cierta apatía piensas:
¡Quizá mañana! ¡Quizá!
Se preguntó si debía dejarlo en el contestador. No había hecho antes nada parecido, sin embargo, la idea le gustaba. Sería como gritar aquello que sentía, y liberarse de la opresión que esos pensamientos provocaba en ella, pero con la ventaja de que, así, en el anonimato, dicho a los demás mediante un contestador, se libraba de la posibilidad de que alguien la reconociera, hecho que provocaba en ella un miedo irracional, ante la sola idea de que pudieran hacerle daño, al descubrir su mundo más profundo. Miedo ilógico y desproporcionado, pero a pesar de todo, real.
Por otro lado, su mente, no dejaba de repetirle una y otra vez, que aquello, sólo era un programa de radio más. Así que un poco aturdida ante las contradicciones que éste le estaba provocando, guardó el folio y se fue a dormir.
Sin embargo, el sueño se negaba a acudir a sus ojos. ¡Se sentía tan cansada y sola! Desde que se separó, esta sensación, se había apoderado de su alma. Aún siendo una separación llevada a cabo de común acuerdo, y a pesar de que sus hijos vivían con ella, tener que volver a empezar una nueva vida, dejando taras planes e ilusiones que se habían forjado día a día, durante tantos años de convivencia, traía consigo que su autoestima ya maltrecha desde su adolescencia, hiciera volver a sus antiguos fantasmas. ¡Tenía tanto miedo de volver a empezar! ¡Se veía tan desprotegida ante la vorágine del mundo laboral, el cual ella había abandonado hacía tanto tiempo!
Por otro lado, esa misma soledad y miedo a que la volvieran a hacer daño, la habían empujado a encerrarse en una concha de normalidad rutinaria, donde no estaba dispuesta que pasara nadie, ni nada que tuviera que ver con sentimientos de amor y amistad, resolución que la indujo a no confiara en nada, ni nadie.
Por fin, agotada y vencida por el sueño que poco a poco había acudido a sus ojos, se quedó dormida.
Pero a pesar de su propia extrañeza ante los sentimientos que se despertaban en ella la semana siguiente, cada noche oyó el programa, cada vez que le era posible. El hecho de oír noche tras noche a unos y otros, en su afán de seguir adelante, a pesar de los variados problemas que allí se exponían, le ayudaba a ella a ir descubriendo que a pesar de todo lo negativo que había en su vida, no debía sentirse sola pues eran muchos los que en el mismo camino de la vida, luchaban por sobrevivir a pesar de las tormentas que a veces, descargaba está sobre la existencia.
Esa misma semana, unos días después, yendo hacía la ciudad, donde vería a su pequeño, recordó algo, que provocó que un escalofrío recorriera todo su cuerpo y el miedo a lo desconocido se apoderara de ella.
No quería pensar en ello, por esta razón, intentó apartar de su mente aquel recuerdo.Pero este, volvía una y otra vez a sus pensamientos. Aquello no podía ser real, era tan absurdo, estaba tan confundida, que pensó que se debía estar volviendo loca o que el cansancio, los extras, y la tensión que soportaba su vida, habían conseguido que su imaginación se desbordara y encontrara lógica, a un hecho puramente casual. Sin embargo, de una manera inevitable las imágenes en unos segundos, se pasearon por su mente como si de una película se tratara.
Se encontraba sola en casa. Había encendido la radio, con el fin de romper el silencio que existía en la casa al encontrarse Elena en el colegio. Sus ánimos ante la incertidumbre de lo que acontecerá en los próximos días, estaban por los suelos.
En la radio, sonaban la voces de dos personas, que consultaban con una adivina sobre su futuro deseando, esperando que esta, les dieran buenas noticias. Aunque ella no creía demasiado en los poderes que la mayoría de las personas que se dedicaba a adivinar el futuro, sin por ello, dejar de respetar a todo aquel que si lo hacía, el hecho de que aquella señora animara a unos y otros, hizo que se despertara en ella, un deseo profundo de que alguien la animara a ella. Estaba tan decaída que deseaba que le dijeran que todo iba a ir bien. Podría haber llamado a alguno de sus amigos, incluso, haber pasado a hablar con Maya, que vivía allí mismo, al otro lado del tabique, pero aunque sabía que esta, intentaría animarla, ella podía ver en sus ojos que sabía que la situación por la que estaban pasando, no tendrá, a la larga, un resultado feliz.
Sin embargo, aquella mujer... Siempre había pensado que aquellas personas, tan sólo utilizaban la psicología que más o menos tuvieran, para decir al oyente, aquello que deseaban oír, basándose en predicciones que en general ocurrían en el transcurso de cualquier vida. ¿Quien no tenía la esperanza de encontrar un amor? ¿Un trabajo? ¿Quién en algún momento no había padecido alguna enfermedad? ¿Quién no esperaba que en algún momento no le sonriera la fortuna? Aún pensando esto, en su interior una fuerza inexplicable, la empujaba a marcar aquel teléfono, esperando oír ella también, aquello que en esos momentos, calmaría su entristecido corazón. ¡Quería soñar durante unos minutos! ¡Quería oír que todo iba a ir bien!
Cogió el teléfono y antes de que se pudiera arrepentir, marcó el número de la emisora. En el fondo, pensando que no iba a coger línea. Se suponía que a este tipo de consultorios, llamaba mucha gente, con lo cual, era difícil conseguir comunicación. Así fue, la línea comunicaba. Iba a desistir, cuando su dedo, casi inconscientemente, se dirigió de nuevo al repetidor de llamadas, y este, volvió a marcar el número de la emisora.
Cuando el último clic sonó, sus piernas empezaron a temblar. ¡La señal del teléfono, estaba en espera! Unos segundos después, una voz de hombre, después de saludarla, le indico que estaba en antena y que Lorena la escuchaba. El temblor de sus piernas iba en aumento. ¿Qué hacía ella llamado a un consultorio sentimental? ¿Se había vuelto loca?
Pensó en colgar y olvidarlo todo, pero no lo hizo. No le pareció que una vez en Antena, esto, estuviera bien. Por otro lado, una parte de ella, deseaba oír aquello que se suponía que le iba a decir Lorena. ¡Todo iba a ir mejor! Así que decidió salir del paso. ¡A lo hecho, pecho! Como se solía decir.

Annia Mancheño ✍

Copyright. Reservados todos los derechos de autor©

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Comentario por Annia Mancheño García el marzo 29, 2019 a las 10:18am

Hola Hugo. Gracias. Me alegro de que te resulte ameno. Es importante que la lectura atraiga o entretenga. Gracias por tu tiempo.Saludos

Comentario por Annia Mancheño García el marzo 29, 2019 a las 10:16am

Nelson  Nelin, gracias por tu tiempo, y el halago. Sigo adelante. Saludos. *__*

Comentario por Annia Mancheño García el marzo 29, 2019 a las 10:14am

Muchas gracias Enrique. me alegro que te guste. Gracias por dedicar tu tiempo a leerlo. Un placer. *__*

Comentario por Enrique Nieto Rubio el marzo 19, 2019 a las 7:15pm

muy bueno tu cuento de esta princesa que entre su habitación  en soledad su radio y su televisión 

les van pasando los días 

 saludos ,

Comentario por NELSON LENIN el marzo 18, 2019 a las 9:42pm

Muy buen relato el que expones que nos ha mantenido en vilo pero aplausos y a seguir adelante, saludos a la distancia   

Comentario por hugo el marzo 18, 2019 a las 6:58pm

Hallé interesante y ameno el relato. Abrazo y buenas ondas.

Comentario por Annia Mancheño García el marzo 18, 2019 a las 2:15pm

Muchas gracias Josefa y Celeste. La verdad es que, es una historia de superación personal.  

La verdad es que estoy enfrascada en la escritura de los nuevos capítulos, para mandarlos a la editorial. No obstante, me alegra que os guste. En cuanto pueda os comparto el siguiente. Abrazosmil *___*

Comentario por celeste hernandez el marzo 18, 2019 a las 7:19am

¿Y que paso despues?me dejaste boquiabierta...me quedo a la espera de los próximos capítulos...igual que mi querida colega Josefita.Gracias sinceras.Celeste.

Comentario por Josefa Alcaraz Martínez el marzo 7, 2019 a las 3:03pm

Magnífico amada amiga Annia, a la espera de los próximos capítulos

Un placer volver a disfrutar de tu excelente narrativa

Bendiciones y abrazos para ti ¡Mi Reina!

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